León XIV llega a Metz, una ciudad entre la memoria y la esperanza de unidad y con la atención de una juventud en búsqueda
En la ciudad marcada por guerras, fronteras y encuentros, la llegada del Papa pone en primer plano la memoria de un continente herido y el deseo de paz. Metz prepara una visita que quiere mirar al futuro sin olvidar el pasado.
(Sebastián Sansón Ferrari-Metz/VAtican News).- El Papa acaba de aterrizar en Metz, la ciudad de 122.572 habitantes, según los últimos datos oficiales del INSEE. En esta tierra de fronteras, guerras y reconciliaciones, la Iglesia local se prepara para recibir al Papa con una expectativa que va más allá de la celebración: escuchar una palabra sobre la paz, la esperanza y la unidad en una Europa atravesada por conflictos, polarizaciones y heridas todavía abiertas.
En Metz, la espera tiene también un rostro joven. El padre Emmanuel Ecker, responsable de la formación de los seminaristas de la diócesis, director del servicio de vocaciones, capellán de estudiantes y sacerdote cooperador en la comunidad de parroquias del centro de la ciudad, acompaña de cerca a quienes se preparan para entrar en la Iglesia y a aquellos que buscan nuevamente un lugar para la fe.
"Hay una búsqueda de profundidad, de sentido", explica. En una sociedad que percibe como "muy horizontal, muy materialista", marcada por el consumo, muchos jóvenes vuelven a hacerse preguntas que parecían haber quedado fuera de sus vidas. Algunos proceden de familias que ya no practican o que no transmitieron la fe. Pero, precisamente por eso, la pregunta permanece.
Para Ecker, la palabra "sentido" contiene una riqueza particular: puede hablar de orientación, de dirección; puede referirse al significado de algo y también al gusto, al sabor. Tres dimensiones que, a su juicio, permiten comprender cómo la fe puede ofrecer al ser humano una dirección para la vida, un significado y también una manera nueva de saborear la existencia.
La llegada del Papa encuentra así una Iglesia que no solo quiere recibirlo, sino mostrarle algunas de las búsquedas que atraviesan a su comunidad. Entre ellas está la de los catecúmenos que participan en el rito de entrada en la Iglesia, un momento de oración y acogida en el que quienes se preparan para el Bautismo manifiestan públicamente su deseo de seguir a Cristo y la comunidad los recibe y ora por ellos.
Es, para Ecker, una primera forma de entrar en la vida de la Iglesia: alguien que busca se presenta ante una comunidad y descubre que hay un lugar para él.
Recibir al Sucesor de Pedro
La presencia de León XIV tiene para este sacerdote una dimensión que toca particularmente a los jóvenes. El Papa, explica, ha sabido hablar de la belleza de quienes vuelven a acercarse a la fe. Y quienes esperan encontrarlo en Metz están atentos no solamente a la personalidad del Pontífice, sino al ministerio que representa.
Ecker recuerda una expresión de Pablo VI durante su visita al Consejo Mundial de Iglesias de Ginebra: "Estamos entre ustedes, nuestro nombre es Pedro". No se trataba simplemente de evocar al apóstol, sino de hacer presente el ministerio petrino en medio de una comunidad concreta.
Algo semejante percibe ahora en Metz. Los jóvenes esperan al sucesor de Pedro porque reconocen en él una presencia que trasciende a la persona que ocupa en cada momento la sede romana.
Del papa León XIV, Ecker destaca un estilo discreto y cercano. Lo percibe cálido, delicado, capaz incluso de dejar entrever la emoción. Y subraya su capacidad para decir cosas profundas con palabras sencillas, llegando a los jóvenes no tanto desde la solemnidad como desde una presencia humilde y una palabra que busca tocar el corazón.
Una ciudad que conoce las heridas
Pero la historia de Metz también ayuda a entender por qué la palabra "paz" aparece una y otra vez en la expectativa ante la visita.
Para Louis Gineau, servidor del altar en la catedral, la ciudad está profundamente marcada por su pasado. "Metz es una ciudad que ha estado marcada por tres guerras", recuerda, en referencia a la guerra de 1870-1871, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.
Esa memoria convierte a Metz, a sus ojos, en una ciudad especialmente significativa para hablar de paz. Su historia muestra que los pueblos pueden pasar del enfrentamiento a la reconciliación y que las relaciones entre quienes estuvieron separados por las guerras pueden transformarse.
La visita del Papa, considera, puede ayudar también a dar a conocer esa historia y a mirar desde ella la Europa actual, con sus conflictos y desafíos. Porque la memoria de lo ocurrido no tiene por qué conducir únicamente a la división. Puede mostrar, también, que existe "una posibilidad de reconciliación entre los pueblos".
La frase adquiere un peso particular en una ciudad que conoce las fronteras no solo como líneas trazadas sobre un mapa, sino como realidades que han cambiado la vida de generaciones.
Una paz que también se canta
Esa memoria de la reconciliación franco-alemana estará presente también en la música que acompañará la Misa. Christophe Bergossi, responsable de la Maîtrise de la catedral de Metz y director del coro, cuenta que las últimas horas están dedicadas a afinar los cantos, pero también a preparar algo que considera todavía más importante: "estar verdaderamente en oración y no solamente en el canto".
La preparación comenzó hace meses. Hubo trabajo de organización, de orquestación y de selección de un repertorio que pudiera ser presentado de una manera particular. También se multiplicaron los ensayos de los coros.
La Maîtrise de Metz tiene una historia de tres décadas. Está integrada por niños que reciben formación musical cada semana, con seis horas de clases, dentro de una escuela especializada. A ellos se sumarán otros dos coros, con niños procedentes de Alsacia y Luxemburgo.
Pero para Bergossi, la presencia de estos niños tiene un significado que va más allá de la música. Metz fue elegida también por su historia y por la reconciliación que siguió a las guerras con Alemania. Una reconciliación en la que vincula especialmente la figura de Robert Schuman.
El lema de los pequeños cantores es que "los niños cantan la paz en el mundo". Y el director encuentra en la visita de León XIV una ocasión para que ese deseo pase de las palabras a las voces de los niños.
La imponente catedral no se terminó hasta tres siglos más tarde, en 1552, debido a dificultades económicas y políticas que provocaron la interrupción de las obras.
Bergossi espera que el mensaje de paz que el Papa ha repetido en sus discursos pueda resonar también aquí: paz en Europa, paz entre las personas y paz entre los pueblos.
"Estamos muy felices", dice al hablar de la espera. Y expresa un deseo sencillo: que esa alegría pueda ser comunicada también a través de los medios de comunicación a quienes sigan la visita desde fuera de Metz.
Robert Schuman y las raíces de Europa
Metz conoce bien el lenguaje de las fronteras. Aquí vivió Robert Schuman, ejerció como abogado y comenzó su trayectoria política. El estadista, considerado uno de los padres fundadores de la integración europea, forma parte todavía del paisaje de la ciudad y de la región.
Su nombre está presente en instituciones y espacios públicos y, de manera especialmente visible en estos días, en el Centro de Congresos Robert Schuman, donde León XIV participará en encuentros dedicados a la paz, la unidad y el diálogo interreligioso.
La elección del lugar no parece casual. La arquitectura del centro de congresos remite a una ciudad abierta a los intercambios, mientras que la memoria de Schuman recuerda el proyecto europeo nacido de una voluntad de superar las rivalidades que habían llevado al continente a dos guerras mundiales.
Desde Metz, la Europa de hoy aparece así entre dos tiempos: la memoria de las heridas y la tarea siempre inacabada de construir la unidad.
Una singularidad religiosa en Francia
A esta historia política y europea se suma una particularidad religiosa que distingue a Metz dentro del paisaje francés. La diócesis forma parte del territorio de Alsacia-Mosela, donde continúa vigente un régimen local de los cultos heredado, en buena medida, del Concordato de 1801.
La particularidad se explica también por la historia de la región. Cuando Francia aprobó en 1905 la ley de separación de las Iglesias y el Estado, Alsacia-Mosela se encontraba bajo soberanía alemana. Por ello, aquella legislación no se aplicó posteriormente a estos territorios y el régimen concordatario permaneció como parte del derecho local.
En Mosela, el culto católico forma parte de los cultos reconocidos por el Estado. El sistema contempla, entre otros aspectos, la intervención de las autoridades públicas en determinadas cuestiones administrativas de las instituciones religiosas, la remuneración de los ministros de culto y la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.
Es una singularidad que atraviesa todavía la vida religiosa e institucional de la región. En esta tierra donde Iglesia y Estado mantienen una relación jurídica diferente a la del resto del país, la llegada del Papa se prepara, sin embargo, desde una expectativa profundamente pastoral: la de escuchar una palabra capaz de hablar a una sociedad que busca orientación y esperanza.
"Pro Mundi Vita": tres cepas para una misma armonía
La preparación de la visita ha encontrado incluso una expresión particular en torno al vino. Para estos días se ha elaborado una cuvée llamada "Pro Mundi Vita", cuyo nombre retoma el lema del viaje: "Para que el mundo tenga vida".
El vino nace del ensamblaje de tres variedades de uva. Separadas, cada una conserva sus propias características; reunidas, buscan producir una armonía diferente.
Esta cosecha nos recuerda que la paz, como los grandes vinos, se cultiva con paciencia, humildad y amor: Tres cepas distintas que encuentran una expresión común
La etiqueta lo explica con una frase que parece dialogar directamente con el espíritu de la visita: "Esta cosecha nos recuerda que la paz, como los grandes vinos, se cultiva con paciencia, humildad y amor".
La imagen resulta especialmente sugerente en Metz. Tres cepas distintas que encuentran una expresión común. Tres historias que se encuentran sin dejar de ser diferentes. La paz, como el vino, no se improvisa: necesita tiempo, paciencia, humildad y cuidado.
Una Iglesia que acoge
En esa misma clave puede leerse el rito de entrada en la Iglesia de los catecúmenos que acompaña estos días a la comunidad. Para Ecker, es una imagen concreta de lo que la Iglesia está llamada a hacer: acoger a quien busca, acompañarlo en su camino y ofrecerle una comunidad donde pueda seguir preguntándose por el sentido de su vida.
La visita del Papa llega, por tanto, a una Iglesia que mira simultáneamente hacia atrás y hacia adelante. Hacia atrás, porque la historia de Metz está marcada por las guerras, los cambios de frontera y las reconciliaciones. Hacia adelante, porque sus jóvenes vuelven a plantearse preguntas sobre la fe y porque hombres y mujeres que no recibieron una transmisión religiosa buscan respuestas.
En medio de ambas dimensiones aparece la figura de Pedro. Ecker ve en los jóvenes que esperan a León XIV una atención particular hacia el sucesor de Pedro. Y encuentra en el estilo del Papa una cercanía capaz de alcanzar precisamente a quienes buscan sin tener todavía todas las respuestas.
Entre la piedra y la luz
En la catedral de Saint-Étienne, la luz atraviesa los vitrales y se posa sobre las piedras de una historia que ha conocido cambios de soberanía, guerras y reconciliaciones. La catedral es conocida como la "Linterna del Buen Dios", una imagen que parece especialmente apropiada para estos días.
Allí llegará León XIV para celebrar la Eucaristía y encontrarse con una comunidad que espera escuchar una palabra sobre la paz. Una comunidad que, al mismo tiempo, tiene algo que decir desde su propia historia: que las fronteras pueden convertirse en puentes, que los antiguos enemigos pueden encontrarse de nuevo y que la memoria de las heridas puede abrir también un camino hacia la reconciliación.
Metz espera al Papa entre las raíces de Europa y la memoria de las guerras. Lo espera una Iglesia que acompaña a jóvenes en búsqueda, que abre sus puertas a quienes se acercan nuevamente a la fe y que conserva una singular relación jurídica con el Estado.
Y mientras la ciudad termina de preparar una jornada histórica, tres palabras vuelven a aparecer como un hilo conductor: paz, amor y unidad.
También desde las voces de los niños que cantarán en la catedral. También desde quien se prepara para recibir el Bautismo. También desde quienes sirven el altar. También desde quienes, como Louis, miran la historia de Metz y descubren en ella la posibilidad de la reconciliación.
Quizá por eso, en Metz, la espera de León XIV no se mide solamente en horas. Se mide en la memoria de lo que Europa ha vivido y en la esperanza de lo que todavía puede llegar a ser. Entre las cicatrices de las guerras y las raíces de la reconciliación, entre la piedra de la catedral y la luz que atraviesa sus vitrales, la ciudad se prepara para escuchar una palabra capaz de volver a poner el futuro en el horizonte. Porque, como dijo el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), durante una conferencia de prensa a comienzos de septiembre: "Francia intriga".