El cielo no es un lugar, sino el encuentro en el amor de Dios
01. Nota previa. el dogma de la asunción.
La tradición de venerar a la Virgen proviene de la Iglesia primitiva. El Concilio de Éfeso (año 431) dijo que María era theo-tokos (theos: Dios – tokos: parto (tocología): madre de Dios (la que ha dado a luz a Dios).
La definición del dogma de la Asunción es muy reciente. Fue el papa Pío XII, quien el 1 de noviembre de 1950, proclamó que la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma.
Depurando la antropología y cosmología que subyace a esta definición: ¿Cuerpo? ¿Alma? ¿Subir? ¿Cielos espaciales? ¡Cómo no vamos a creer que María terminó con su Hijo, Jesús, en la casa del Padre, en el cielo!
La formulación de la Asunción en la tradición ortodoxa es La fiesta de la dormición de la Virgen. La Virgen murió en una gran paz espiritual.
La muerte es un sueño con vocación de eternidad.
02. Lenguaje en imágenes.
Cuando la Biblia, los evangelios, hablan del origen de la vida (creación) o del final de la historia: fin del mundo, “más allá”, del cielo, etc. no pretenden dar una información acerca de cómo fue el comienzo ni de cómo será el final temporal de la historia, el cielo, etc. Más bien son expresiones de fe relatadas en imágenes, símbolos, imágenes de esperanza.
No se trata de “saber”, se trata de esperanza. El que sabe, conoce que tal realidad es así, la comprueba, la “certifica”. El que espera lo deja todo abierto. Para el que espera nada está concluido, todo está abierto a un futuro.
La esperanza se expresa en imágenes, en símbolos, signos, sueños, no en datos científicos. Las imágenes y los símbolos hablan de una realidad que no pertenece a la experimentación humana
El hombre occidental e ilustrado se siente incómodo en los símbolos y los signos. Las imágenes y los símbolos son algo así como ejemplos, por lo tanto algo superfluo y, como mucho, bonito. “Total no es más que un símbolo y es como un cuento de niños”, por tanto no es verdad, “luego es mentira”.
Sin embargo el lenguaje propio de las realidades más nobles e íntimas de la vida es el lenguaje de las imágenes.
Del amor, de la belleza, de la emoción estética, de la libertad, del cielo podremos expresarlos no con lenguaje “científico”, sino en imágenes, símbolos, poesía…
Hay que mirar “más allá” de los símbolos para intuir la realidad. La realidad es siempre mayor y más hermosa de lo que podemos decir de ella. Lo importante de los símbolos e imágenes no es lo que dicen sino lo que quieren decir, aquello hacia lo que apuntan…
Por eso, si queremos entender o, al menos intuir, una palabra del futuro absoluto, del cielo hemos de adentrarnos en las imágenes y los símbolos.
Y esta “trastienda” mitológico-simbólica hemos de aplicarla al cielo.
03. Consideraciones sobre el cielo.
03.1. Jesús ascendió a los cielos. María fue asunta a los cielos.
¿Qué podemos esperar después de la muerte? ¿Cuál es la meta de nuestra esperanza? Los cristianos creemos: no es que opinamos, sino que tenemos fe en la resurrección y en el cielo.
El ser humano siente un gran atractivo por penetrar la barrera de la muerte y describir lo que hay más allá de la misma.
En 1975 R.A, Moody publicó un libro sobre Vida después de la vida. En este libro recoge las experiencias de algunos pacientes que -supuestamente- han llegado a la muerte y “han vuelto”. Posteriormente se han escrito más cosas. Estos libros se mueven en la pseudo-ciencia. Nadie ha dado un paso de verificación más allá de la muerte.
La fe y la esperanza no tienen nada que ver con el esoterismo, nigromantes, brujos, adivinos, videntes, médium y supersticiosos, Eso lo dejamos para el “Esoterismo Donostia 2026”.
Seamos serios y creyentes. La muerte la “transpasamos” con la fe y la esperanza no con la ciencia.
03.2. En el imaginario de muchos creyentes permanece la idea de que el cielo es algo así como un lugar, un paraíso terrenal, algo así como unas vacaciones eternas en un país tropical o cosa parecida.
Escribía M Unciti:
Tendríamos que ahorrarnos la fantasía de imaginar el cielo como el espacio en el que moran los salvados. No hay tal espacio; ni falta que hace. El cielo es la situación en la que se encuentran los bienaventurados, la condición personal de cuantos, en la tierra, se han realizado humanamente según el plan de Dios porque han sido capaces de inclinar su libertad a la aceptación del designio del Señor.[1]
El cielo es la vivencia del amor con Dios y con los demás. El amor es la experiencia del cielo ya en la tierra, porque “Dios es amor”. Quien tiene experiencia del amor, tiene experiencia del cielo.
Los cristianos hemos de saber que el cielo no es un lugar concreto a donde irán los justos, sino vivencia amorosa. El cielo es el amor y el odio es el infierno
Quien ama está sintonizando ya desde ahora con Dios y con los demás. El cielo es una conversión al amor, no una situación mágica, un lugar maravilloso. Quien ama, disfruta ya del cielo.
No se puede llegar a la plena realización en el amor hasta que no sean removidos los últimos rescoldos de odio y después de haber pagado el tributo de la muerte, compartamos la resurrección con el Señor y nuestros hermanos.
El cielo es una conversión al amor, no una pensión en el “país de Jauja”. Quien se convierte al amor, quien ama, vive ya el cielo.
Quizás, finalmente, lo único que podamos decir del cielo es que es vida y amor. No sabemos más, pero sí tenemos esperanza y ya es mucho.
04. María en el cielo en cuerpo y alma.
Cuerpo y alma, cielo nos hablan de espacio (lugar) y tiempo (duración). Pero desconocemos qué es el “más allá”. Tras la muerte no hay ya ni espacio ni tiempo. Esto nos puede resultar difícil de intuir. Tal vez nos baste con pensar que terminamos en Dios como JesuCristo y María.
Nosotros los cristianos somos los más sublimes materialistas: no podemos ni tenemos derecho a imaginarnos un perfeccionamiento del espíritu y de la realidad sin una permanencia y un perfeccionamiento de la materia.
Es verdad que no podemos hacernos una idea concreta de cómo va a ser propiamente esa permanencia y esa glorificación de la materia por toda la eternidad. Pero tenemos que amar de tal manera esta nuestra corporalidad y su mundo circundante, que no podemos concebirnos como perfeccionados en la eternidad de otra forma que como perfeccionados en la materialidad permanente.[2]
05. CANTO DE ESPERANZA
La fiesta de la Asunción es celebrar la esperanza que nos indica que nuestra meta es el cielo.
El lugar del ser humano es Dios. Tal es el sentido de la vida: terminar en Dios, en el cielo.
Hemos cantado un canto muy popular y sencillo: María ampáranos, consuélanos y guíanos a la patria celestial.
Dios nos libre de quien piensa que su patria está aquí, en este mundo (que hay mucho Netanyahu suelto por la historia).
En estos tiempos de desesperanzas, la Asunción nos habla de que la vida tiene sentido.
Mirad al cielo, porque con JesuCristo, con María el cielo es también nuestra estación Termini, nuestro final. Como dice el texto bíblico en la Ascensión de Jesús: no os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo
Nuestra meta está en el cielo de la Ascensión de Cristo y de la Asunción de María.
[1] UNCITI, M. Teología en vaqueros, Madrid, Ed PPC, 2000, 73.
[2] RAHNER, K. Volverá, en: Escritos de Teología, VII, Escritos Pastorales, Madrid, Ed Taurus, 198.