El autor de 'Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa' sueña con sentirse en la Iglesia como en una familia real Ronald Rivera: "Tenemos la oportunidad de eliminar los vicios postconciliares que se han ido colando"

Ronald Rivera
Ronald Rivera

"Este proceso sinodal tiene mucho de tomar la tradición que tiene la Iglesia junto con aspectos de renovación. De ubicar este proceso sinodal, que es la invitación que nos hace el pontificado de papa Francisco, dentro de un contexto histórico"

"Es necesario que este proceso de escucha sinodal todavía sea desarrollado con mayor amplitud dentro del sector de la Iglesia"

"Los vicios que se han ido colando del postconcilio han hecho que ese espíritu del Concilio Vaticano II se retrase, o merme, y, simplemte, nos toca retomar y volver a aprender lo que los padres conciliares dijeron"

"Es una oportunidad de eliminar vicios que se ha ido colando como son el clericalismo, algo que recalca el Papa Francisco, o como el laicismo. Porque también hay laicos que contribuyen a fomentar estas estructuras de poder que son totalmente anómalas"

"Uno de los paradigmas más grandes que tenemos que romper es el miedo a hablar, a conversar, a dar tu opinión hasta tener un pensamiento crítico"

"La sinodalidad rescata valores que hemos descuidado por años"

"La obsesión sexual y la malformación en el poder son los dos vicios que le han causado más daño a la Iglesia"

"Ese problema de que todo lo sexual tiene que terminar en un pecado es, simplemente, algo que se ha asumido y que no corresponde a la realidad porque la sexualidad es algo integral dentro de toda la vida y no es lo único"

"Caminar juntos significa que todos lleguemos a la meta, aunque eso implique que tenga que tardar más tiempo yo en hacerlo"

Hablamos con Ronald Manuel Rivera, autor del libro 'Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa', resultado de un trabajo conjunto de la arquidiócesis de Santiago de Compostela y otras comunidades latinoamericanas de distintos países. En concreto, él se encargó de la redacción y de la parte de los antecedentes históricos. Según nos cuenta: "Este proceso tiene mucho de tomar la tradición que tiene la Iglesia junto con aspectos de renovación".

Un proceso, el sinodal, al que no le faltan obstáculos precisamente por lo que tiene de renovación y de volver a las raíces retomando el espíritu conciliar del Vaticano II que, a su juicio, "a través de vicios que se han ido colando del postconcilio, ha hecho que ese espíritu se retrase o merme y ahora tenemos una oportunidad de eliminarlos"

-'Descubriendo la sinodalidad escucha discierne y actúa'. ¿Que nos cuentas en este libro, Ronaldo?

-En este libro, tenemos la recopilación de un trabajo que se realizó a través de la arquidiócesis de Santiago de Compostela, junto con otras comunidades latinoamericanas de distintos países. Fue un trabajo para el que nos reuníamos una vez por semana, gracias a la tecnología, a través del zoom, y este libro refleja todas las conclusiones de prácticamente dos o tres meses de este trabajo en común de la eclesial hispanoamericana. Y tiene participación de sacerdotes, de, por ejemplo Venezuela, hay parte del testimonio de religiosas y de laicos. Yo me encargo de la redacción y de la parte de los antecedentes históricos. De ubicar este proceso sinodal, que es la invitación que nos hace el pontificado de papa Francisco, dentro de un contexto histórico. Algo que es totalmente nuevo. Este proceso tiene mucho de tomar la tradición que tiene la Iglesia junto con aspectos de renovación.

Entonces, en el libro confluyen esas dos líneas.

-¿Está saliendo, este proceso de sinodalidad, como se soñaba, o todavía hay muchos problemas, muchas renuncias, dificultades a la hora de llevarlo a cabo?

-Hay dificultades y son evidentes. El mismo hecho de que se haya tenido que dividir la asamblea de obispos hasta el año 2024, es un signo de que el proceso de escucha no ha sido un proceso que ha llegado aquí en su totalidad a todo el pueblo de Dios.

Ha habido dificultades, como lo dice, incluso, el documento, que sacó el Sínodo para la preparación de la fase continental, muy recientemente, y yo tuve oportunidad de leerlo, algo rápido, pero una de las cosas que denota es la resistencia que ha habido de parte de distintos sectores de la Iglesia, tanto del clero como del de los laicos.

Recientemente, tuve una conversación con un grupo de la Nunciatura de aquí, de España, y lo que más destacaban era que hay un porcentaje mínimo, a nivel cuantitativo de la Iglesia, pero muy significativo, que son los laicos comprometidos en la iglesia, que todavía tienen muchos muchas dudas y que no han sido suficientemente aclaradas porque también hay desconocimiento incluso del clero.

Entonces, hace falta que este proceso de escucha sinodal todavía sea desarrollado con mayor amplitud, dentro del sector de la Iglesia.

Se parte con muchos prejuicios y eso es lo que tenemos en contra. Hay que tener un espíritu de avance, un espíritu de que todo puede ser mejor y dejar los temores que nos arrastran o, peor aún, nos paralizan.

-¿Llegamos tarde en la Iglesia española a este proceso sinodal? Tanto con respecto al resto de la Iglesia, como con respecto a una sociedad para la que, lo queramos o no, la institución ya no es una institución influyente como lo era hace unos años.

-La realidad de la Iglesia de España pienso que no dista mucho de las realidades de otras iglesias. Esta inseguridad con respecto al tema sinodal lo pude constatar en el trabajo que se hizo con otras iglesias, por ejemplo latinoamericanas, y el desarrollo ha sido muy parecido.

Hay comunidades con las que tuvimos oportunidad de trabajar, la de Guatemala, por ejemplo, donde la sinodalidad era un tema totalmente desconocido. Lo conocían por el trabajo que hacían junto con nosotros a nivel de otras Iglesias latinoamericanas y en España.

España está muy bien conectada dentro de Europa y eso hace, por ejemplo, que no hay personas que no hayan escuchado sobre el tema de la sinodalidad. Ahora, de ahí a que se hayan incluido dentro un proceso homogéneo de preparación y de catequésis, dista mucho. Lo que más importa, dentro de España, incluso de otras realidades eclesiales, es que hay una polarización, como si fuesen una especie de partidos políticos donde se dan grupos que se han alineado a una posición contaria a todo lo que significa un progreso, y hay otro grupo que tiene unas propuestas incluso por encima de las oficiales dadas por la Iglesia. Hay una polarización y en esto no hay términos medios.

Sociedad

-¿Cómo afrontas el futuro de la sinodalidad? Porque da la sensación de que es una oportunidad fantástica para la iglesia pero para la que no nos han educado. De repente, después de muchos años, de "obedecer uan serie de normas", ahora se nos pide que propongamos, y que construyamos Iglesia. Que nos corresponsabilicemos.

Parece que esto debería generar un proceso largo y, a la vez, es complicado dejar que pase más tiempo sin tomar decisiones de corresponsabilidad real, de participación, de toma de consideración y de entrar, incluso, en las instituciones de poder y de influencia por parte de todos los bautizados, no solo del clero.

-Fíjate que con la sinodalidad, tal como lo presenta, dentro de un aspecto histórico, tenemos que remontarnos desde el espíritu del Concilio Vaticano II. Esta propuesta del pontificado no es una novedad en cuanto a un invento del Papa Francisco; es, simplemente, retomar el trabajo de aquel espíritu conciliar, hace 60 años, si no me equivoco. Y que, lamentablemente, a través de vicios que se han ido colando del postconcilio, ha hecho que ese espíritu se retrase, o merme.

-Lo que sucede, también, es que muchos de los que, supuestamente, tenemos que construir esa Iglesia, hace 60 años, o no estábamos o éramos muy jóvenes o hemos vivido una Iglesia en retroceso en ese sentido.

-Sí, exacto. Entonces, nos toca retomar y volver a aprender lo que los padres conciliares dijeron. Porque, como dices, es una Iglesia joven con respecto al tiempo y que necesita aprender sus orígenes. Y esto del espíritu de sinonalidad nos invita, precisamente, a volver al principio, que era lo que proponía Concilio, y eso significa vivir la comunidad como lo presenta el Evangelio y como lo presenta, por ejemplo Hecho de los Apóstoles, las Sagrados Escrituras.

Es una oportunidad de eliminar vicios que se ha ido colando como, por ejemplo, algo que recalca el Papa Francisco, el clericalismo, como también el laicismo. Porque también hay laicos que contribuyen a fomentar estas estructuras de poder que son totalmente anómalas y que, lamentablemente, persiguen intereses personales, en vez de procurar el bien común o procurar la salvación de las almas.

Justamente, uno de los paradigmas más grandes que tenemos que romper es de tener miedo a hablar, a conversar, a dar tu opinión hasta tener un pensamiento crítico. Estamos acostumbrados a que solamente obedecemos o asentimos a lo que el sacerdote o párroco dice, y no hay una propuesta de laico dentro del fiel, dentro de la Iglesia, por temor a contradecir lo que el clericalismo impone o, simplemente, porque siente que no tiene la formación adecuada para poder tener una conversación de ese nivel. Y estamos hablando de que cuando hablamos de comunidad, la misma raíz, comunidad, viene de común. En la cual no hay más, ni menos, sino que todos tenemos la dignidad del Hijo de Dios.

Aquí, la sinodalidad rescata valores que hemos descuidado por años. Por ejemplo, el papel de la mujer; es algo que yo siempre recalco e intento siempre resaltar porque nosotros tenemos una gran deuda como Iglesia con la figura femenina. Por un lado, hablamos de igualdad, de dignidad y, por otro lado, en la práctica, no dejamos que eso surja de esa manera. Para mí es como colocarle un límite al Espíritu Santo mismo en la acción normal, cotidiana. Lo que debería de ser una comunidad.

En este último documento que sacó la Comisión de la sinodalidad, se habla sobre el aspecto de la escucha y sobre la la recepción a las personas. A todas las personas. Especialmente a los que buscan a Dios. Y menciona, directamente, el caso de aquellas personas, de aquellos fieles que han sido marginados históricamente.

No solamente hablamos de la parte de la homosexualidad, sino también del caso, por ejemplo, de los divorciados vueltos a casar, el caso de las madres solteras, de casos de las realidades puntuales que no podemos omitir, que no podemos tapar, aunque sea el deseo de muchos. Son personas que han sido descuidadas pastoralmente y que tienen el mismo derecho de tener el mismo trato, tanto pastoral como sacramental, con respecto a otros fieles.

En estos casos hay que distinguir, muy puntualmente, que no es una aceptación del pecado como naturaleza propia maligna porque sería algo contradictorio. Estamos hablando de que sobre los actos pecaminosos hay una persona, un rostro humano, una realidad; hay circunstancias que no se pueden omitir.

-Da la sensación de que estamos demasiado obsesionados, incluso hoy, con el tema del sexo y la sexualidad. Con el hecho de que uno sea hombre o mujer para tener determinadas responsabilidades. O con lo que pasa en la cuarta que va de la cartera a la bragueta; que parece que todo, única y exclusivamente, va de eso cuando en el evangelio de Jesús hay muchísimas más cosas. Incluso en aquellas comunidades en las que, como tú dices en el libro, nos tenemos que reflejar para construir la diversidad del siglo XXI, esos temas no eran los fundamentales. Los temas fundamentales eran la organización de un grupo de gente que quería llevar un mensaje y que quería construir sociedad y vida a partir del modelo de vida de Jesús.

-Sí. No es algo nuevo la obsesión por lo sexual. Igual que el desvirtuar el poder en imposición de mi criterio y no de oportunidad de servir. Esos dos vicios; la obsesión sexual y la malformación en el poder, son los dos vicios que le han causado más daño a la Iglesia. Eso no parte de ahora. Para mí, la obsesión de lo sexual es una visión neoplatónica que surge de San Agustín, de esta visión de que el cuerpo es malo y el espíritu es bueno; de todo lo que tenga que ver con esa dicotomía, de esa separación de lo anímico con lo corporal y lo sensorial de la que la Iglesia fue muy abanderada.

Incluso aquí en España, vivimos de esa contrarreforma.

-La Inquisición quemaba los cuerpos para salvar las almas.

-Exacto. Sin desvirtuar el mérito de los santos, tenemos, por ejemplo, a la misma santa Teresa de Jesús expresando este concepto: 'muero porque no, muero', 'este cuerpo, que es una cárcel'. Ese neoplatonismo, dentro de la Iglesia, ha hecho mucho daño porque nosotros no podemos separar el ser humano de sus sentidos, de sus emociones, ni de su parte espiritual.

-Ni del el entorno en el que vive.

-Entonces, ese problema de que todo lo sexual tiene que terminar en un pecado es, simplemente, algo que se ha asumido y que no corresponde a la realidad porque la sexualidad es algo integral dentro de toda la vida y no es lo único. Por ejemplo, es más grave causar la muerte de un inocente por el hambre, por la injusticia, por una pobreza impuesta, que simplemente tener un mal pensamiento o un pensamiento impuro o divorciarse y casarse, y tener una familia acorde a lo que Dios manda.

Se le da más importancia a elementos sexuales, mientras hay estructuras de pecado que se cuelan. Por ejemplo subvenciones que se hacen, hasta dentro de la misma Iglesia, a costa de aprobar o recibir dinero de instituciones que se sabe son de estructuras de pecado.

O por ejemplo en el tema del aborto, que es muy sensible, aceptar subvenciones de instituciones, incluso a nivel político, que favorezcan estos elementos pecaminosos por beneficios económicos o de otra índole. Eso, yo lo veo más escandaloso que que cualquier otro tipo de pecado a nivel sexual.

-¿Cuál es la la Iglesia que te gustaría que saliera de este proceso de 2021-2024, que entiendo tendrá que tener una continuidad sin medida en el tiempo, para que funcione y para que germine?

-Pienso en una iglesia en la cual todos se sientan en familia. Que, como en un hogar, cada quien piensa distinto y hay personas que cometen errores, pero no dejan de ser familia. Siempre van a ver su hogar como su casa.

Nos hace falta ver a la Iglesia como una familia más que como una institución filantrópica, o algo que me coloque a mí dentro de una visión social. Eso no corresponde a lo que es la visión de Iglesia. La visión es que nos sintamos como familia, y que si alguno de nosotros falla, no seamos nosotros los primeros que juzguemos, sino que seamos los primeros en ayudar a que esa persona pueda caminar.

Este caminar juntos, este odús de camino, es precisamente el de no atropellarnos. Cuando hablamos de caminar juntos, no significa que voy a meter el pie para que el otro caiga, o que si el otro cae, yo le paso por encima. Caminar juntos significa que todos lleguemos a la meta, aunque eso implique que tenga que tardar más tiempo yo en hacerlo.

-No dejará nadie atrás. como de decía el samaritano.

-Exactamente.

-Muchas gracias. Ronaldo Manuel Rivera, 'Descubriendo la sinodalidad. Escucha, discierne, actúa', en Círculo Rojo. Muchísimas gracias por la charla, y aquí tienes tu casa.

-Gracias a ti y a todos.

Ronald Rivera
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