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Prefrimos lo que Dios nos paga a lo que Dios es

Parábola de los viñadores homicidas

01.  Trabajadores de última hora

El evangelio de hoy me da pie para comenzar la homilía con un recuerdo hacia mis mayores que salían muy de mañana a la plaza del pueblo rural, de Mendigorría: en la Navarra profunda, para que alguien les contratara aquel día a trabajar en el campo, en la siega o en la vendimia. De sol a sol.

       Y en este tipo de “contrataciones” hay un aspecto curioso que también lo podemos tener en cuenta en la parábola de hoy. El dueño del campo o el capataz contrataban a primera hora de la mañana a los hombres más jóvenes y más fuertes por simple rentabilidad. Así iban quedando en la plaza para horas más tardías los trabajadores mayores o más débiles…

Recuerdos más o menos semejantes tendréis aquellos cuyos padres y hermanos iban a la fábrica, a la mar, a la oficina, a la mina...

       No hace falta ser un genio en historia para imaginarnos lo que hemos escuchado hoy en el Evangelio: un propietario al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña

02. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos

       Más de una vez he escuchado a algunas personas que me han expresado que JesuCristo no es justo al narrar esta parábola. A los trabajadores de toda la jornada les tenía que haber pagado más.

Es evidente que Jesús habría sido un pésimo líder sindicalista. Desde la justicia humana posiblemente el dueño de la viña tendría que haber pagado más al que va a trabajar a las seis de la mañana que al que ha ido a las cinco de la tarde. Pero es que mis planes no son vuestros planes, ni vuestros caminos son mis caminos, (Isaías).

El punto neurálgico es este: Mis criterios no son los vuestros y se ha terminado la conversación… No es lo mismo vivir desde la justicia del sindicato o del juzgado que ver y vivir desde la justicia de JesuCristo.

03.     ¿Todos vamos a recibir el mismo sueldo, la misma recompensa?

         Hace unos años en una conferencia sobre el infierno y sobre la posibilidad de que Dios acogiese en su casa a todos los “hijos pródigos” de la historia, una persona que había escuchado la conferencia me preguntaba indignada: “¿Y nosotros que hemos estado aquí, en esta vida sacrificándonos y reprimiéndonos, vamos a recibir el mismo premio que esos pecadores?”

         No se me ocurrió mejor respuesta que decirle: ¿y por qué le molesta a usted y a muchos católicos que Dios sea bueno siempre y con todos?

         ¿Y qué le vamos a hacer si Dios es siempre bueno?

         Lo que podemos hacer es agradecerle (gracia).

04. Un canto a la gracia.

       La parábola de hoy es un canto a la gracia, a la gratuidad de Dios.

       La justicia humana es dar a cada uno lo suyo. Es posible que la sociedad haya que funcionar así. Pero lo de Dios Padre y lo de Jesús es otro asunto. Dios Padre no le paga al hijo pródigo como se merece a ojos humanos.

Nosotros trabajamos por el mérito. Dios “trabaja” de balde.

La justicia de Dios es misericordia. Cuando Dios actúa su justicia lo que hace es querernos más.

Los cristianos vivimos por la gracia, por el amor, no por nuestros méritos ni por “nuestra hoja de servicios”.

¿Cuál es la “ventaja” de los que han trabajado desde primera hora de la mañana? El bien de los primeros es haber estado desde la mañana en la mies del Señor. En la cercanía de Dios, se está bien con el Señor. Los primeros en ir a trabajar han podido experimentar desde muy de mañana ser amados por Dios y amar al Señor.

Claro que esto nos puede parecer poco, preferimos “un buen sueldo”, preferimos lo que Dios nos paga a lo que Dios es. Queremos a Dios no por Él mismo, que es amor, sino por la recompensa que nos pueda dar. Tenemos una visión mercantil de la vida, del evangelio, de la gracia, del sentido de la vida, de Dios. Dios nos interesa porque nos premia, no nos interesa como persona, como intimidad, nos interesa como buen patrón que paga bien.

Conclusiones:

+     No vivamos creyéndonos con derechos y méritos.

+     Vivamos en la gratuidad que genera confianza en Dios. Confiemos en la misericordia de Dios. Quizás seamos pobres trabajadores de última hora: Dios nos quiere así.

La justicia de Jesús y de Dios no se resuelve en sindicatos o en el juzgado, sino en la bondad del Padre. La justicia de Dios es misericordia y gracia, gratuidad,

Mis criterios no son los vuestros.

04. Termino como empiezo.

       Aquellos trabajadores de última hora allá en el mundo rural eran los más débiles, es decir nosotros.

       Nosotros somos también personas débiles; y cuando digo débiles quiero decir: “hijos pródigos”, “Zaqueos”, “ladrones en la cruz”, “Magdalenas”, “adúlteras”, publicanos, pecadores… que tenemos pocas obras, pocos méritos y trabajos que ofrecer, pero confiamos en el Señor. Y Dios nos quiere así.

Aunque sea a última hora: "Id también vosotros a mi viña."

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