El Discípulo al emprender el camino de Dios vive para Dios y hace presente a Dios
En este domingo 13º del tiempo ordinario la liturgia de la palabra nos invita a meditar en Vivir en Dios y para Dios para comunicarlo en la forma maravillosa como se puede comunicar a través de cada uno de nosotros.
- Al Profeta Eliseo se le invita a comer y a quedarse en una habitación que se le ha preparado
Una mujer distinguida invita al profeta a su casa con una generosidad manifiesta, diciendo a su esposo que el profeta es un hombre de Dios.
Queda manifiesto que el profeta es un hombre de Dios cuando este le dice a la mujer ya anciana: el año que viene por estas fechas, tendrás un hijo en tus brazos.
La mujer recibió al profeta por ser un hombre de Dios. Ella no se imaginaba ni esperaba la bendición que el profeta le traería: tener un hijo en su ancianidad.
De la misma manera obra Abraham cuando recibe a los enviados de Dios y les prepara con Sarah de comer y beber en su propia casa y uno de los enviados le dice a Abraham: el próximo año por estas fechas tendrás un hijo.
Así sucede con los discípulos de Emaús que al ver caminar y hablar con ellos al forastero Jesús, le piden que se quede con ellos en su casa de la aldea, porque ya es tarde, y al sentarse a la mesa y partir el pan se les revela que ese forastero es Jesús resucitado y la fe de los discípulos resucita.
- El bautismo nos ha dado la vida de Dios
Con el bautismo estamos llamados a vivir para Dios a la manera de Jesús, quien no vive para Él sino que vive para el Padre.
Jesús al vivir para el Padre, dispone su vida en las manos del Padre, quien en Su Voluntad le pide entregar su vida para nosotros: este es mi Hijo amado en el que tengo todas mis complacencias, escúchenlo.
La vida de Jesús vence la muerte en la cruz con su muerte y al resucitar con el poder que el espíritu de vida que el Padre le ha comunicado es una vida que se desborda para todos nosotros de forma permanente y revelándose de forma nueva y creadora, como es la vida misma que viene de Dios.
- No vivimos ya para nosotros mismos
El Padre y la Madre que han comunicado vida en el amor entienden que ya no viven para ellos mismos sino para el mismo amor que se manifiesta en la vida de los hijos; y esa belleza de los hijos, que revela el amor de los padres, es un amor cuya unidad se refleja en los hijos en la misma vida que ha comunicado su amor.
Por eso Jesús nos invita a ver en el amor el camino de la vida que él quiere desbordar a través de sus discípulos.
En el profeta Eliseo manifiesta este amor de Dios hecho vida cuando bendice a la anciana para que tenga un hijo, a pesar de su ancianidad.
Así, a través del amor, Dios se hace presente en sus discípulos, como dice Jesús: quien me ve a mí ve al Padre… dice Jesús a los judíos: sino creen en mí créanlo por mis obras.
El amor trascedente que Jesús invita a los discípulos a vivir, es un amor que dará mucha vida al resucitar a muertos, al liberar endemoniados, al dar de comer a los hambrientos, al curar a los enfermos
Caminamos como discípulos de Jesús en la vida de un amor que nos une, a la manera como Jesús lo hace con nosotros.
Por eso quien recibe a un discípulo y le da de beber y comer recibirá la misma vida de Dios de la cual el discípulo o enviado es portador, como pasa en la casa de Cafarnaúm de Pedro, donde su suegra es curada o en Betania, la casa a donde Jesús acudía a comer con frecuencia y era recibido con sus discípulos, por eso Martha se afanaba en el quehacer de comida, ahí fue resucitado Lázaro.
¡Es la vida manifiesta de Dios en Jesús y en quienes Él ha elegido para comunicar su vida desde un amor que es capaz de renunciar a todos los apegos temporales para revelar su grandeza!
