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El Papa pide "un mundo sin más antisemitismo ni persecuciones" y exhorta a la comunidad internacional "a estar vigilante"

En la audiencia general, León XIV recuerda que "la Palabra de Dios no está fosilizada, sino que es una realidad viva" e invita a custodiarla "en su integridad"

El Papa da comienzo a la audiencia general | RD/Captura

Tercera catequesis en la audiencia general de este miércoles dedicada a los documentos del Vaticano II, en esta ocasión continuando con la lectura de la Constitución conciliar Dei Verbum sobre la Revelación divina, en la que León XIV reflexionó sobre la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición en la festividad de santo Tomás de Aquino, recordando que "la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí".

En este sentido expresó el Papa que "la Palabra de Dios, por lo tanto, no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición", y cuyo "depósito", añadió, "está también hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros, en los distintos ministerios eclesiales", por lo que "debemos seguir custodiándolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia".  

Unidas y entrelazadas

Por ello, el Papa concluyó su alocución exhortando a que "escuchemos de nuevo la Dei Verbum, que exalta la interconexión entre la Sagrada Escritura y la Tradición: «Ambas —afirma— están tan unidas y entrelazadas entre sí que no pueden subsistir independientemente, y juntas, según su propio modo, bajo la acción de un solo Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas»"

Fieles en la audiencia general | RD/Captura

A la hora de los saludos a los miles de peregrinos que abarrotaban esta mañana el Aula Pablo VI, el Papa tuvo palabras de recuerdo para "el querido pueblo de Mozambique, afectado por las devastadoras inundaciones. Mientras rezo por las víctimas, expreso mi cercanía a los desplazados y a todos los que les ofrecen apoyo", señaló.

Estar vigilantes

Finalmentre, al recordar la conmemoración, en el día de ayer, de la jornada de recuerdo a las viíctimas del Holocausto, "que causó la muerte de millones de judíos y otras personas, pido al Omnipontente el don de un mundo sin más antisemitismo y sin más prejuicios, opresiones o persecuciones".

Igualmente, el Papa señaló que "renuevo mi llamamiento a la comunidad de las naciones para que esté siempre vigilante de manera que el horror del genocidio no se abata más sobre ningún pueblo y se construya una sociedad fundadada sobre el resperto recíproco y sobre el bien común".

Texto de la Audiencia General

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! 

Continuando con la lectura de la Constitución conciliar Dei Verbum sobre la Revelación divina, hoy reflexionamos sobre la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición. Podemos tomar como fondo dos escenas evangélicas. En la primera, que tiene lugar en el Cenáculo, Jesús, en su gran discurso testamento dirigido a los discípulos, afirma: «Os he dicho estas cosas mientras estoy todavía con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. […] Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa» (Jn 14,25-26; 16,13).  

Audiencia general | RD/Captura

La segunda escena nos lleva, en cambio, a las colinas de Galilea. Jesús resucitado se muestra a los discípulos, que están sorprendidos y dudosos, y les da una consigna: «Id y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En ambas escenas es evidente la íntima relación entre la palabra pronunciada por Cristo y su difusión a lo largo de los siglos. 

Es lo que afirma el Concilio Vaticano II recurriendo a una imagen sugerente: «La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí. Puesto que ambas proceden de la misma fuente divina, forman en cierto modo un todo y tienden al mismo fin» (Dei Verbum, 9). La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado. 

Siguiendo las palabras de Cristo que hemos citado anteriormente, el Concilio afirma que «la Tradición de origen apostólico progresa en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo» (DV, 8). Esto ocurre con la plena comprensión mediante «la reflexión y el estudio de los creyentes», a través de la experiencia que nace de «una inteligencia más profunda de las cosas espirituales» y, sobre todo, con la predicación de los sucesores de los apóstoles que han recibido «un carisma seguro de la verdad». En resumen, «la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que cree» (ibíd.). 

Famosa es, a este respecto, la expresión de San Gregorio Magno: «La Sagrada Escritura crece con quienes la leen».1 Y ya San Agustín había afirmado que «una sola es la discurso de Dios que se desarrolla en toda la Escritura y una sola es el Verbo que resuena en boca de tantos santos».2 La Palabra de Dios, por lo tanto, no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición. Esta última, gracias al Espíritu Santo ( ), la comprende en la riqueza de su verdad y la encarna en las coordenadas cambiantes de la historia.  

Sugestivo, en esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la Iglesia John Henry Newman, en  su obra titulada El desarrollo de la doctrina cristiana. Afirmaba que el cristianismo, tanto como  experiencia comunitaria como doctrina, es una realidad dinámica, tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de la semilla (cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se desarrolla gracias a una fuerza vital interior.3 

El apóstol Pablo exhorta repetidamente a su discípulo y colaborador Timoteo: «Timoteo, guarda el depósito que se te ha confiado» (1 Tm 6,20; cf. 2 Tm 1,12.14). La Constitución dogmática Dei Verbum se hace eco de este texto paulino cuando dice: «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia», interpretado por «el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo» (n. 10). «Depósito» es un término que, en su matriz original, es de naturaleza jurídica e impone al depositario el deber de conservar el contenido, que en este caso es la fe, y de transmitirlo intacto.  

El «depósito» de la Palabra de Dios está también hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros, en los distintos ministerios eclesiales, debemos seguir custodiándolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.  

En conclusión, queridos hermanos, escuchemos de nuevo la Dei Verbum, que exalta la interconexión entre la Sagrada Escritura y la Tradición: «Ambas —afirma— están tan unidas y entrelazadas entre sí que no pueden subsistir independientemente, y juntas, según su propio modo, bajo la acción de un solo Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas» (n. 10).  

1 Homilías sobre Ezequiel I, VII, 8: PL 76, 843D. 

2 Enarrationes in Psalmos 103, IV, 1

3 Cfr. J.H. NEWMAN, Lo sviluppo della dottrina cristiana, Milán 2003, p. 104.

Traducción no oficial

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