La semilla es la palabra del Reino que comunica la presencia de Dios que nos da vida

Semillas de futuro
Semillas de futuro

Somos dichosos porque Dios nos habla y toca nuestros corazones con su presencia que se nos comunica para iluminar nuestras mentes y conducir nuestros pasos.

En este domingo 15º del tiempo ordinario se nos invita a meditar y reflexionar en la palabra que sale de la boca de Dios como semilla que nos revelará todo cuanto nos quiere dar a conocer y alimentar con sus frutos.

Semilla de fe
Semilla de fe

Nos alimentamos con los buenos frutos que día a día sostienen, dan vigor y hacen crecer nuestra vida.

La palabra de Dios nos ilumina porque es una palabra que nos comunica la verdad y nos da vida.

  • Es una palabra que penetra hasta lo más íntimo de nuestro ser 

La buena semilla busca los mejores terrenos para echar grandes raíces que lograran sostener la grandeza de nuestro crecimiento.

Entre más se crece más profundas deben estar esas raíces para sostener todos los embates propios de la grandeza.

Esa grandeza tiene un horizonte de mirada más amplio, con un radio de mirada que le hace distinguir mejor todo que le rodea. 

Una mirada que le ayuda a ver lo que otros no pueden ver, en razón de la ventaja que le da la grandeza, que le permite ver mejor.

Los embates del viento le llegan con más fuerza a quien ha crecido más y por eso sus raíces tienen que estar sólidas y más grandes.

Es quien capta mejor las lluvias, el sol, el viento y que tiene las posibilidades de seguir dando mayores frutos.

  • ¿Cómo es nuestro terreno para recibir la semilla que nos trae vida?

La semilla como la palabra que nos trae vida la podemos ver en los Apóstoles que escuchan y aprenden de Jesús como discípulos, ahí vemos a los discípulos de Emáus que dicen: mientras nos hablaba en el camino, ardía nuestro corazón; o la Virgen María que le dice al ángel Gabriel: hágase en mi según tu palabra.

En la virgen María, quien acoge la palabra del Ángel Gabriel, empieza a actuar Dios en la presencia del Espíritu Santo que nos hace posible el nacimiento de Jesús que va a cambiar la historia de la humanidad para redimirnos, darnos vida y llevarnos al cielo.

  • ¿Qué ha sembrado Dios en nosotros y como ha sido nuestro terreno?

Si esas semillas han caído en nosotros y no las hemos acogido en profundidad, el diablo está pronto a que esas semillas sean arrebatadas del corazón.

Por eso Jesús dirá de María, la hermana de Lázaro y Martha, María ha escogido la mejor parte que no le será quitada.

Y el Padre dirá en el monte de la trasfiguración: este es mi hijo amado, escúchenlo.

¿Cuántos de nosotros hemos sido como el terreno pedregoso cuando nos hemos entusiasmado con bellas experiencias de fe y de gracia pero nos ha faltado la constancia de la perseverancia que permite echar las buenas y profundas raíces que hacen posible la grandeza y los frutos?

También cuando nuestras preocupaciones nos ahogan y oprimen algo fundamental en nuestra relación con Dios, y ese algo fundamental es la confianza.

El campesino que cuida la tierra cuando ha echado la semilla no se imagina como serán los frutos, pero se esfuerza para dar los mejores cuidados, quitar la hierba, regar a tiempo para que no se ahogue la semilla ni le falte el agua, todo en la justa medida, todo en la virtud, sin exageraciones ni descuidos.

Veamos cada uno el potencial de nuestros frutos que nos alimentan y dan vida, y seamos como Jesús, alimento para los demás, con el ejemplo de una vida que sabe comunicarse en un amor que redime y que trae la paz.

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