León XIV: "Que toda la comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno"
"Les confío mis intenciones en particular en la comunión de la Iglesia y la paz en el mundo", recalcó. "Hoy se celebra la Jornada Mundial de la Libertad de Prensa (...), un derecho lamentablemente violado y a veces escondido", apuntó el Papa, recordando a los periodistas perseguidos o muertos por la violencia
"Que toda la comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno". León XIV presidió, como es tradicional cada domingo, el rezo del Regina Coeli desde el balcón del palacio apostólico. En esta ocasión, para reflexionar junto a miles de fieles (muchos de ellos con banderas españolas, aunque también se vio alguna del Vaticano cosida a otra de Israel) sobre el Evangelio del domingo, en el que Jesús augura el futuro cuando él ya no esté, una vez tamizado Pentecostés. "Lo que los discípulos antes no entendían o les provocaba turbación, ahora vuelve a su memoria, les hace arder el corazón y les da esperanza", recordó el Papa.
En el diálogo de Jesús con los apóstoles en la Última Cena, éstos "descubren que en Dios hay lugar para cada uno". Ese es el ejemplo del Maestro: "Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos. El Hijo se describe como el siervo que prepara las habitaciones, para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre lista la suya y se sienta desde siempre esperado y finalmente encontrado".
"Queridos hermanos, en el viejo mundo todavía estamos en camino, lo que atrae la atención son los lugares exclusivos, las experiencias al alcance de unos pocos, el privilegio de entrar donde ningún otro puede hacerlo", trazó Prevost. En cambio, "en el mundo nuevo donde el Resucitado nos lleva, lo más valioso está al alcance de todos. Pero no por eso pierde atracción". Al contrario, "lo que está abierto a todos ahora causa alegría; la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad".
"Sobre todo, nadie se confunde con otro, nadie está perdido", recalcó León XIV, quien incidió en que "la muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria, pero en Dios cada uno es finalmente uno mismo". "En verdad, este es el lugar que buscamos toda la vida, en ocasiones dispuestos a todo con tal de lograr un poco de atención y de reconocimiento", glosó.
Ahí llega el secreto, que no es otro que la fe. Una fe que, añadió el Papa, "libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo". "Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza", culminó. "Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único".
Mayo y la Iglesia Madre
Tras el rezo, los saludos, en los que León XIV recordó que en mayo "toda la Iglesia renueva la alegría de encontrarse en nombre de María, nuestra Madre". "Les confío mis intenciones en particular en la comunión de la Iglesia y la paz en el mundo", recalcó. "Hoy se celebra la Jornada Mundial de la Libertad de Prensa (...), un derecho lamentablemente violado y a veces escondido", apuntó el Papa, recordando a los periodistas perseguidos o muertos por la violencia, y agradeció también a las asociaciones que trabajan con las víctimas de abusos a menores.