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La juventud cristiana también está en Sol

Les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos

Parábola de los viñadores homicidas

Dios llama, elige y trabaja de forma desbordada con quien sirve y colabora en obediencia con Él.

Desde la imagen del llamado de Abraham como del llamado de los discípulos de Jesús, Dios va haciendo su obra.

El pueblo de Israel nace con Abraham y va creciendo en los hijos y descendientes porque la mano de Dios está con él. 

La iglesia nace y crece con Jesús, quien elige a sus apóstoles y los envía hasta los últimos rincones de la tierra.

Dios hace crecer, Él da la lluvia y hace fecundar en frutosabundantes.

Hemos sido llamados a dar cada uno los frutos de acuerdo con los dones que el Espíritu Santo nos hace participes.

No somos dueños sino sólo servidores.

Los profetas han anunciado al Mesías, Juan el Bautista ha indicado que Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y Pedro ha confesado que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Quienes han reconocido que Jesús es el Mesías son quienes han seguido participando en la obra del Reino de Dios.

Quien no han reconocido a Jesús como el Mesías y como la vid a la que hay que estar unidos para dar frutos y permanecer, son quienes han sido descartados de las gracias para dar frutos.

En este domingo 27 del tiempo ordinario se nos invita a meditar:

- Solo somos servidores que tenemos que cuidar de la viña

La viña ha sido preparada en ladera fértil, con plantas selectas, sin piedras y con la tierra removida. La viña escogida ha sido la casa de Israel y la plantación preferida los hombres de Judá.

Se esperaba de los servidores rectitud y sólo ha habido iniquidades. Aquí no ha reinado Dios sino la voluntad desviada al mal con frutos malos que llevan a perecer.

- Poner por obra cuanto es verdadero, noble, justo amable, puro, honroso, lo que sea virtud.

Es posible buscar y vivir lo verdadero, noble, justo, recto para que el Dios de la paz custodie nuestros corazones.

El Espíritu Santo se deja sentir consoladoramente, con la fuerza de su vida que nos llena de paz cuando caminamos en lo verdadero porque Cristo es la verdad y el Espíritu Santo es quien nos guía a la verdad plena.

En esto último, buscamos estar en plena comunión con Cristo, y vamos progresivamente desechando el mal, la mentira, luchando para ir venciendo el pecado que nos domina, muchas veces, de diferentes maneras.

De ahí la necesidad de acercarnos constantemente a la gracia, mediante la conversión que cada uno tenemos que ir viviendo, de acuerdo a cuanto cada uno va necesitando de esa conversión para que sea Dios el que reine en cada uno de nosotros.

A través de esta conversión se va haciendo posible nuestra semejanza con Dios como sus hijos, como Jesús dice: quien me ve a mí ve al Padre.

Y como Jesús dirá a sus discípulos: para que vean que son discípulos míos.

San Pablo dice: pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí y el Dios de la paz estará con ustedes.

Hagamos posible la permanencia de Dios entre nosotros, siendo dóciles a él y considerándonos siervos de su Voluntad, buscando hacer lo que a Él le agrada, prevaleciendo Dios en nosotros y disminuyendo nuestros egos, haciéndonos pequeños como el grano de mostaza para que Él se muestre en su grandeza en cada uno de nosotros.

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