El Papa anima, en Pascua, a buscar "los resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad"
León XIV denuncia "las injusticias, los egoísmos partidistas, la opresión de los pobres, la escasa atención hacia los más frágiles" y hace suyo "el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye"
"Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero". Misa de Domingo de Resurrección bajo un espléndido sol y una magnífica ornamentación floral. En una plaza de San Pedro abarrotada, y antes de dirigirse a la logia central de la basílica para impartir la bendición Urbi et Orbi, León XIV lanzó el ansiado grito pascual: "¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!". Una noticia que engloba todda nuestra vida "y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados".
Porque, pese a las guerras, al hambre, a las injusticias, "¡la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!". "Este es un mensaje que no siempre es fácil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera", admitió Prevost tras la escucha del Evangelio, leído (como es tradición) en latín y griego.
En nuestro interior, "cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día, entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida".
"La muerte siempre acecha", también desde fuera, remarcó. "La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye".
Precisamente en esta realidad, "la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón". "Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge. El Señor está vivo y permanece con nosotros". Estos son los "resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad".
Gracias a ellos, vivimos con esperanza de que "el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado".
"Como si Dios no existiera"
Recordando al Papa Francisco y su Evangelii Gaudium, León XIV subrayó que "donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable", aunque "muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto".
Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo
Porque la resurrección "es posible cada día", y la pascua "es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario". "Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo", culminó. "Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida".