Entre "amos y perros" mejor compasión que concertinas
01. Un relato pedagógico.
Es difícil encontrar en los cuatro evangelios una imagen de Jesús tan judía como la que nos ofrece Mateo en este relato que hemos escuchado.
Se trata de un relato pedagógico. San Mateo (evangelio escrito para cristianos de origen y tradición judías) nos presenta en esta escena un Jesús “judío ortodoxo y exigente en estado puro”: solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Y: No se echa de comer a los perros, (los perros eran los extranjeros).
La mujer, esta mujer cananea no tenía derecho ni a acercarse a Jesús ni a pedirle lo que le pide. Por otra parte, Jesús -como buen judío- no podía -ni debía- atender a lo que le pide aquella mujer: curar, expulsar el demonio de su hija. La “oficialidad”, la religión judía se lo prohibía a Jesús.
Por eso, que una mujer sea protagonista de este relato es también significativo. Si alguien no tenía voz en Israel, eran precisamente las mujeres. Pero Mateo, Jesús, acaban con todos los esquemas religiosos hasta entonces vigentes. Y lo consigue eligiendo a una mujer primero, extranjera después, y pagana por último; peor imposible.
Aquella mujer no era religiosa, no era judía, pero era creyente.[1] Mujer, qué grande es tu fe…
02. Jesús se salta la ley
Una vez más Jesús se salta la ley y por la fe que tenía la mujer le dice: mujer, que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.
Jesús se salta del particularismo étnico y racial a una comprensión abierta y universal. (Que no se nos olvide que católico significa: universal)
03. ten compasión de mí
Desde Abraham (mi padre era un arameo errante, Dt 26,5) hasta Ceuta y las pateras, la historia se ha tejido con infinidad de migraciones. Migraciones por diversos motivos: por razones de trabajo, sacar la vida adelante, por razones políticas (exilios, refugiados), por razones de estudio, etc.
Recordemos el exilio de tantas personas en la guerra y postguerra civil (1936-1939). Recordemos las migraciones internas en la península por los años 1920 y después -1950-1970- aproximadamente. Recordemos la migración española y de otros países a Europa en esos mismos años.
Ser extranjero no es fácil, incluso cuando el extranjero está bien respaldado institucional y económicamente (absténganse turistas y guiris). En muchos casos ser extranjero es muy duro.
La mujer cananea que se acerca a Jesús era extranjera y le pide ayuda:
Ten compasión de mí … Señor ayúdame…
¿No es este el grito que se escucha en las pateras, en las grandes migraciones de estos momentos?
Nosotros, las ideologías enseguida miramos y pedimos los “papeles”. No escuchamos el sufrimiento, sino la nacionalidad.
04. entre perros y amos.
Y así vivimos como vivían los judíos en tiempos de Jesús: entre perros y amos. Los amos eran los judíos, los perros, los extranjeros.
Jesús -desde la pedagogía del evangelio deMateo- inicialmente se comporta como un nacional judío: “Yo hablo solamente con judíos”: He sido enviado solamente a los judíos” y, además, ya sabes que no se echa a los perros el pan de los amos…
¿No vivimos hoy esta diferenciación entre perros y amos?
05. Desde un apunte filológico.
Tenemos y utilizamos –un tanto inconscientemente- dos palabras para hablar de “pueblo”. Una es etnia y la otra es laos. Etnia significa raza, pueblo según la raza. Laos (laico / lego) significa el que no tiene órdenes o potestad religiosa.
Pablo y Pedro en la Iglesia naciente superarán enseguida la concepción étnica, racial de la Iglesia y pasan a una comprensión de pueblo de Dios, una visión laical, el pueblo en la Iglesia no es etnia, sino laos (laicado).
(Los extranjeros que) en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios, (1Ped 2,10)
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (Gál 3,28).
La Iglesia es el pueblo (laos) de Dios, no la etnia de Dios.
No hay iglesia étnica. ¿Iglesia española? ¿Iglesia vasca?
Bonhoeffer -allá por los años de la segunda guerra mundial- se enfrentó a la “Iglesia del Reich”, la Iglesia aria. La Iglesia no es de una raza (aria), la iglesia es “confesora” en Cristo Jesús. (Ello le costaría la vida a Bonhoeffer; fue ahorcado por la Gestapo en 1945).
La Iglesia no es de un pueblo étnico nacional, no es de un grupo social, de una ideología, ni de la “clase bien”, etc.
Nacionalidad, condición social y sexo quedan eliminados como factores determinantes de pertenencia al Pueblo de Dios.
Desde Jesús lo que determina la pertenencia al Pueblo de Dios es la fe en Jesús, la adhesión a su persona. La Iglesia de Jesús nace de la fe en el Señor Jesús.
06. Fe. Compasión y ayuda.
La mujer cananea se acerca a Jesús para pedirle que tenga compasión y que le ayude.
Lo que le anima a acercarse a Jesús es el sufrimiento y la fe. Era una mujer pagana pero creyente. Esta mujer confía en Jesús. Y la fe es lo que sana, cura a la hija enferma.
¡Mujer, qué grande es tu fe!
Esta afirmación rompe los esquemas religiosos hasta entonces vigentes en Israel. Ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios desde la raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, hombres ni mujeres (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28).
Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11).
Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites.
Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).
[1] Un relato en esta misma línea es el Lucas 7,9: ante el centurión romano (extranjero, pagano y opresor) Jesús dice: No he hallado tanta fe en Israel como en este hombre.