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Magnifica Humanitas del papa León XIV: nueva visión y nuevo estilo pontificio

"La primera encíclica del papa León XIV nos sorprende con un nuevo estilo de argumentación: contemporáneo. Cabe destacar su tono general esperanzador pero realista que, siguiendo los pasos de San Agustín, retoma el tema de la civilización del amor "

Magnifica humanitas

Al terminar la lectura de la primera encíclica del papa León XIV, observamos con sorpresa la introducción de un nuevo estilo de argumentación: ya no es el clásico estilo eclesiástico, con numerosas referencias a los pensadores cristianos de los primeros siglos. Sino uno nuevo, contemporáneo, que dialoga con los diversos saberes y autores, hombres y mujeres, más allá de su origen confesional. Nos parece estar leyendo un texto de algún teólogo contemporáneo.

En primer lugar, cabe destacar el tono general esperanzador de la encíclica al abordar un tema tan controvertido y espinoso como el de la Inteligencia Artificial (IA). Pero es realista al describir la situación mundial de beligerancia permanente: «no se trata de una descripción sombría y pesimista, sino de una denuncia necesaria» (MH, 210). Esta denuncia se hace cristalina cuando se refiere a «los bombardeos contra civiles, los ataques a hospitales, a escuelas o a infraestructuras vitales, la violencia que afecta a los niños... escándalos que hieren a la propia humanidad» (MH, 216). Es como si se refiriera a los crímenes del ejército israelí en la Franja de Gaza. Asume la mirada de las víctimas «pues no es justo que permanezcamos neutrales ante los conflictos» (MH, 216).

Solo datos
La IA «no es moralmente neutra, pues todo artefacto técnico implica decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y la forma en que clasifica a las personas y las situaciones...

Pero al abordar directamente el desafío de la IA, de manera positiva, afirma enseguida que esta sigue siendo siempre artificial y nunca sustituye a lo natural (MH, 97). Sin embargo, «puede representar “una forma de participación en el acto divino de la creación”» (MH, 111). Este dato implica que debe asumir «una responsabilidad ética y espiritual especial, pues cada elección del diseño expresa una visión de la humanidad» (MH, 111; 117; 129). De hecho, este punto es decisivo en la visión del Papa: no basta con considerar si la técnica y la IA son buenas o malas y si sus fines son buenos, sino con aclarar «la visión subyacente, si tratan al ser humano como material que hay que perfeccionar o superar... o su progreso moral y social» (MH, 117). La IA «no es moralmente neutra, pues todo artefacto técnico implica decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y la forma en que clasifica a las personas y las situaciones... Hay que preguntarse “cómo es el diseño, qué idea de persona y de sociedad se inscribe en los datos y en los modelos que la guían”» (MH, 104). Es «intrínsecamente ambigua, puede defender o atacar, y la frontera entre la protección y la agresión tiende a difuminarse» (MH, 1832).

Es en este punto donde el papa León formula una crítica contundente a dos ideologías, el transhumanismo y el poshumanismo. Estas «otorgan una centralidad total a la técnica y al sueño de superar los límites de la condición humana» (MH, 116). El transhumanismo pretende potenciar exponencialmente las capacidades humanas (mediante la biomedicina, la ingeniería corporal y los algoritmos) para ser más eficiente y así obtener ventajas lucrativas.

El poshumanismo «pretende ir más allá del ser humano y conectarlo de tal manera con la máquina y el medio ambiente que inauguraría una nueva etapa de la evolución» (MH, 116). Aquí se menosprecian los límites naturales del ser humano y se promete una «salvación» puramente técnica» (MH, 117). Podemos decir que hoy, como han señalado varios analistas, impera una idolatría de la técnica, una verdadera religión. Entre nosotros lo ha denunciado públicamente nuestro neurocientífico de renombre mundial, Miguel Nicolelis.

Sería extenso comentar los diversos puntos abordados por la encíclica Magnifica Humanitas. Prácticamente su abanico abarca desde las filosofías de vida, pasando por la política (los diversos radicalismos), la economía (la financiarización y las criptomonedas), la recuperación del corazón, la educación, la importancia del imaginario social, la cuestión del trabajo y la ecología, desembocando en las utopías basadas en la cultura digital, tecnológica y cibernética y, finalmente, en la civilización del amor. Esta «no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente» (NH 186).

Trashumanismo
León XIV actualiza esta dialéctica con lo que está ocurriendo actualmente: un sistema de vigilancia y control sobre las poblaciones, propuesto por algunas plataformas digitales, especialmente la más perversa de todas, Palantir (controlar a todas las personas de un país y utilizar la IA para la guerra) y el sistema del cuidado del ser humano, de su relación respetuosa con la naturaleza y la confraternización universal entre los humanos y estos con el Todo

En resumen, se aprecia el background intelectual, teológico y espiritual del actual Papa. Se basa en San Agustín (354-430), inspirador de su Orden Religiosa (agustinos). Como es sabido, el obispo de Hipona, uno de los genios del pensamiento occidental, articula su visión de la historia en el juego dialéctico entre las dos ciudades y los dos amores (129-130): la ciudad terrenal y la ciudad celestial, el amor a Dios y al prójimo y el amor a uno mismo. Bíblicamente significa: construir la Babel, prototipo del ser humano que, con soberbia, solo piensa en sí mismo, olvidando a Dios, y reconstruir Jerusalén, ejemplo del ser humano que hace la historia pensando en Dios y, a partir de Él, en sí mismo (MH, 130).

León XIV actualiza esta dialéctica con lo que está ocurriendo actualmente: un sistema de vigilancia y control sobre las poblaciones, propuesto por algunas plataformas digitales, especialmente la más perversa de todas, Palantir (controlar a todas las personas de un país y utilizar la IA para la guerra) y el sistema del cuidado del ser humano, de su relación respetuosa con la naturaleza y la confraternización universal entre los humanos y estos con el Todo. Toda su reflexión presupone este enfrentamiento actual. Se posiciona claramente a favor del cuidado, del amor desinteresado, de la mirada de las víctimas, de los pobres y oprimidos.

Nos presenta un texto contemporáneo, de gran actualidad, con el lenguaje de nuestro tiempo y, por eso, accesible a todos, sin sacrificar la gravedad y la profundidad de las cuestiones que deben ser pensadas, asumidas y encaminadas de manera que generen esperanza en la posibilidad de un mundo diferente, afectuoso, amigo de la naturaleza y abierto al Infinito.

En conclusión, podemos afirmar que el actual Papa, siguiendo los pasos de San Agustín y la gran tradición doctrinal de la Iglesia sobre las cuestiones sociales (resumidas en la encíclica MH, nn. 28-44), retoma el tema de la civilización del amor (término acuñado por el Papa Pablo VI).

Él la define así: «consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y considerar al otro —sea persona o pueblo— como un aliado necesario para la construcción del bien común... Solo este amor puede generar un orden internacional estable, transformando la convivencia de una simple coexistencia armada en una comunidad de destino» (MH, 186).

León XIV

Leonardo Boff escribió El cuidado necesario: en la vida, en la salud, en la educación, en la ecología, en la ética y en la espiritualidad, Vozes 2012 ((https://www.leonardoboff.org).

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