El grito del Papa contra la globalización de la indiferencia: "¿Dónde está Dios ante el hambre de la gente?"
"Nosotros podemos llevar este alimento a todos los hombres y mujeres que, como nosotros, tienen hambre de paz, de libertad y de justicia. Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados", subraya León XIV en la misa celebrada en Duala
"El Señor abraza el cielo y la tierra, conoce nuestro corazón y todas las situaciones, alegres o tristes, que vivimos. Al hacerse hombre para salvarnos, quiso compartir las necesidades de la humanidad, empezando por las más sencillas y cotidianas. El hambre revela entonces no sólo nuestra indigencia, sino sobre todo su amor; recordémoslo cada vez que cruzamos la mirada con el hermano y la hermana a quienes les falta lo necesario". León XIV trazó una llamada a acabar con el hambre (la del cuerpo, y la del espíritu) y la desigualdad en una multitudinaria misa celebrada en el Japoma Stadium de Duala, su tercera etapa dentro del viaje a Camerún, que concluye mañana, y tras el que el pontífice se dirigirá a Angola y a Guinea Ecuatorial.
Y lo hizo planteando una pregunta directa, sobre la base del Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces, que se leyó durante la misa: "¿Dónde está Dios ante el hambre de la gente?". Una pregunta, con respuesta, más bien con un llamamiento: "Nosotros podemos llevar este alimento a todos los hombres y mujeres que, como nosotros, tienen hambre de paz, de libertad y de justicia. Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados".
Y, más allá: "Esto no es suficiente. Al alimento que nutre el cuerpo hay que unir, con igual caridad, el alimento del alma, que nutre nuestra conciencia, que nos sostiene en la hora oscura del miedo, en medio de las tinieblas del sufrimiento. Este alimento es Cristo, que siempre nutre en abundancia a su Iglesia y nos fortalece en el camino con su Cuerpo".
"Dadles de comer", repite el Evangelio, y también León XIV. Una invitación al compromiso de un país, y de un mundo, con los que más sufren, con las víctimas de esa globalización de la indiferencia tantas veces denunciada por Francisco. "El Señor abraza el cielo y la tierra, conoce nuestro corazón y todas las situaciones, alegres o tristes, que vivimos. Al hacerse hombre para salvarnos, quiso compartir las necesidades de la humanidad, empezando por las más sencillas y cotidianas. El hambre revela entonces no sólo nuestra indigencia, sino sobre todo su amor; recordémoslo cada vez que cruzamos la mirada con el hermano y la hermana a quienes les falta lo necesario. Esos ojos, de hecho, nos repiten la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos: ¿qué hacen por toda esta gente?".
Este Evangelio, resumió el pontífice a las decenas de miles de fieles que llenaron con su música y sus canciones, con su colorido, la celebración, "resuena como un anuncio providencial del amor de Dios y de nuestra comunión". Una pregunta, ante los hambrientos, que "se dirige a cada uno de nosotros: se dirige a los padres y a las madres que cuidan a sus familias; se dirige a los pastores de la Iglesia, que velan por la grey del Señor; se dirige a quienes tienen la responsabilidad social y política de atender al pueblo y mirar por su bien. Cristo dirige esta pregunta a los poderosos y a los débiles, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los ancianos, porque todos tenemos hambre por igual. Esta indigencia nos recuerda que somos criaturas. Necesitamos comer para vivir".
La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da
"Mientras espera nuestras respuestas, Jesús da la suya", compartiendo, como relata el Evangelio, partiendo y repartiendo los panes y los peces. "Un grave problema se resuelve bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los que tienen hambre. La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da". Y que, como Jesús en el Evangelio, "ante todo da gracias. Agradece al Padre por un bien que se convierte en don y bendición para todo el pueblo".
"Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer", explicó. La multitud clama a Jesús, pero él, recordó Prevost, "no utiliza estas palabras con vistas a un éxito personal; no quiere convertirse en rey, porque ha venido a servir con amor, no a dominar". Algo que se refleja, no como "un recuerdo lejano", sino como "anuncio de esperanza en las pruebas de la historia y en las injusticias que vemos a nuestro alrededor".
Un llamamiento a los jóvenes
"Queridos jóvenes, les dirijo esta invitación especialmente a ustedes, porque son los hijos amados de la tierra de África", subrayó León XIV, quien les pidió que "multipliquen sus talentos con la fe, la tenacidad y la amistad que los animan". "Vayan entre los primeros a ser rostros y manos que llevan al prójimo el pan de la vida; alimento de sabiduría y de liberación de todo aquello que no nos nutre, sino que confunde nuestros buenos deseos y nos roba la dignidad", rogó, recordando que, "incluso en su país tan fértil, Camerún, muchos sufren la pobreza, tanto material como espiritual".
"No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles, pero endurecen el corazón y lo vuelven insensible. No olviden que su pueblo es aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la familia, la hospitalidad, el trabajo", recordó León XIV. "Sean, pues, protagonistas del futuro, siguiendo la vocación que Dios da a cada uno, sin dejarse comprar por tentaciones que malgastan las energías y no contribuyen al progreso de la sociedad".
Conviértanse en buena noticia para su país
Como los primeros cristianos, añadió, el Papa recordó a los fieles cameruneses que "anunciar con constancia este Evangelio es la misión de todo cristiano; es la misión que confío especialmente a ustedes, jóvenes, y a toda la Iglesia que vive en Camerún. Conviértanse en buena noticia para su país, como lo es, por ejemplo, el beato Floribert Bwana Chui para el pueblo congolés".
"Anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de justicia en una tierra que sufre y está oprimida; signos de paz entre rivalidades y corrupciones; signos de fe que nos liberan de la superstición y de la indiferencia", finalizó, rogando a Dios "que multiplique entre nosotros su don, por el bien de todos".