Dos posibles conductas
Domingo 27º del tiempo ordinario
Dos posibles conductas
Domingo 27º del tiempo ordinario
Evangelio:Mt 21, 33-41
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Par meditar:
“Jesús dijo esta parábola a los sacerdotes y senadores del pueblo”. El Profeta ve ya que autoridades religiosas judías quieren eliminarlo. Denuncia la injusta condena que se proponen firmar esos dirigentes del pueblo, pero sobre todo busca un sentido a su fracaso ¿Cómo puede responder este fracaso a la voluntad del Padre?
Para buscar sentido a su próxima muerte Jesús acudió a la revelación bíblica donde se descubre algo: importante: la humanización de la humanidad o la salvación no se realiza con el poder impositivo de los faraones sobre los esclavos, sino a través de hombres y mujeres que viviendo en Presencia del amor que es Dios, son personas para los demás. Eso fueron los justos y los profetas en la historia del pueblo judío. En esa línea Jesús interpreta su muerte.
En oposición está la otra actitud individualista: de los que solo ansían hacerse con los recursos y el poder, como si fueran dueños absolutos. Estos matan a todo el que viene proponiendo una forma solidaria de vivir. Y si es necesario, intentan eliminar al mismo Dios. Qué necesario es este Evangelio en nuestra sociedad tan herida por la insaciable codicia y por la tentación de creer que todo se arregla eliminando sin más al que no piensa ni actúa como nosotros.