Jesús es el camino que Dios nos indica a seguir
“Este es mi Hijo amado en el que tengo todas mis complacencias, escúchenlo”
“El que quiera seguirme, tome su cruz y sígame”
“Nadie va al Padre sino es por mí”
El Espíritu de Dios es quien nos abre e indica el camino que habremos de seguir para hacer la obra de Dios.
Jesús, impulsado por el Espíritu, se retiró al desierto durante 40 días y 40 noches donde fue tentado por el enemigo. Jesús supo mantenerse en el camino de la voluntad de Dios a pesar de que el enemigo quiso desviarlo.
Siempre que llegan momentos definitivos para trascender en la misión, vamos a experimentar la tentación que tratará de desviarnos del camino de Dios.
El enemigo tiene sus caminos y hay que distinguirlos para que no nos aparte del camino de Dios.
Por eso Jesús nos dirá: el camino de la salvación es angosto y pocos entran por el, en cambio el camino de la perdición es amplio.
El camino de Dios siempre va a ser exigente.
Nuestra mentalidad cristiana nos lleva a ser conscientes de que el camino de Jesús es exigente. Ya lo expresan aquellos discípulos que dicen: quien podrá soportar esto y muchos discípulos deciden ya no seguir a Jesús y, entonces, Jesús preguntará a los más cercanos: ¿también ustedes me van a dejar? Y Pedro responderá: Señor tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído que tú eres el Hijo de Dios.
Jn 16,13: Cuando venga el Espíritu de la verdad los conducirá a la verdad plena.
No podemos hacer el camino de la fe, el camino de Jesús sin la conducción del Espíritu de la verdad.
Por eso es fundamental el acontecimiento de Pentecostés porque les permite a los discípulos continuar la obra que Jesús empezó en ellos.
Lc 4,18: El espíritu del Señor está sobre mi porque me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres…
No podemos hacer el camino de Jesús y con Jesús sino somos conducidos por el Espíritu de Dios.
Hech 20,23-24: Lo único que sé es que, en todas las ciudades a donde voy, el Espíritu Santo me dice que me esperan la cárcel y muchos sufrimientos. Para mí, sin embargo, mi propia vida no cuenta, con tal de que yo pueda correr con gozo hasta el fin de la carrera y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios.
Por eso de san Pablo se dirá: el Espíritu Santo dice que en Jerusalén los judíos atarán así al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los extranjeros.(Hech 21,11).
De Jesús hablan los profetas y refieren el sufrimiento que debe vivir como Mesías.
La pregunta es: en nuestro camino de la cruz: ¿Qué sufrimientos vamos viviendo en nuestra entrega de fe y en nuestro servicio de vida cristiana? Lo anterior es para meditar y hacerlo oración cada día.
