Diaconado: El pueblo tiene derecho a los sacramentos

Phil, ordenado de diácono
Phil, ordenado de diácono
Phil Little
15 feb 2026 - 15:12

Fue con gran interés que descubrí el articulo “Sin sacerdotes no hay Eucaristía, sin servicio (diáconos) no hay Iglesia”. El autor es Francisco José Garcia-Roca, un verdadero servidor quien ha dado años de servicio a la comunidad cristiana en muchos lugares. Ahora es diácono ordenado en Madrid.

Debo declarar que en un tiempo fui un diácono, pero de esta especie de “transitorio”. Durante un año pastoral, un Día de Navidad en un barrio pobre de Lima, el obispo de los Pueblos Jóvenes, Luis Bambaren sj, me ordenó como diácono en este proceso llegando a la ordenación presbiteral. La ordenación oficial no cambió mi trabajo pastoral porque me mandaban para asistir a un solo sacerdote en una parroquia de 70,000 almas. El sacerdote era de este tipo que experimentaba un gozo alto al celebrar la misa pero fue limitado a 3 o 4 veces los domingos. La parroquia tenía varias capillas en diferentes sectores y por allí fui yo con alba (y luego estola diaconal) para celebrar con hostias consagradas lo que la gente consideraba “misa”. Fue la misa con todo menos la consagración. Cuando fue necesario las religiosas hicieron lo mismo, y a veces líderes laicos y laicas, y en tiempo con el programa del diaconado “permanente” también estos hombres del pueblo lo hicieron.

Luis Bambaren
Luis Bambaren

Los hombres aceptados por la formación del diaconado permanente fueron escogidos según los principios bíblicos (1Timoteo 3:8-13). El obispo peruano encargado del programa añadió un elemento nuevo. Las esposas tenían que no solamente dar permiso para que sus parejas siguieran este camino, pero ellos tenían que acompañar en todo el programa de formación de varios años. El obispo, German Schmidts msc, habló de las parejas diaconales y lamentaba que no tenía jurisdicción para ordenar a las mujeres. Estos diáconos, tanto como hice yo, conducían liturgias los domingos y en otras oportunidades cuando era necesario. Las esposas acompañaban a sus esposos diáconos, como ángeles guías, y activas.

En estas parroquias populares con pocos sacerdotes, mayormente misioneros extranjeros, la participación de los diáconos fue instrumental en ofrecer un servicio en los elementos tradicionales como matrimonios y bautismos. No solamente conducían a las ceremonias sacramentales, sino formaban parte de los equipos de preparación que trabajaban en la catequesis con la comunidad. Recuerdo las tardes de sábado cuando vinieron con números de niños para bautizar, o casi diariamente los bautismos de emergencia para niños moribundos por la pobreza. Fue un servicio trágico pero allí estaba el pueblo en su sufrimiento.

Trabajé con dos parejas diaconales en Comas, una parroquia del cono norte de Lima. Fueron ordenados (solamente los hombres) también por el obispo Bambaren y daban casi 40 años de servicio a la parroquia desde su ubicación en la historia y las luchas de la comunidad. Una falla en el programa del diaconado permanente fue la dominación por la jerarquía: cuando había escasez de sacerdotes los diáconos y sus esposas tomaban una parte más grande en la pastoral de la parroquia. Cuando el número de sacerdotes aumentaba, los diáconos fueron empujados más al lado, dando preferencia a los presbíteros. Es decir el compromiso de parte de la iglesia sufría de los mismos prejuicios y privilegios clericales, y la visión profética de la iglesia tenía límites.  

“Diakonía” viene de una palabra griega que significa “servicio”. Por supuesto como en todo el “nuevo testamento” no es fácil saber exactamente la situación o la realidad de lo que está escrito. Las palabras en griega fueron filtros de lo que actualmente experimentaba la primera comunidad cristiana, y aun la vida de Jesus. Se parece que había muchos desacuerdos y fricciones entre miembros, algunos culturalmente más griego y otros de tradición hebrea. Algunos de los “ancianos”, seguidores más cercanos al tiempo de Jesus, encontraban las exigencias cotidianas demasiado preocupantes y decidieron buscar ayudantes. 

Los siete primeros diáconos
Los siete primeros diáconos

Así fueron escogidos los primero siete diaconos: Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás. (Hechos 6:1-7). La iglesia moderna le gustaría terminar la lectura allá, pero Pablo habla de nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea (Romanos 16:2) y la recomienda por todo el “servicio” que ella habia dado a los apóstoles. Habla Pablo acerca Febe igual como hablaba de Apolos (1Cor 3:5), Tíquico (El. 6:21), Epafras (Col.1:7) y Timoteo (1Tim:4-6). Febe no es la única mujer reconocida como diaconisa. Encontramos estas mujeres también: Dorcas (Hechos 9:36), la “Señora Elegida” (2 Juan 1-13) y las mejor conocidas Priscila y Àquila (Rom 16:3-5). 

Lo importante en todo esto es que en la iglesia naciente la comunidad claramente escogía algunos y algunas quienes daban un servicio amplio en cosas prácticas pero también en cuanto a la enseñanza y la predicación. La institución del diaconado está bien fundamentada en el testimonio de la primera comunidad en los escritos que sobrevivieron los tiempos y las ediciones. Pero no es tan claro acerca del sacerdocio que hace más reclamos por ser ahora el órden más poderoso y privilegiado. Según el catecismo que todos aprendimos desde niño sabemos que el sacerdocio es “un sacramento instituido por Cristo”. Por lo menos esto es la línea oficial del grupo tan pequeño en la iglesia que defienda su poder absoluto sobre “las riquezas” de la iglesia - no solamente territorios y edificios, sino también toda autoridad para definir, incluir y excluir, y controlar el espíritu en la función de la iglesia.

Por eso no comparto la reflexión del hermano Francisco José. Hay iglesia porque hay diáconos o tal vez hay diáconos porque la iglesia (comunidad) necesitaba llamar a diferentes miembros por sus dones y carisma . No todos son ordenados de forma sacramental. Mi padre fue un obrero, mecánico de automóviles, mi mamá fue ama de casa y miembro de la Liga de Mujeres Católicas por 75 años antes de su muerte. Por suerte en su parroquia había el Padre Jack, un sacerdote adelantado para su tiempo, más como un sacerdote de 50 años del futuro. El Padre Jack dijo a la gente que él quería preocuparse con atención a los más necesitados, visitando hogares y los pobres. Dijo que no tenía ganas de preocuparse de la instalación de la parroquia, diciendo que existía antes y estaría después de su tiempo pero siempre estaría por el pueblo. Entonces entregó el cuidado de la parroquia a la gente, incluyendo las finanzas. 

Ordenación diaconal de Phil
Ordenación diaconal de Phil

Mis papás ya estaban jubilados y con casi un grupo de 30 personas aceptaban la invitación para tomar responsabilidades en la dirección de la parroquia. Mi padre siendo un hombre muy práctico se encargó del mantenimiento, del cuidado de los edificios y buscando los servicios necesarios para reparaciones. Mi madre con sus talentos hizo pancartas y banderas de materiales finos que después de 30 años todavía se usan en diferentes tiempos litúrgicos. Los dos también a veces servían como ministros extraordinarios de la eucaristía. Fue una comunidad dinámica y comprometida. Es decir hasta que el obispo trasladó a Jack a otra parroquia y lo reemplazó con un ex-capellán militar quien dijo que no necesitaba consejo parroquial y reservaba todo incluyendo las finanzas para él mismo. 

Realmente la culpa fue del Padre Jack porque vivía en el futuro pero la realidad fue que la iglesia era de 50 años atrás. Dentro de unos años todos del consejo parroquial habían abandonado la parroquia, algunos entrando en grupos de oración, o otras iglesias no católicas, donde fueron aceptados con dignidad. Mi pobre papá, siendo un hombre sencillo y práctico, nunca volvió a la parroquia y dejó instrucciones para su despedida final “que me lleven a cualquier iglesia menos católica”. 

Sin estos “diáconos” no formales (mujeres y hombres) la parroquia se convirtió en tienda de artefactos religiosos - una máquina tragamonedas para las joyas de la iglesia. En el tiempo de Padre Jack algunos feligreses abrieron un comedor de desayuno, usando el salón parroquial que tenía una cocina grande, para servir a gente pobre, incluyendo muchos escolares que iban a sus escuelas sin comer. Después del exilio del consejo parroquial, el nuevo párroco cerró el comedor porque atraía a gente no favorable y mal vestida a la iglesia (pobres). El comedor del desayuno fue tal vez la obra más diaconal de la parroquia. 

Entonces tal vez puedo estar en parte de acuerdo con mi hermano Francisco José con la segunda parte de su reflexión - “sin servicio (diáconos) no hay Iglesia”. Me preocupa que lo que veo es que los diáconos permanentes parecen ser más atraídos a los servicios litúrgicos, en una vuelta a la iglesia tradicional de misas y sacramentos. Asistir como ornamento en las liturgias no es “servicio”, es jugar un papel de ordeño.   

Phil
Phil

En cuanto a la primera mitad de su argumento “Sin sacerdotes no hay Eucaristía” estoy totalmente en desacuerdo. Es un gran sacrilegio como este grupo de hombres defienden su misoginia en excluir a nuestras hermanas, y reservan y manipulan a la Eucaristía (y demás sacramentos) para enriquecerse y mantener sus privilegios, su poder y su exclusividad - las grandes tentaciones. 

Tal vez debemos abrir la mente para aprender de otros. La comunión anglicana ahora tiene como Arzobispa de Canterbury, por primera vez en su historia, una mujer, Sarah Mullally, como jefa espiritual de la comunión anglicana mundial. El camino a esta histórica nombramiento no fue sencillo y siempre con mucha oposición por poderes tradicionales y patriarcales. En tiempo de guerra en la colonia Británica de Hong Kong había una pequeña comunidad cristiana sin sacerdote. Había una diaconisa de nombre Li Tim-oi. El obispo quien fue muy tradicional le pidió a Li Tim-oi celebrar la Eucaristía con la comunidad antes de ser ordenado como sacerdote. No fue decisión política o ideológica en cuanto al tema de la igualdad entre mujeres y hombres. Fue una respuesta teológica y pastoral.

Li- Tim
Li- Tim

El obispo dijo que era necesario para el pueblo cristiano poder recibir los sacramentos. Los sacramentos pertenecen al pueblo, vienen de la vida comunitaria del pueblo sacramental. Sin sacerdote el pueblo podía seguir nutrido en su vida cristiana por los sacramentos, porque ellos son el cuerpo de Cristo. Después cuando fue posible el obispo ordenó a Li Tim-oi como sacerdote, no para dar a ella esta facultad porque ya la tenía sino para normalizar su nombramiento con la jerarquía eclesial.

El pueblo tiene derecho a tener los sacramentos. La Eucaristía viene antes del sacerdocio porque viene del pueblo creyente, con o sin la presencia de un sacerdote. El pueblo creyente es el “Cuerpo de Cristo” y dentro del pueblo los miembros tienen diferentes dones. 

Por la realidad multi-cultural y multi-étnicos en que vivimos he tenido la oportunidad para participar en celebraciones litúrgicas de otras “comuniones cristianas” donde la experiencia Eucarística fue fuerte y energizante. La mejor homilía que escuché en años recientes fue dada por la obispa anglicana en el funeral de un amigo y compañero sacerdote quien quisó continuar en el ministerio después de su matrimonio y encontró una bienvenida en esta iglesia hermana. 

Creo que “mi” sacerdocio fue dado dentro de una práctica privilegiada y usurpadora. Entré por todas las razones tradicionales y la ordenación fue la aprobación de haber internado la teología oficial. Por gracia de Dios tal vez me mandaban a Perú en los comienzos de los años 70 donde el fermento teológico y pastoral exigía una nueva respuesta a los reclamos del pueblo. Con grandes maestros aprendí que servir al pueblo era lo más importante, no como caridad sino como solidaridad y compromiso. También como en la parroquia de mis viejos, la iglesia peruana ha tenido sus altos y bajos, avances y retrocesos.  

Donde congregan el pueblo de Dios, compartiendo el pan y el vino, tal vez una tortilla y café, hacen de este ritual tan necesario para vivir y seguir resistiendo, seguir construyendo hacia el Reino de Dios, donde hay Eucaristía. Y de repente si hay un sacerdote presente, él no actúa como celebrante sino como sendero, no como mago de sacramentos, sino como guía y compañero en este peregrinaje. Desgraciadamente muchos, y veo con alarma muchos de los jóvenes clérigos quienes están contentos en ser “funcionarios de lo sagrado”, quieren andar con su ropa clerical y hasta usar la “biretta” como signo de su ser alto y eclesial. La iglesia necesita reforma desde las entrañas, comenzando con una nueva teología de la Eucaristía y un descubrimiento de cómo el pueblo de Dios celebra este misterio. El orden del sacerdocio tal vez tomara otro rol en la vida de la iglesia, no como fabricantes de artefactos religiosos sino como “ancianos” que saben como compartir el mensaje de Jesus en estos tiempos de crisis, violencia y destrucción de la naturaleza.  

Diáconos
Diáconos

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats