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El Papa, en el ángelus: "Al seguir a Cristo, nuestro camino no es una ascética que mortifica"

Último ángelus de León XIV antes de comenzar esta tarde en Castel Gandolfo un período de vacaciones hasta el lunes 27 de julio, desde donde lo rezará los próximos domingos en la Plaza de la Libertad, en tanto que las audiencias públicas se reanudarán el 5 de agosto

El Papa, durante el ángelus | RD/Captura

"Al seguir a Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención". 

Las palabras del Papa antes del rezo del ángelus, este mediodía, desde el balcón del Palacio Apostólico, respondían a la pregunta retórica que él mismo se hacía sobre ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz?

Fieles en la plaza de San Pedro para el ángelus del Papa | RD/Captura

"Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella", remarcó León XIV en otra calurosa mañana romana en la que tampoco faltó la abundante presencia de fieles y peregrinos.

"En la esclavitud –abundó Robert F. Prevost–, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos. Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano", concluyó el Papa, que esta tarde comienza en Castel Gandolfo un período de vacaciones hasta el próximo lunes 27 de julio.

Los próximos ángelus, en Castel Gandolfo

Los próximos ángelus dominicales los rezará el Papa en la Plaza de la Libertad, en la localidad de descanso de los papas. Y las audiencias públicas se reanudrán el 5 de agosto, según un comunicado de la Prefectura de la Casa Pontificia hecho público esta mañana

Fieles ante el Palacio Apostólico en la plaza de San Pedro | RD/Captura

A la hora de los saludos, el Papa recordó la beatificación el pasado 2 de julio en Vietnam de un sacerdote asesinado en 1946 por odio a la fe, y pidió que su ejemplo "sostenga también hoy a quienes difunden el evangelio y se encuentran en situación de persecución".

Igualmente, indicó León XIV que "recuerdo siempre en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano, que el Señor los sostenga en este momento tan difícil", palabras que fueron acogidas por un sonoro aplauso por las alrededor de 18.000 personas concentradas para escucharle y rezar con él.

Las palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! 

El Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 11,25-30) nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra» (v. 25). El Hijo de Dios, hecho hombre, manifiesta su amor al incluir a todas las criaturas en esta acción de gracias. 

La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto “a los sabios y entendidos” (cf. v. 25). Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: «Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas» (v. 28), dice el Señor. Acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga» (Mt 16,24). Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos. 

Hermanos y hermanas, ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz (cf. v. 30)? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella. La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída. Al seguir a Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención. 

En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos. Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (v. 27). 

Queridos amigos, mientras damos gracias al Señor por esta muestra de confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero.

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