El Papa reformula en Metz la misión de Europa: "Tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz"
León XIV reivindica sus raíces cristianas, pide diálogo y recuerda que “la Europa contemporánea se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”.
“Tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz, en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos y de toda Europa. No se sometan a la lógica de la violencia y la opresión. ¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!”. León XIV reformuló este mediodía, desde Metz, el sueño de la unidad europea.
En la cuna de Robert Schuman, y ante la presencia de varios líderes del Viejo Continente, Prevost reivindicó las raíces cristianas de Europa, su historia, y su presente, de encuentro con otras culturas, y su defensa cerrada de la paz, aunque haya que hacer concesiones. También, asumió que Europa “se enfrenta a una nueva etapa (…) con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”.
No acudieron muchos políticos, por cierto. Apenas tres jefes de Estado: Macron, y el príncipe Alberto II de Mónaco y el gran duque Guillermo de Luxemburgo. También acudieron el primer ministro francés, Sébastian Lecornu; y el luxemburgués, Luc Frieden; el copríncipe de Andorra y obispo de Urgell, Josep-Lluís Serrano Pentinat; la ministra-presidenta del estado alemán del Sarre, Anke Rehlinger; y el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker. La lista se completa con el ex primer ministro de Luxemburgo Andrea Riccardi y el fundador de la Comunidad de Sant'Egidio, Mario Giro.
Toda una declaración de intenciones la de León XIV, durante su participación en el encuentro ‘A las raíces de Europa por la paz y la unidad’. Tras las palabras del cardenal Aveline y el presidente Macron, el Papa rindió homenaje a la figura de Schuman y su Declaración del 9 de mayo de 1950, que supuso “el punto de partida y de llegada de su compromiso por la reconciliación y la unidad del continente europeo, que marcó toda su vida”.
“Siempre es difícil definir a Europa, tanto por el presente como por el pasado” arrancó León XIV, repasando sus épocas históricas, desde “la civilización helenística, del Imperio romano y, posteriormente, de la difusión del cristianismo”, integrando con el tiempo “nuevas culturas como las germánicas y eslavas, entre otras, hasta abarcar regiones cada vez más vastas”.
“Europa se ha desarrollado y ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro”
“Europa debe entenderse, por tanto, como una realidad cultural e histórica antes que geográfica”, concluyó el Papa, quien incidió en que “Europa se ha desarrollado y ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro”.
Una civilización que también “es fruto de encuentros seculares, aunque no siempre fáciles”. Entre ellas, destacó la presencia de la cultura árabe en la península ibérica, o la llegada al Nuevo Mundo.
Junto a ello, “no se puede omitir a otro padre de Europa: san Benito”. “Sin este acervo monástico, la civilización europea, tal como la conocemos, no existiría”, clamó el Papa, quien insistió en que “no se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo”, que no pretende ser “un criterio confesional exclusivo”. “La referencia a la deuda de la cultura europea con el cristianismo permite comprender mejor hasta qué punto la apertura a lo trascendente es siempre una dimensión constitutiva de la persona humana y una fuente viva de civilización”.
Y es que, apuntó el Papa, “la laicidad que rige la vida de los estados no sólo implica el carácter aconfesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes, así como el respeto, por parte de las autoridades estatales y comunitarias, de la autonomía de las Iglesias y la promoción de su libertad de organización, de expresión y de culto”.
Más aún “en el presente contexto multicultural”, en el que “la afirmación de la universalidad de estos valores, que es esencial para su supervivencia, pasa también por un redescubrimiento de las propias raíces y por la apertura al diálogo con el otro”.
Europa hoy “se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”
“Se trata de una necesidad social y política para redescubrir el papel central de la persona humana y dar un significado real a palabras como libertad, democracia, paz y unidad”, apuntó el pontífice, quien animó al “redescubrimiento y el diálogo” para “encontrar un justo equilibrio” entre los derechos y deberes de los habitantes de Europa, que hoy “se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”.
Recordando su visita a Canarias, León subrayó que “la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”.
Aunque todo esto, “no sería suficiente: acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge”, subrayó. “Hay que captar el alcance histórico de lo que está sucediendo, es decir, un encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas que pide un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro”.
Volviendo a Schuman, el Papa recordó “la urgencia de derribar los muros que la desgarraban”, entonces y ahora, poniendo como ejes “el derecho internacional y el valor de la palabra dada”.
“¿Cuáles son las enseñanzas de Robert Schuman para la Europa y el mundo de hoy?”, se preguntó el Papa. En primer lugar, “un profundo deseo de paz”.
“¿Estamos haciendo esfuerzos para promover la paz en el mundo, o simplemente tratamos de ‘detener la hemorragia de la guerra’?”
“Lamentablemente, también en Europa, en esta época ha reaparecido la guerra: una nueva ‘inútil masacre’ que cada día causa innumerables víctimas civiles”, apuntó, declarando que “es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz”.
También, “tener cuidado con la ilusión del rearme”, y convencerse de que “favorecer la paz es una obra activa”. De ahí, la pregunta esencial, “si realmente estamos haciendo ‘esfuerzos creativos’ para promover la paz en el mundo, o si simplemente estamos tratando de ‘detener la hemorragia de la guerra’ y prepararnos mejor para las que suponemos que todavía están por venir”.
“Europa se basa en el respeto al derecho internacional que, a diferencia de las legislaciones nacionales, no puede ser impuesto a la fuerza por un estado”, sino a través de pactos, como supuso la Unión Europea. “El derecho internacional y el multilateralismo hacen hincapié en la igualdad efectiva de los estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto”, insistió, reconociendo que “hoy en día, las relaciones humanas y entre los estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se menosprecia el valor de la palabra dada; y se presume más bien la mentira y el engaño”.
Frente a ello, “nunca debemos perder la fe en nuestra capacidad de progresar, aunque los pasos que demos sean a veces pequeños y casi imperceptibles”, pues “sólo con pequeños pasos se puede dar vida a esta solidaridad concreta, que implica que nadie se sienta abandonado u olvidado”.
“A los jóvenes les digo: tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz, en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos y de toda Europa. No se sometan a la lógica de la violencia y la opresión. ¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!”
Finalmente, el Papa se refirió a los jóvenes, “llamados a construir la Europa de hoy y del mañana”. “A los jóvenes les digo: tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz, en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos y de toda Europa. No se sometan a la lógica de la violencia y la opresión. ¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!”.
Y un deseo: “No tengan miedo de trabajar incansablemente al servicio del bien de sus comunidades, incluso a través del compromiso político. ¡Sean artífices de comunidad!” culminó. “Junto a ustedes, Europa, firmemente arraigada, seguirá floreciendo e inspirando al mundo entero. Que Dios los sostenga en estas decisiones y que bendiga y proteja a toda Europa”.