No tengas miedo cuando has actuado desde la Voluntad de Dios y has encomendado tu causa a Dios
Actuar en Dios es actuar rectamente en Él y ante las grandes dificultades que en la vida se atraviesan para cada uno, siempre la fuerza de tu espíritu, que te hace trascender, te fortalecerá en la confianza en Dios.
En este domingo del 12º del tiempo ordinario, la liturgia de la palabra nos invita a caminar y actuar en esa confianza puesta en Dios y a no tener miedo a aquello que se dice o hace a nuestras espaldas con la típica característica de la traición humana.
Esta traición humana se da cuando los intereses son otros en aquellos que nos rodean.
Muchas veces el ser humano puede sonreír o llorar pero lo que hay en el corazón es lo verdadero y Dios es el único que conoce lo verdadero.
- Porque a ti he encomendado mi causa
El Profeta Jeremías ha encomendado su causa a Dios.
Jeremías no ha hecho otra cosa que obedecer y cumplir cuanto Dios le ha pedido.
Los amigos de Jeremías lo espían, le ponen trampas porque Jeremías solo ha actuado en la fuerza de la verdad que Dios le ha comunicado.
El único que conoce el corazón de cada uno de nosotros es Dios.
Por eso el Espíritu Santo es el que guía a los profetas, a Moisés, a Elías, a María y a José, a Jesús y a sus Apóstoles.
Nuestra vida de bautizados tiene que crecer en la gracia del Espíritu Santo porque en Él nos debemos mover para llevar a cabo la obra de Dios.
El Espíritu Santo es quien nos ayuda a conocer lo que estamos viviendo, lo que vendrá, con quien nos relacionamos y en qué medida nos debemos relacionar con cada persona; con la sabiduría, prudencia que corresponde con cada persona.
Por eso Jeremías deja en las manos de Dios a los malvados, quienes en sus intenciones oscuras buscan acabar con él.
Jeremías todo lo supera porque la mano de Dios lo sostiene, lo salva y lo hace seguir la misión que Dios le ha encomendado.
Sigamos en la Misión de Dios.
- Con el Don no sucede como con el delito
San Pablo en la carta a los Romanos nos recuerda que el Don que hemos recibido en Jesucristo lo alcanza todo.
El Don de Jesucristo nos ha redimido.
Hemos sido perdonados y puestos de nuevo en un camino de gracia donde nuestra voluntad debe conducirse en no seguir pecando para que esa gracia recibida por Jesucristo nos lleve a crecer, a ser plenos, a vivir en paz y armonía, a vivir el gozo feliz de una libertad que no se deja corromper ni esclavizar.
En este Don, Dios es nuestro Padre y recibimos el Espiritu Santo.
En este Don de la Santísima Trinidad estamos llamados a vivir en un camino de comunión con los hermanos.
El Don nos reconcilia y por eso en ese Don somos invitados a vivir en la comunión con los hermanos, en la medida de Jesucristo, como Jesucristo lo hace con nosotros, nosotros lo debemos hacer con los hermanos.
Un camino de comunión en el amor que va progresando en la misma medida que el amor lo va haciendo posible en cada uno, respetando, esperando, perdonando, alentando.
El Espíritu Santo es quien guía en la verdad y el amor hacia la comunión. Siempre debemos ir detrás del Espíritu Santo en su guía y conducción.
- No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
El Espíritu Santo es la vida que se comunica de Dios, esa es la vida que nunca debemos perder.
En nuestras relaciones humanas no siempre prevalece la vida del Espíritu Santo porque los seres humanos se mueven por intereses humanos que no siempre son la voluntad de Dios.
Estar y caminar en las manos de Dios, exige confiar en Dios y alimentar nuestra vida en el mismo espíritu de Dios para que nada nos confunda ni desaliente porque: no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, no hay nada secreto que no llegue a saberse.
Siempre hay que actuar y decir las cosas desde Dios, con la sabiduría de Dios, sin temor alguno, con la fortaleza que viene del Espíritu Santo.
