León XIV: "Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor"
"No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad"
En la catequesis del ángelus, desde la cátedra de la ventana, León XIV explica la diferencia entre la Ley de Moisés y la del Reino de Dios. "La Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia", explica. Y por eso "Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor". Por ejemplo, "no es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad".
En los saludos, tras el ángelus, el Papa elevó oraciones por Madagascar, que acaba de sufrir la devastación ocasionada por dos ciclones y recordó la celebración del año nuevo lunar, que se celebra sobre todo en Asia, y pidió que sea "una ocasión para mirar juntos al futuro, construyendo paz y prosperidad para el nuevo año".
Texto completo de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
También hoy escuchamos en el Evangelio una parte del “sermón de la montaña” (cf. Mt 5,17- 37). Después de haber proclamado las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés, que no sirven para satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos. Por eso, Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley, «sino a dar cumplimiento» (v. 17).
El cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que realiza su significado profundo y su fin último. Se trata de adquirir una “justicia superior” (cf. v. 20) a la de los escribas y fariseos, una justicia que no se limita a observar los mandamientos, sino que nos abre al amor y nos compromete en el amor. Jesús, en efecto, examina algunos preceptos de la Ley que se refieren a casos concretos de la vida, y utiliza una forma lingüística —las antinomias— para hacer ver la diferencia entra una justicia religiosa formal y la justicia del Reino de Dios. Por una parte, Jesús afirma: «Ustedes han oído que se dijo a los antepasados», y, por otra: «Pero yo les digo» (cf. vv. 21-37).
Este planteamiento es muy importante. Nos dice que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia o, para usar una frase de san Pablo, como un preceptor que nos ha guiado hacia Él (cf. Ga 3,23-25). Pero ahora, Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros.
Hermanos y hermanas, Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor. No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad (cf. vv. 21- 22). Del mismo modo, no basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa relación falta la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común (cf. vv. 27-28.31-32). A estos ejemplos, que Jesús mismo nos ofrece, podríamos agregar otros más. El Evangelio nos ofrece esta preciosa enseñanza: no se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande.
Invoquemos juntos a la Virgen María, que ha dado al mundo a Cristo, Aquel que lleva a cumplimiento la Ley y el plan de salvación. Que Ella interceda por nosotros, ayudándonos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia.