Jesús se compadece y ayuda a la extranjera que se lo pide

"En los países y ciudades donde vivimos decimos que ahí está Dios, pero negamos nuestra profesión de fe en Él cuando negamos tener misericordia con quien lo necesita"

La cananea y Jesus
La cananea y Jesus

¿Cuántos de nosotros no hemos salido en busca de oportunidades a otros lugares fuera de nuestro lugar de origen?

Jesús, encontrándose en la comarca de Tiro y Sidón, le sale al encuentro una mujer que le suplica ayuda para su hija que está atormentada por un demonio y Jesús le dice que no está bien quitarle el pan a los hijos para dárselo a los perritos pero la mujer le responde que ella sólo quiere las migajas que caen de la mesa.

Jesús y la cananea
Jesús y la cananea
  • Lo que Jesús da es Su Espíritu que da vida

La mujer cananea pide sólo migajas de un pan que da vida.

Jesús es el pan de vida.

Lo que venga de Jesús lo será todo para cada uno de nosotros.

  • La mujer cananea sufre por su hija

Sólo Jesús puede liberar del demonio a la hija de la cananea.

Por eso la mujer suplica: ¡Señor, ayúdame!

Los discípulos ya han pedido a Jesús que ayude a la cananea, la mujer misma pide ayuda, y Jesús siempre escucha.

  • La insistencia a tener compasión

Dios siempre escucha a quien sufre porque Dios es misericordioso.

Quien sufre pide misericordia y compasión.

Cada uno de nosotros sufrimos en diferentes momentos de nuestra vida y siempre pedimos misericordia en los diferentes modos como necesitamos esa misericordia.

En la primera lectura de Isaías se nos recuerda que el templo de Dios será casa de oración para todos los pueblos.

Tiro y Sidón se convierten también como parte del templo de Dios porque ahí esta presente y vivo Jesús, a quien la cananea le suplica: ¡Señor, ayúdame!

En los países y ciudades donde vivimos decimos que ahí está Dios, pero negamos nuestra profesión de fe en Él cuando negamos tener misericordia con quien lo necesita.

En el templo de Dios siempre hay misericordia.

Dios se manifiesta vivo donde hace falta esa misericordia.

  • La salvación y la justicia llegan en la misericordia para todos

Dios se muestra en su amor y salvación para con todos, sea para el pueblo elegido como para los extranjeros.

Nuestra esperanza radica en que somos amados por Dios y, que siempre que lo invocamos, apelando a su misericordia, seremos escuchados por él.

Suplicar quitando de nosotros cualquier arrogancia, sabiéndonos postrar para pedir lo que necesitamos.

Reconocer, ante todo, que Jesús es misericordioso. Eso nos da una esperanza tan fuerte que nuestra súplica se vuelve insistente, hasta obtener lo que necesitamos.

En la misericordia, nunca nos cansemos de perseguirla e invocarla para obtenerla.

De igual manera, siempre seamos prontos a tener misericordia con quien la necesita y nos la pide.

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