Tres chicas de Barcelona esperan a León XIV en Lourdes: "Con el Papa aquí, esto es un trozo de cielo"
Gabriela, Lucía y Carmen explican la emoción de vivir de cerca la visita del Papa en medio de una peregrinación de 720 catalanes
Gabriela, Lucía y Carmen son tres chicas de Barcelona que estos días viven Lourdes desde la cercanía de los enfermos, el servicio de los hospitalarios y la oración. Las tres forman parte de la peregrinación de la Hospitalidad de la Virgen de Lourdes de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa, que ha desplazado hasta el santuario a 720 peregrinos catalanes. Este sábado, mientras esperaban al papa León XIV, sus voces explicaban mejor que cualquier programa oficial qué significa vivir Lourdes desde dentro.
"Esto es un trozo de cielo". Lo dice Gabriela con la naturalidad de quien no necesita embellecer aquello que está viviendo. Es su tercer año en Lourdes, un lugar que, según asegura, también le ha regalado una de las amistades más importantes de su vida: aquí conoció a Lucía y a su madre. "Es una experiencia fantástica, inexplicable", relata, agradecida de haber regresado. Y, mientras el Papa se acerca al santuario, Lourdes le parece todavía más extraordinaria.
Gabriela habla también del deseo de que esta experiencia no quede reservada a unos pocos. "Los jóvenes y los no tan jóvenes tienen que vivir esta experiencia", afirma. En un mundo que percibe necesitado de esperanza, considera que Lourdes puede ser una manera de acercarse más a Dios. Lo dice con una expresión que resume su estado de ánimo: "Gloria a Dios".
A su lado está Lucía, que también vive su tercera peregrinación. Este año, señala la joven, está siendo "bastante diferente", sobre todo por las actividades y por todo aquello que rodea la visita papal. Pero lo esencial permanece intacto. "Tanto los enfermos como los hospitalarios estamos emocionados por recibir al Papa", sentencia. El ambiente, dice, es muy bueno. Incluso el calor, que incomoda, queda en segundo plano ante una espera que vive con "mucha felicidad".
"A todos nos irá muy bien", dice. Y vuelve a aquella expresión de su amiga Gabriela: Lourdes es "un trozo de cielo". Tres años después de su primera visita, Lucía contempla ahora el mismo santuario con una emoción renovada, compartida con cientos de personas que han llegado hasta aquí para servir, rezar y acompañar.
Carmen vive esta jornada desde otra mirada, también muy cercana a los enfermos. "Estoy emocionada de estar aquí acompañando a los enfermos y de ver al Papa", asegura. Sabe que la imagen del pontífice en Lourdes puede ser de aquellas que quedan guardadas para siempre. "Aunque solo lo vea una vez en la vida...", empieza diciendo. Pero enseguida rectifica, entre sonrisas: "¡Bueno, una vez no!".
Tarde de espera en Lourdes
Mientras tanto, Lourdes ha ido transformándose a lo largo del día en el escenario de la llegada de León XIV. El Papa había pasado primero por París, donde había presidido varios actos, y por la tarde emprendió el camino hacia los Pirineos. El avión papal aterrizó en el aeropuerto de Tarbes-Lourdes poco después de las siete de la tarde, donde fue recibido por las autoridades antes de dirigirse hacia el santuario.
Durante el trayecto, el Papa pudo saludar a los fieles que lo esperaban. La llegada se produjo con cierto retraso respecto al horario previsto, pero la expectación no disminuyó. Lourdes esperaba al Papa y, entre la multitud, también estaban los peregrinos catalanes de la Hospitalidad, que desde hacía horas vivían con emoción las últimas horas antes del encuentro.
En la Gruta de Massabielle lo esperaban el obispo de Tarbes y Lourdes, Jean-Marc Micas, y el rector del santuario, Michel Daubanes. Ante la imagen de la Virgen, León XIV entró en un largo silencio. Rezó sin prisas, concentrado, antes de acercarse a la roca de la gruta, beber el agua de la fuente que le ofreció el rector y encender una vela.
Oración por Francia y por la paz
La oración del Papa situó a Lourdes ante una realidad que va mucho más allá de las fronteras del santuario. Ante la Virgen, León XIV pidió por Francia y por su pueblo, invocando el "don de la concordia fraterna" y una sociedad "armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio", donde cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir con tranquilidad y serenidad.
También rezó por los más pobres y desfavorecidos y pidió gobernantes "sabios y generosos", dispuestos al sacrificio de sí mismos, capaces de afrontar los desafíos y decididos a servir al bien común. En una de las expresiones más contundentes de su oración, reclamó que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos y de la paz, "rechazando para siempre las lógicas de la guerra".
La mirada del pontífice se dirigió igualmente a la Iglesia que peregrina en Francia. En este sentido, pidió la renovación de la fe de las familias cristianas, una apertura generosa a la vida y nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. Y encomendó especialmente a los jóvenes el camino del Evangelio, para que puedan contribuir a construir una sociedad justa y fraterna.
Pero en Lourdes no podía faltar quien da sentido a buena parte de la vida del santuario: los enfermos. León XIV presentó ante la Virgen sus intenciones, especialmente las de las personas enfermas y de todos aquellos que sufren, así como las de las personas que las acompañan. Son también los rostros que Gabriela, Lucía y Carmen tienen ante sí estos días.
La Rosa de Oro a los pies de la Virgen
Al final de la oración, el Papa depositó a los pies de la Virgen la Rosa de Oro, uno de los gestos más significativos de esta primera visita a Lourdes. El regalo pontificio, reservado tradicionalmente a los santuarios marianos, quedó como signo de la devoción de León XIV a María y como recuerdo de una peregrinación que continuará este domingo.
La jornada termina así allí donde había comenzado la ilusión de las tres jóvenes: ante la Gruta, entre enfermos, hospitalarios y peregrinos. Carmen, Lucía y Gabriela han visto llegar al Papa. Las barcelonesas han compartido la misma emoción con cientos de personas. Y han vuelto a poner palabras a aquello que, para ellas, define Lourdes mejor que cualquier otra expresión: "un trozo de cielo".
Este domingo, León XIV continúa su estancia en el santuario con una jornada especialmente intensa, marcada por el encuentro con la Iglesia francesa, los enfermos y los peregrinos y la celebración eucarística. Pero este sábado, antes de cualquier gran celebración, el Papa quiso comenzar por la Gruta, en silencio, ante la Virgen. Y allí, entre la roca, las velas y una multitud expectante, también estaban tres chicas de Barcelona que han hecho de Lourdes, un año más, su casa.