Padre Villegas: Francia aguarda a León XIV entre la memoria de la tradición y un presente que necesita signos
En los días previos a la visita del Papa, crece en Francia una expectativa que trasciende las comunidades católicas. El rector de Notre-Dame de Boulogne, el padre Roger Villegas, destaca el acercamiento de jóvenes y adultos a la fe y las nuevas solicitudes de bautismo
(Sebastián Sansón Ferrari /Vatican News).- Francia vive los días previos a la visita de León XIV como un tiempo de espera. El padre Roger Villegas, rector de la basílica Notre-Dame de Boulogne, en el departamento de Altos del Sena (Hauts-de-Seine), a poca distancia del oeste de París, habla de un ambiente que le recuerda a un “Adviento” y, también, al clima que precede a una Jornada Mundial de la Juventud. En parroquias, diócesis y comunidades crece la expectativa ante la llegada del Sucesor de Pedro, mientras el interés, asegura, trasciende incluso los círculos de quienes participan habitualmente en la vida de la Iglesia.
La preparación comenzó, explica el sacerdote colombiano, con la oración. En su basílica se distribuyeron velas acompañadas de una plegaria por los frutos de la visita y se invitó a las familias a prepararse espiritualmente para recibir no solamente al Papa, sino al Sucesor de Pedro.
“Estamos recibiendo al sucesor de San Pedro”, explica Villegas, subrayando el significado espiritual que la comunidad quiere dar a estos días. La preparación, en su experiencia, no se reduce a la organización de los encuentros, sino que busca disponer a las personas para vivir la visita como un acontecimiento de fe.
Después llegó la organización. Unos 70 u 80 jóvenes de la comunidad esperan participar en la vigilia, mientras la parroquia logró completar en apenas un día y medio los 500 lugares disponibles para la celebración con el Papa en París. El sacerdote destaca también la movilización de las personas mayores y de las familias.
Una espera que desborda las comunidades católicas
El entusiasmo, sin embargo, no se percibe solamente dentro de las parroquias. Durante las obras de renovación de la basílica, trabajadores procedentes de distintos lugares de Francia preguntan al sacerdote cuánto falta para la llegada del Papa.
“Ya casi va a llegar el Papa”, le dicen.
Villegas subraya un detalle que le resulta especialmente significativo: algunas de esas personas no son católicas. La expectativa por la visita, por tanto, parece atravesar las fronteras habituales de la comunidad eclesial.
Para el rector de Notre-Dame de Boulogne, ese interés se inscribe en un contexto más amplio. En una sociedad marcada por la secularización, percibe también preguntas nuevas, especialmente entre adultos jóvenes que vuelven a interrogarse por aquello que puede ofrecer estabilidad y esperanza.
Entre los 25 y los 40 años, explica desde su experiencia pastoral, encuentra personas que se preguntan“qué es lo que puede todavía ser sólido y estable” y cuál puede ser un mensaje de esperanza capaz de dar sentido a la vida.
Es allí donde identifica uno de los signos que más le llaman la atención: personas que vuelven a acercarse a la Iglesia y solicitan el bautismo.
El sacerdote lo expresa con una imagen: “Hemos como abierto un poco la puerta de la Iglesia, pero de repente la gente ha llegado hasta por las ventanas”.
Ese movimiento, precisa, plantea también una responsabilidad para las comunidades. No basta con acompañar a quienes llegan hasta el bautismo: es necesario sostenerlos después en el camino de la fe y ayudarles a incorporarse a la vida de la Iglesia.
Cuatro escenarios, cuatro rostros de Francia
El itinerario del Santo Padre permite contemplar distintos escenarios de la realidad francesa. Más que concentrarse en una única ciudad, la visita se despliega en cuatro lugares con características y significados diferentes: París, Saint-Denis, Lourdes y Metz.
No se trata, sin embargo, de cuatro unidades administrativas del mismo nivel. París es la capital y ciudad; Saint-Denis es una comuna situada al norte de París, en el departamento de Seine-Saint-Denis, dentro de la región de Île-de-France; Lourdes y Metz son, a su vez, ciudades de otras zonas de Francia. Los cuatro lugares adquieren relevancia por los encuentros y mensajes previstos durante el viaje.
París: juventud, cultura y encuentro
París será el punto de partida de la visita y concentrará buena parte de los encuentros del Papa con las autoridades, representantes de la cultura y la educación, sacerdotes y diáconos, así como con personas que participan en distintos caminos de la vida eclesial.
Para Villegas, uno de los aspectos más significativos será la presencia de jóvenes. La vigilia tendrá como referencia la tradición de santidad francesa y la llamada a una santidad que no pertenece únicamente al pasado, sino que puede ser una propuesta para el presente.
La capital francesa será también escenario del encuentro con personas migrantes, pobres y acompañadas por distintas asociaciones, así como de un momento dedicado a quienes recorren el camino del catecumenado.
Precisamente este último aspecto adquiere especial relevancia en el contexto descrito por el sacerdote: el acercamiento de adultos que, después de años alejados de la práctica religiosa o sin haber recibido el bautismo, comienzan a plantearse la posibilidad de entrar en la Iglesia.
Saint-Denis: juventud, diversidad y unidad
El segundo escenario es Saint-Denis, una comuna situada al norte de París, en el departamento de Seine-Saint-Denis, dentro de la región de Île-de-France. Allí se encuentra el Estadio de Francia, que acogerá el encuentro multitudinario del Papa con los jóvenes.
Para Villegas, este lugar tiene un significado particular. Lo presenta como un territorio marcado por la diversidad cultural, la presencia de numerosas comunidades de inmigrantes y distintas situaciones de vulnerabilidad.
El sacerdote ve en este encuentro una posibilidad que va más allá de la celebración masiva. León XIV puede aparecer también como un signo de unidad para una sociedad que, en palabras de Villegas, necesita esos signos.
“Qué hermoso, ¿no? Como que el Papa reuniendo y siendo un signo de unidad para un país que lo necesita mucho. Necesitamos esos signos de unidad”, afirma.
La imagen resulta significativa dentro de la visita: una marea de jóvenes reunida en un espacio asociado habitualmente al deporte y a los grandes acontecimientos públicos, en una comuna que forma parte de un territorio caracterizado por una marcada diversidad social y cultural.
Lourdes: escucha, enfermedad y dignidad
La siguiente etapa llevará al Papa a Lourdes, uno de los principales lugares de peregrinación mariana y un espacio especialmente vinculado al sufrimiento y a la enfermedad.
Allí tendrá lugar el encuentro con personas víctimas de abusos. Para Villegas, este momento exige ante todo una actitud de escucha.
El sacerdote subraya que el Papa quiere encontrarse con estas personas y escuchar sus historias, su drama y sus experiencias. El verbo “escuchar” adquiere en este contexto un peso especial: no se trata únicamente de un momento institucional dentro de la agenda, sino de acercarse a quienes han sufrido dentro de la propia Iglesia.
Lourdes ofrecerá también el encuentro con los enfermos y los peregrinos.
Para Villegas, este es uno de los rasgos esenciales del santuario: “Lourdes es, por excelencia, el encuentro con la gente enferma”. La presencia del Papa junto a ellos puede poner nuevamente en primer plano la dignidad de quienes sufren y la necesidad de acompañarlos.
Metz: memoria europea, paz y puentes
La última etapa será Metz, en el este de Francia, una ciudad cuya historia está estrechamente vinculada a las fronteras y a los conflictos que marcaron Europa.
En este escenario, Villegas identifica una oportunidad para dirigir la mirada más allá de Francia. La experiencia europea de reconciliación puede ofrecer, según su perspectiva, un ejemplo de que es posible superar divisiones y construir puentes.
“Es posible crear puentes en lugar de levantar muros”, afirma.
El mensaje adquiere además una dimensión interreligiosa, a través del encuentro con representantes de otras religiones. En una sociedad caracterizada por la pluralidad, el diálogo aparece así como otra de las dimensiones de la visita.
Una Iglesia que vuelve a preguntarse por su misión
Más allá de las cifras, de la logística y de los distintos encuentros previstos, el rector de Notre-Dame de Boulogne identifica un fenómeno que considera particularmente significativo: el acercamiento de adultos a la Iglesia y las solicitudes de bautismo.
No lo interpreta simplemente como un retorno a una práctica religiosa del pasado. En su experiencia pastoral, detrás de estas búsquedas existe una pregunta más profunda sobre el sentido de la vida y sobre aquello que puede ofrecer un fundamento estable en medio de las incertidumbres contemporáneas.
Por eso, el desafío no termina con la celebración del bautismo. La llegada de nuevos creyentes obliga también a las comunidades a preguntarse cómo acompañarlos, cómo integrarlos y cómo ayudarles a descubrir una vida de fe que no se reduzca a un momento puntual.
En ese contexto, Villegas interpreta la visita de León XIV como una ocasión para confirmar y alentar a una Iglesia que vuelve a descubrir su dimensión misionera.
La cuestión, en su mirada, no es solamente cómo recuperar una práctica religiosa, sino cómo anunciar nuevamente a Cristo en una sociedad que continúa buscando respuestas a sus preguntas fundamentales.
La visita aparece así como un momento de encuentro en varios niveles: entre el Papa y los jóvenes; entre la Iglesia y quienes se han alejado de ella; con las víctimas y los enfermos; con los migrantes y las personas vulnerables; con representantes de otras religiones; y también con una sociedad francesa que afronta sus propias divisiones y preguntas.
París, Saint-Denis, Lourdes y Metz ofrecerán, cada uno desde su propia realidad, escenarios distintos para esos encuentros.
Francia aguarda a León XIV entre la memoria de una antigua tradición cristiana y los signos de un presente que busca nuevos caminos
La espera, por tanto, adquiere un significado que va más allá de los días del viaje. Francia aguarda a León XIV entre la memoria de una antigua tradición cristiana y los signos de un presente que busca nuevos caminos.
Al final de la entrevista, el padre Roger Villegas expresa el deseo de que el paso del Papa deje en la Iglesia francesa “una gran confianza, una gran alegría” y, sobre todo, “un gran entusiasmo misionero”.