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Viaje del Papa a San Marino y Rimini

El Papa defiende en San Marino "el derecho internacional humanitario (...), en un momento histórico en el que parece pisotearse a diario"

El Papa denuncia "la idolatría que corrompe de raíz aquellos proyectos políticos y económicos que se presentan en nombre de la libertad, pero que en realidad son esclavos de los ídolos y del poder" y reivindica "la primacía de la conciencia", la diplomacia y el multilateralismo frente a proyectos excluyentes. "Os animo a todos —gobernantes, ciudadanos y comunidad eclesial— a proseguir con ese compromiso valiente y con visión de futuro en favor de la dignidad de cada persona humana y del bien común"

Primer discurso del Papa en San Marino

Fugaz visita del Papa León XIV a la República de San Marino, la más antigua del mundo (data del siglo IV). Una mañana de sábado, antes de dirigirse, por la tarde, para participar en el Meeting de Rímini, con muchos actos privados y varios discursos que darán que hablar. El pontífice aterrizó en helicóptero (apenas 45 minutos después de partir de Roma) en el aeródromo de Torraccia (República de San Marino) y se trasladó a la Piazza della Libertà, en un Volskwagen negro. Miles de fieles le esperaban en su recorrido por las calles de uno de los países, junto al Vaticano, más pequeños de Europa.

Su primer discurso, con los Capitanes Regentes del histórico emplazamiento situado en el norte de Italia, giró en torno al valor de la conciencia y la defensa de la libertad y la justicia, el valor de la acogida y la lucha por la diplomacia, el multilateralismo y el derecho internacional humanitario "en un momento histórico en el que este parece ignorarse a diario, cuando no pisotearse". De hecho, San Marino, así lo anunció la Capitana Regente en su discurso, está comprometida con la situación de los refugiados ucranianos y gazatíes.

Echando mano de la "libertad" con la que se resume la historia de San Marino, el Papa reivindicó la defensa del pequeño estado de "la autodeterminación, a no depender de otras autoridades políticas". "No hay verdadera libertad civil sin libertad personal, es decir, sin el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana, de la que la libertad es un componente esencial", subrayó el pontífice, quien recordó que "promover la libertad implica defender los espacios de la conciencia".

León XIV, a su llegada a San Marino

En este punto, Prevost reivindicó a tantos hombres y mujeres que "son mártires de la libertad porque dan testimonio precisamente de la primacía de la conciencia". "Firmemente formados en la búsqueda de la verdad, son plenamente responsables de sus propias decisiones y, por tanto, libres de todo vínculo que no sea aquel, propio de la criatura, que los une a Dios", señaló el Papa, citando expresamente a Tomás Moro, patrón de los políticos y los gobernantes.

"También hoy, en muchas partes del mundo, no faltan personas que permanecen fieles a su conciencia incluso en contextos de gran adversidad, testigos de la verdadera libertad, aquella que deriva de ser hijos e hijas de Dios" recalcó, expresando "nuestra solidaridad con quienes, en este momento, pagan de su propia piel por no haber traicionado su conciencia".

La Capitana Regente se dirige al Papa

Continuando con la libertad, el Papa defendió su presencia "en el don, en la comunión, en el encuentro y en el diálogo" frente a "la idolatría que corrompe de raíz aquellos proyectos políticos y económicos que se presentan en nombre de la libertad, pero que en realidad son esclavos de los ídolos y del poder".

Por contra, "en la visión cristiana, la libertad y la comunión se mantienen o caen juntas". Ejemplos de ello son San Marino o San Leo, "constructores de ciudades libres y pacíficas" frente a la torre de Babel, señaló el Papa, en referencia a su encíclica Magnifica humanitas.

"Libertas, para vosotros, significa también un compromiso que nunca ha flaqueado de una participación activa y positiva en la construcción de la paz", abundó León XIV, quien reivindicó "el aprecio por la diplomacia y el multilateralismo" por los que apuesta San Marino, "como vías privilegiadas para cultivar las relaciones internacionales y promover el entendimiento entre las naciones". Regresando a su encíclica, el Papa invocó que "la vocación de la diplomacia es la de favorecer el diálogo con todos, incluidos los interlocutores considerados más «incómodos» o que no se considerarían legitimados para negociar, recurriendo hasta el límite a la humildad y la paciencia para recuperar los más tenues signos de buena voluntad de las partes en conflicto, a fin de iniciar un proceso de pacificación".

Primer discurso del Papa en San Marino

Cercanía, un "laboratorio" de buena política

En un estado como San Marino, o como Mónaco, que visitó hace poco, el Papa se propuso "destacar el valor singular de un Estado pequeño, «a escala humana», en el que es posible experimentar la cercanía de la política a las necesidades de los ciudadanos y, por tanto, una democracia más efectiva, sobre todo si está animada también por la inspiración cristiana", y subrayó que "San Marino puede ser un «laboratorio» de buena política, donde, sin apartarse del carácter laico del Estado, se puede recurrir a los principios de la doctrina social católica: la búsqueda del bien común, la destinación universal de los bienes, la armonía entre subsidiariedad y solidaridad, y la justicia social".

"Este compromiso resulta hoy aún más valioso, en un momento en el que está a punto de entrar en vigor el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y vuestra República se verá envuelta en una relación estable, aunque de manera peculiar, con una realidad compleja, que podrá beneficiarse enormemente de vuestra contribución", recalcó. Dicho 'laboratorio' debe aspirar al "cuidado de lo humano", insistió Prevost, señalando la relevancia de "la protección de toda vida, en todas sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural".

El Papa, en su discurso a los regentes

Ese cuidado ha de manifestarse, según el Papa, en "la tradición de acogida, que nunca ha faltado a lo largo de los siglos hacia quienes sufren y se encuentran en situaciones difíciles", y que "recientemente, se ha manifestado en el apoyo y la hospitalidad brindados al pueblo ucraniano, especialmente al inicio del conflicto, así como en el compromiso con el derecho internacional humanitario en un momento histórico en el que este parece ignorarse a diario, cuando no pisotearse".

Una sensibilidad, finalizó León XIV, que "es también fruto de la tradición cristiana de este país y de la constante y positiva colaboración entre las autoridades políticas y el obispo en la búsqueda del bien común". "Por ello, os estoy especialmente agradecido por vuestro compromiso y testimonio, y os animo a todos —gobernantes, ciudadanos y comunidad eclesial— a proseguir con ese compromiso valiente y con visión de futuro en favor de la dignidad de cada persona humana y del bien común. A cada uno de vosotros, renuevo la expresión de mi alegría por esta visita a la República de San Marino e invoco sobre todos la bendición del Señor", concluyó.

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