Presbíteros Sociales - Sacerdotes Sociales
Recuerdo que, cuando recibí la ordenación presbiteral, ya muy entrado en años- varios amigos que fueron juntos a la celebración me preguntaron por la palabra presbítero, que había salido varias veces en la ceremonia. Eran personas de estudios, pero no conocían esa palabra. Esa es la razón por la que he duplicado el título de este artículo.
Siempre me impresionó lo que reconoce el concilio sobre las dificultades actuales de la predicación. Después de afirmar que los presbíteros “tienen como obligación principal anunciar a toda la gente el evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el Pueblo de Dios”, añade: “Pero la predicación sacerdotal, difícil con frecuencia en las actuales circunstancias del mundo, debe exponer la Palabra de Dios, para mover mejor a las almas de los oyentes, no solo de una forma general y abstracta, sino aplicando a las circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del evangelio”. (PO 5).
El día en que noté con presión esa dificultad fue un domingo en el que se lee un texto de la carta de Santiago. Me pidieron de una parroquia del centro que celebrara una de las misas. La gente que acude a esa parroquia ha hecho estudios y está bien situada. El capítulo 5 de Santiago dice cosas como estas: “Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad, el salario de los obreros que segaron vuestros campos y que no habéis pagado está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra lujosamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones para el día de la matanza” (5,1-5)
En un País de diferencias sociales tan enormes, donde los sindicatos están impedidos en todas o casi todas las empresas privadas, leer un texto como ese y comentarlo aunque sea brevemente, se hace muy cuesta arriba. No es que no haya que decirlo. Hay que decirlo, quizás con expresiones menos brutas. La verdad duele; y la verdad económica sobre los sueldos y sobre el abuso contra los trabajadores puede ir más allá de la molestia o disgusto que produzcan tales predicaciones.
Es cierto que la Iglesia ha dicho cosas buenas sobre el problema social, en un tono menos agresivo que el texto mencionado. Los textos bíblicos tienen más fuerza que cualquiera de los documentos de la Iglesia. Son portadores de enseñanzas sociales fundamentales. Pero hemos de reconocer que, en conjunto, la Doctrina Social es el cuerpo ideológico más importante que tiene el mundo de hoy. Lo que ocurre es que el tema social no es una fuente habitual de las catequesis y predicaciones.
Todos los sacerdotes debiéramos cultivar la sensibilidad social y el conocimiento básico de los problemas sociales y políticos de nuestro país y del mundo. Pero reconozcamos que nuestra vocación presbiteral lleva consigo algunas dificultades contra la dimensión social de la fe cristiana. La ordenación nos coloca en un estatus social superior al de la mayoría de la población, sobre todo en los países pobres, lo cual es un obstáculo para una predicación libre y comprometida. Por otro lado, el trabajo parroquial absorbe todas las energías de los sacerdotes, y más si el sacerdote tiene varias parroquias a su cargo. Y es posible que la formación recibida en determinadas instancias no desarrolle el sentido social.
A pesar de esas y otras dificultades, es necesario que los presbíteros afinemos el sentido social con estudios y lecturas y con el contacto directo con algunos trabajadores. No se adquiere el verdadero sentido social solamente con lecturas. La visión directa de la realidad y el contacto con los trabajadores han son factores necesarios para adquirir sentido social. Los sacerdotes lo necesitamos, si queremos ser fieles a nuestra vocación de voceros de la Palabra de Dios y evangelizadores. Recordemos que la evangelización tiene dos dimensiones, religiosa y social. La evangelización queda coja, cuando cultivamos con fuerza la dimensión religiosa y abandonamos o descuidamos su dimensión social.
Patxi Loidi, pbro / francisco.loidi@gmail.com