El Papa recuerda en la audiencia general que la música en la liturgia "no es un mero adorno"

En su sexta catequesis en la que, no por casualidad, León XIV está dedicando a insistir sobre la legitimidad de la reforma litúrgica, ha invitado a reflexionar sobre el canto litúrgico como símbolo de la comunión eclesial

El Papa preside la audiencia general en la basílica de San Pedro
El Papa preside la audiencia general en la basílica de San Pedro | RD/Captura

Nueva 'entrada' sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) del Concilio Vaticano II en la audiencia que el Papa ha presidido esta mañana de nuevo desde el interior de la basílica de San Pedro, la sexta entrega que, no por casualidad, León XIV está dedicando a insistir sobre la legitimidad de la reforma litúrgica, todavía puesta en duda por grupos (y obispos y cardenales) tradicionalistas.

La catequesis de hoy ha estado centrada en la música sagrada que, remarcó siguiendo SC, "forma parte de la acción litúrgica, y no es un mero adorno de la celebración" porque, enfatizó, "en la liturgia, cantar y tocar significa rezar, sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado".

"El canto, además, favorece la comunión. Por medio de la sinfonía, las voces contribuyen a unir los ánimos, superando las diferencias entre las personas y reuniendo todos en la alabanza a Dios. Así se convierte en una epifanía de la Iglesia, manifestación tangible de la comunión que pertenece a su naturaleza", expresó el Papa norteamericano. 

León XIV saluda a los fieles a su llegada a la audiencia general
León XIV saluda a los fieles a su llegada a la audiencia general | RD/Captura

Sin embargo, de "esa relevancia teológica" el Papa considera que se "derivan algunas exigencias" y que, "más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores", su forma, "especialmente en su aspecto melódico, debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar, sobretodo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea".

Del mismo modo, el Papa insistió en "velar" para que "los textos también sean adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia" y destacó también la "gran importancia" que el Concilio concede al canto gregoriano, la utilización del órgano de tubos, "mientras que se admite el uso de otros instrumentos «siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles»". 

El Papa, en la audiencia en la basílica de san Pedro
El Papa, en la audiencia en la basílica de san Pedro | RD/Captura

En la catequesis destáco igualmente como "un tema muy importante para la reforma conciliar es el de la inculturación, también en el ámbito de la música sacra", y recordó que el compositor de música sacra "debe conocer y preservar el patrimonio musical de la Iglesia, dejándose inspirar por él para dar vida a nuevas composiciones al servicio de la liturgia, respetando la sensibilidad contemporánea y las diferentes tradiciones culturales", recordando finalmente que los padres conciliares recomendaron en la SC "fomentar la formación y la práctica de la música sacra".

A la hora de los saludos a los fieles y peregrinos que llenaban la basílica vaticana, León XIV, dirigiéndose a los polacos, recordó que el 23 de agosto se conmemora el Día Europeo de Recuerdo de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo, fecha en la que se recuerda también al sacerdote Władysław Findyszy, primer polaco beatificado como mártir de la persecución comunista y cuyo testimonio, exhortó el Papa, "nos recuerde que la civilización del amor se construye perdonando y venciendo el mal con el bien".

Igualmente, invitó finalmente el Papa al cultivo de "una auténtica paz interior". "Tengan presente –añadió– que la paz es un bien preciado y valioso, y que se requiere un compromiso firme y constante para alcanzarla, siguiendo con honestidad y verdad los caminos que la construyen y la confirman en la sociedad".

Llegada del Papa a la audiencia general en la basílica de San Pedro
Llegada del Papa a la audiencia general en la basílica de San Pedro | RD/Captura

Texto de la Audiencia General 

Queridos hermanos y hermanas,  

el sexto capítulo de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) del Concilio Vaticano II está dedicado a la música sagrada. Este afirma: «La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne» (SC, 

112) y precisa: «La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados» (ibid.). 

Aquí encontramos el núcleo de la enseñanza conciliar, que confirma y profundiza en la función ministerial de la música en la liturgia, ya resaltado por San Pio X en el Motu Proprio Inter sollicitudines (22 de noviembre de 1903) De hecho, la música forma parte de la acción litúrgica, y no es un mero adorno de la celebración. En la liturgia, cantar y tocar significa rezar, sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado. Precisamente la música expresa la dimensión afectiva de la oración, como afirma San Agustín: «Cantare amantis est», es decir «cantar es proprio de quien ama» (Sermo 336,1). Esto es muy importante, porque ayuda en abrir el corazón a la acción de Dios en la gracia y a dejarse moldear por ella.  

El canto, además, favorece la comunión. Por medio de la sinfonía, las voces contribuyen a unir los ánimos, superando las diferencias entre las personas y reuniendo todos en la alabanza a Dios. Así se convierte en una epifanía de la Iglesia, manifestación tangible de la comunión que pertenece a su naturaleza. 

De la profunda relevancia teológica del canto sacro, como parte integrante de la acción litúrgica, derivan algunas exigencias. La primera es que, más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores, debe responder en todos los niveles a lo que resulta más adecuado para el momento de la celebración. Además, la forma, especialmente en su aspecto melódico, debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar, sobretodo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea (cf. SC, 121). 

Por la misma razón, el Concilio recomienda que los textos también sean adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia. Sobre esto hay que velar, para que se mantenga viva y para que crezca la dinámica expresada en el antiguo principio “lex orandi lex credendi”, es decir, la ley de la oración es también la ley de la fe. 

Sacrosanctum Concilium dedica mucho espacio al tema de la participación activa de los fieles (cf. n. 114). Esta «se ha de comprender […] partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 52) en un «espíritu de conversión continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel» (ibid. 55). En cuanto a la manera concreta con la que esta se puede realizar por medio del rol específico de la música sagrada, la Constitución ofrece una respuesta clara: «se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos» y «un silencio sagrado» (SC, 30), y exhorta a cada uno, ministro o simple fiel, a desempeñar «todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas» (SC, 28) en en el equilibrio armonioso entre los distintos ministerios, las diversas intervenciones y los momentos de silencio. 

El Concilio concede además gran importancia al canto gregoriano, sin excluir de la celebración otros géneros de música sagrada- Se presta también especial atención al órgano de tubos (cfr. SC, 120), mientras que se admite el uso de otros instrumentos «siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso  sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles» (SC, 120). 

Un tema muy importante para la reforma conciliar es el de la inculturación, también en el ámbito de la música sacra. Se subraya, en particular, en relación con las tradiciones musicales de las diferentes culturas, la importancia de tenerlas muy en cuenta, como parte de la vida religiosa y social de las personas. Por ello, se recomienda, por un lado, poner en práctica en todos una adecuada «educación del sentido religioso» (SC, 119) y, por el otro, «dentro de lo posible […] puedan promover la música tradicional de su pueblo, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas» (ibid.). 

En el contexto litúrgico, se reconoce una función especial a la schola cantorum, instrumento pastoral cuya promoción se recomienda, con la misión de «velar por la ejecución exacta de las partes que le corresponden, según los distintos géneros de canto, y favorecer la participación activa de los fieles en el canto» (S. CONGR. DE LOS RITOS, Instrucción Musicam sacram, 19). 

Con este fin, el compositor de música sacra debe conocer y preservar el patrimonio musical de la Iglesia, dejándose inspirar por él para dar vida a nuevas composiciones al servicio de la liturgia, respetando la sensibilidad contemporánea y las diferentes tradiciones culturales, de modo que «purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados, y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra, para asegurar dignidad y bondad de formas a la música litúrgica» ( S. JUAN PABLO II, Quirógrafo sobre la música sagrada, 22 de noviembre de 2003, 3). 

Por todas estas razones, los Padres conciliares recomiendan fomentar la formación y la práctica de la música sacra «en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de  estudios, así como también en los demás institutos y escuelas católicas» (SC, 115) y garantizar a los músicos y cantantes una sólida formación litúrgica (cf. ibid.). 

Queridos hermanos y hermanas, los Padres de la Iglesia concedieron gran importancia al canto litúrgico, símbolo de la comunión eclesial. Por eso podemos concluir con estas hermosas palabras de San Ignacio de Antioquí: «Que cada uno de vosotros también se convierta en coro, a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad, cantéis a una sola voz por Jesucristo al Padre, a fin de que os escuche y que os reconozca, por vuestras buenas obras, como los miembros de su Hijo». 

(Carta a los Efesios, 4, 2) 

Traducción no oficial

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