Quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie
"Seamos artífices desde el amor del bien: reconciliando, reconstruyendo, corrigiendo; haciendo fuerte nuestra comunión para que disfrutemos de las maravillas que Dios siempre hace posibles"
El amor es principio del bien.
Se puede confiar en quien ama porque quien ama siempre busca el bien.
Dios busca siempre nuestro bien, aún cuando Dios nos tenga que corregir del mal que hacemos; porque el mal nos saca del centro que es el amor y si el mal nos saca del centro que es el amor, nos está alejando de la bendición porque la bendición es el deseo del mayor bien para alguien.
En este domingo 23 del tiempo ordinario se nos invita en los textos de la escritura a vigilar, cuidar y fortalecer desde un amor que busca el bien mutuo.
- Si tu hermano comete un pecado ve y amonéstalo a solas
El Reino de Dios es el reino del amor y de la vida.
El pecado se manifiesta en la misma debilidad humana y nos lleva a alejarnos del bien, de la comunión y por lo tanto de una vida de comunión en comunidad, en familia.
Hay una razón para corregir: se corrige para configurar el amor y el bien que se han lastimado desde la propia debilidad humana.
- Se nos invita a tomar conciencia desde la corrección
La corrección no debe ser pretexto para venganzas o desquites en nuestras relaciones humanas.
Se corrige porque se ama y para que todo se estreche desde el amor.
Al amar y buscar el bien del prójimo se procede con la prudencia de una sinceridad que busca como hacer comprender y tomar conciencia del pecado o del mal que se ha hecho, y que daña a quien lo ocasiona, y eso mismo va haciendo daño a la comunidad, a la familia y a nuestro hogar.
Hay quienes buscan corregir sin amor ni buscando el bien. Muchos buscan hacer presentes los pecados o males de otros exponiéndolos públicamente, pero que no han buscado acercarse primero a solas para corregir, en actitud sincera de hermano, para decirle lo que está haciendo o viviendo mal. los que buscan hacer daño o perjudicar no proceden de Dios.
- Todo lo que aten o desaten en la tierra quedara atado o desatado en el cielo
Bien lo oramos en el Padre nuestro: hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
La tierra es donde ahora vivimos, en una libertad que nos permite tomar nuestras propias decisiones y emprender nuestros propios caminos.
Al cielo llegaremos con el registro propio de lo que en la tierra hemos vivido con entera libertad.
Por eso es muy importante tomar conciencia de cómo estamos viviendo nuestra vida aquí en la tierra.
Por eso le dice Dios al profeta Ezequiel: te he constituido centinela para la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.
En la tierra nos toca hacer la voluntad de Dios, que se expresa en los mandamientos divinos, con una libertad que se conduce desde un amor y se ilumina por la verdad y el bien.
- Unidos los unos y los otros, entonces nuestra oración lo consigue todo de parte de Dios
A veces oramos sin la fuerza de la comunión por nuestras divisiones, nuestros pleitos, envidias, enojos y nuestra oración no alcanza de Dios lo que pedimos. Porque, aunque oramos en un mismo lugar y con una mismas guías de oración, al estar divididos, Dios no se hace presente en los corazones divididos.
Por eso Jesús nos recuerda: antes de presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas ahí de que tienes algo contra tu hermano, ve y reconcíliate con tu hermano y luego presentas tu ofrenda en el altar.
Hoy queremos que Dios nos bendiga y ayude, pero vemos cuanta división se causa en el mundo. Hablamos y actuamos mal unos con otros, buscando cada uno sus propios intereses y luego vociferamos para que Dios nos escuche y vemos que nuestro mundo va de mal en peor.
Seamos artífices desde el amor del bien: reconciliando, reconstruyendo, corrigiendo; haciendo fuerte nuestra comunión para que disfrutemos de las maravillas que Dios siempre hace posibles.