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¿Y cuándo no atardece en la vida? Quédate con nosotros...

Emaús

01.  una hermosa página del evangelio.

       Hemos escuchado el espléndido relato de los dos discípulos de Emaús. Es una de las más hermosas páginas de la Biblia y del Evangelio de San Lucas.

       Podemos sentirnos identificados con los dos de Emaús, al fin y al cabo somos también discípulos, que caminamos  desesperanzados, recordando, discutiendo, etc…

Volvamos cada uno al texto, leerlo y meditarlo desde nuestra vida.

02.  v 15: Jesús en persona se acercó, iba con ellos.

       Aquellos dos discípulos se marchaban de Jerusalén, del grupo e iban discutiendo por el camino de todo lo acontecido…

Aunque desesperanzados, no habían perdido la memoria de lo vivido con Jesús, le iban recordando, se hacían preguntas…

       Dice el texto original que Jesús iba con ellos.

En el camino de la vida, Cristo -Dios- va siempre con nosotros. Pero ¿le dejamos que venga con nosotros? ¿Nos hacemos preguntas o permitimos que Él nos cuestione la vida?

¿Permitimos que broten las preguntas más serias de la vida o las sedamos o anulamos?

Aunque nosotros no le veamos o no le reconozcamos, como los dos de Emaús, Dios está siempre con nosotros. El Señor nos acompaña en las situaciones personales, sociales o eclesiásticas de mayor desesperanza. Dios nos acompaña siempre, sobre todo cuanto mayor es nuestro fracaso. No estamos solos en la vida Jesús siempre nos acompaña.

03.  v 21: Nosotros esperábamos.

Los dos de Emaús se marchan desilusionados, frustrados de todo lo que había ocurrido con Jesús. Todo ha resultado ser el fracaso más absoluto. Esperaban que Jesús hubiera liberado a Israel, quizás esperaban algún cargo, “alguna cartera” en el Reino que Jesús iba a instaurar, pero todo ha terminado en una total decepción.

       

¡También nosotros esperábamos tantas cosas de la vida!

       Hemos podido trabajar, esforzarnos, hemos tenido proyectos, y  algunos, quizás los más importantes, se nos han derrumbado. Muchas ilusiones se nos han venido abajo.

       Cada cual sabemos de nuestras decepciones y frustraciones en la vida. Esperábamos de la familia, esperábamos una situación democrática más libre y más justa; no esperábamos guerras, confiábamos y esperábamos un largo postconcilio más evangélico, más creativo, más audaz, más libre; esperábamos cada uno de nosotros mismos… pero hace ya tres días o treinta años que todo eso murió… Las grandes desilusiones son hijas de las grandes ilusiones.

       La frustración es una situación muy humana.

Ahora pensemos y vivamos que, incluso en los desengaños, Cristo permanece, Jesús sigue caminando y alentando nuestra vida.

       Jesús les fue explicando cordialmente las Escrituras, es decir: lo que es la vida, lo que iba a acontecer, lo que nos va a suceder en la historia…

04.  Mantengamos la esperanza

       Es importante en la vida vivir en esperanza. Mantener la esperanza no tanto en las cuestiones intrahistóricas, sino en el futuro absoluto. La meta de nuestra es el Señor resucitado.

       Me parece que cultural y socialmente hemos abandonado la dimensión espiritual y esperanzada del ser humano y de la vida. Y cuando perdemos la dimensión espiritual y trascendente, la vida se torna en la mera satisfacción de unas necesidades. Y esto es peligroso porque la sociedad, los pueblos, los grupos humanos seconvierten en rebaños que sobreviven satisfaciendo unas necesidades biológicas.

       ¿No andamos nosotros también por esos caminos y derroteros?

05.  v 29:       quédate con nosotros, que atardece.

Es una gran oración que toca a vísperas de un acto de fe y de esperanza: quédate con nosotros. Quédate, Señor, conmigo.

La vida tiene muchos atardeceres en los que no vemos la luz ni el camino, porque hemos quedado bloqueados por una mala situación personal moral, por una ruptura, por un mal momento de salud, por una situación eclesiástica, diocesana que nos deja el corazón helado... No faltan atardeceres ni  “noches oscuras” del alma y del cuerpo, incluida la noche final.

       Nos hará bien la nostalgia de que el Señor se quede con nosotros. Pueden fallar los amigos, los políticos, obispos, instituciones, incluso la familia. Cristo permanece siempre con nosotros

       A veces la oración de nuestra alma sufriente puede ser: quédate con nosotros, conmigo, Señor, que atardece.

06.  v 32: ¿No ardía nuestro corazón?

       Los dos de Emaús terminan al calor de las brasas de Jesús.

       Jesús no fue un ideólogo que repartía doctrina y dogmas, Jesús se pasó la vida haciendo el bien sentía lástima y compasión: por eso curaba enfermos, sanaba a los que sufrían...

       El cristianismo no es solamente cuestión de ideas super-precisas, la Iglesia no es una cuestión de ultraortodoxia, sino que ha de hacer arder el corazón.

07.  v 35.       le conocieron al partir el pan.

       El relato de los dos de Emaús es una Eucaristía: les explica las Escrituras y le reconocen al partir el pan.

       Solemos cantar: te conocimos, Señor, al partir el pan. La Eucaristía, la fracción del pan no es un rito, sino es compartir el pan con quien tiene hambre, con quien sufre, cuando intentamos aliviar al que pena, al que está hundido, decepcionado. Te conocemos, Señor, al partir el pan.

Quédate con nosotros, que atardece...

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