Más de 80.000 jóvenes proclaman ante el Papa la 'nueva santidad' del país: "Vosotros sois la esencia de Francia"
Un abrumador espectáculo une las raíces de la fe del país galo con el auge del catolicismo en una sociedad postcristiana. El Papa se emocionó, disfrutó y respondió a las inquietudes de los jóvenes sobre la fe en la vida, la vocación o el servicio de la paz, y recordó que "todos, juntos, formamos la Iglesia"
Como una estrella del pop, como si fuera Mbappé. El Stade de France se llenó, por completo, para recibir a León XIV. Muchos jóvenes, más de 80.000, reventaban el estadio del Paris Saint Germain, que hace dos años acogió las pruebas de atletismo de las Olimpiadas, para aplaudir y escuchar al primer Papa norteamericano de la historia. El primer baño de masas del Papa en Francia sirvió, también, para presentar la 'nueva santidad' de los jóvenes del país, cada vez más bautizados a la edad adulta en la laica Francia. Y lo hicieron con un magnífico espectáculo, propio de la 'grandeur' de un país orgulloso de su pasado y con la mirada puesta hacia el futuro.
No sólo había católicos: también jóvenes del resto de confesiones cristianas, pero también judíos, musulmanes, y chicos y chicas inquietos, expectantes por escuchar a un Papa que venía a animarles, pero también a alertarles de los riesgos de la fe en el mundo de hoy. Pero, antes, la Iglesia francesa regaló al pontífice un espectáculo de luz, sonido y testimonios.
"En nombre de todos los jóvenes de Francia, le agradecemos que haya venido a nuestro encuentro. Sea bienvenido entre nosotros", le confesaron. "Estamos unidos por el mismo deseo: elegir la vida, responder a la llamada de Cristo. Hay un auténtico deseo de Dios, una sed de Cristo que nace en muchos jóvenes, muchos de los cuales están descubriendo ahora la fe", leyeron cuatro jóvenes. "Queremos ser una generación de testigos", afirmaron, antes de presentar el espectáculo de los diez principales santos del país, en diez diferentes cuadros.
Desde los orígenes de María Magdalena o Lázaro, llegando en barca, pasando por las cuádrigas que trajeron a San Dionisio o San Martin frente a los soldados romanos; Cotino o Ireneo; los primeros mártires. Un espectáculo más propio del Puy do Fou pero auténticamente innovador. Remigio y Santa Clotilde y el bautismo de Clodoveo en tiempos de Atila. León contemplaba, entre divertido y sorprendido, el recorrido por los santos franceses, y la creación de las grandes líneas monásticas, con San Bernardo de Claraval a la cabeza.
El orgullo de ser católico, y francés, representado en San Luis, Vicente Ferrer y la reliquia de la corona de espinas; santa Juana de Arco con nueve jinetes (nada que ver con lo vivido en la vigilia de Nuevos Ministerios); San Francisco de Sales, Vicente de Paúl, Lasalle , Montforte y los grandes santos de la educación; Jean Maria de Vianney, el cura de Ars; Catalina Labouré, los niños videntes, Lourdes, Teresa de Lisieux, Charles de Foucauld... Auténticamente abrumador. Únicamente comparable al espectáculo vivido en la Sagrada Familia de Barcelona.
Y con todos los santos de la historia, apoyándose en el hombro de los jóvenes de hoy. Esa 'nueva santidad' proclamada desde la laicidad y la diversidad, que hacen a Francia distinta. Y el Papa sonrió, y se hinchó a aplaudir, antes de responder a las preguntas de los jóvenes (Sólo falló la política comunicativa vaticana, que como ya sucediera en Notre Dame, no facilitó con anterioridad los textos del pontífice), que tomaron el protagonismo del evento.
Chloé fue la primera en intervenir, preguntando al pontífice por sus preocupaciones ante una sociedad ajena a la cuestión de Dios, y cómo conjugar la vida de fe en sociedad con quienes no comparten la fe. "Gracias por vuestro coraje, por vuestra presencia, por vuestra fe. Ustedes son la esencia de Francia", comenzó el pontífice.
"La sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. Pero Dios no es indiferente a nosotros", respondió el Papa, quien pidió "no ser ajenos a la cuestión del hombre", a "no desentenderse de los prójimos". "Cuántos descartan a los sencillos y enfermos, pensando que alguien solo vale lo que produce", lamentó, invitando a dar testimonio de esperanza y del "anuncio liberador" que supone el Evangelio de Jesús, "que ilumina el drama de la historia y nos educa en el cuidado fraterno". "El encuentro con Cristo nos abre al diálogo y ofrece la promesa de la vida eterno".
"Para nosotros, vivir es Cristo. Gracias a él podemos unir el celo misionero con la experiencia de la fraternidad, incluso con los que no creen o pertenecen a otras fraternidades religiosas" repitió el Papa, reivindicando la religiosidad como un vínculo fraternal con todo un pueblo, que "constituye un ejercicio de construcción de sociedad". "Es imposible dar testimonio de Cristo sin amar a los otros". "El mensaje cristiano no es un obstáculo para la convivencia, al contrario, lo facilita".
Tras Chloé, Francois, quien preguntó al pontífice sobre la vocación. León animó a "una gran misión que es más urgente que nunca, que nos invita a navegar en medio de las transformaciones tecnológicas, sin disminuir nuestra humanidad", especialmente a la hora de proteger a los más pequeños y débiles. "La fragilidad no nos asusta, sino que nos une como criaturas que se descubren hermanos y hermanas en Cristo", recalcó. "Al comprometernos con Cristo y los demás, nuestras heridas encuentran redención (...). Su misericordia es nuestra alegría", proclamó, sin evitar referirse a la angustia o la precariedad con la que viven muchos jóvenes, especialmente en lo tocante a las relaciones, la situación económica o el cambio climático.
"Necesitamos prestar atención a estos sentimientos", apuntó León XIV, quien invitó a los jóvenes a "mantener el corazón abierto" a los sufrimientos de los demás. Y así, también, "ser testigos". Porque "quien sigue a Jesús en el camino del servicio se libra de la angustia y descubre un nuevo entusiasmo", "Todos, juntos, formamos la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles. Precisamente, en la debilidad, somos fuertes. Dios sostiene nuestra libertad y nos anima con su gracia". También, en la adoración, la celebración, el silencio... Y con el ejemplo de esos santos, y de otros, "apasionados por Cristo".
El Papa se dirigió a los "muchos" que pueden tener vocación al sacerdocio o la vida consagrada. "La Iglesia en Francia los necesita. Ella reza por ustedes, los está esperando. No tengan miedo de esa llamada, confíen en Jesús, que quiere hacerlos sus amigos más cercanos. Él no les decepcionará, siempre estará a su lado", culminó, en una gran llamada vocacional, antes de orar en silencio ante la santa túnica que se conserva en el país, y una treintena de reliquias que volvieron a mostrar la 'force' de un país que se siente orgulloso de sus raíces cristianas.
"¿Cuál es la fuente de la verdadera libertad? La compañía de Jesús", culminó León XIV después de la oración final, llamando a pasar "de la indiferencia al compromiso", a tender hacia lo mejor, en un "entrenamiento constante". Es el "camino de santidad", el camino que "Dios abre a cada uno de nosotros, acompañándonos a lo largo del trayecto". Ayer, hoy y mañana. "No basta con evitar el mal. Hay que elegir el bien (...). El bien da vida, nunca la quita. El bien cuida, no toma para sí. El bien no es un objeto bonito, sino el rostro radiante del amor". Una llamada que a buen seguro da frutos, con los mismos principios de libertad, igualdad y fraternidad, como "decisiones radicales de un corazón libre". Huir del mal, tender al bien. Luchar. Con "la espada del Espíritu". Como Juan de Arco. "Pero la lucha a la que estamos llamados es la de la fe, el compromiso de vivir el Evangelio como hijos de Jesús, quien nos hace a todos hermanos y hermanas".
Luchar contra el mal, contra los que prometen lo mismo que nos quitan, contra la oscuridad ante la que "la luz del Espíritu Santo nos fortalece". "Elijamos juntos, no estamos solos en este camino a la santidad", finalizó el pontífice. "Nunca estamos solos en la oración, nunca estamos solos en la Iglesia". "Sean testigos luminosos del Evangelio".
Es la 'nueva santidad', ¿la nueva Francia?