Antonio Piñero: "Hoy Jesús fustigaría al clero y al sistema clerical en su conjunto"
Junto con Javier Alonso, el reputado especialista y catedrático en la UCM publica 'Cómo nació el cristianismo. La verdadera historia de sus orígenes, de Jesús a la creación de la Iglesia' (Shackleton Books) y asegura en entrevista con RD que volver a aquellas fuentes no deja de sorprenderle
Reconocido como uno de los mayores estudiosos mundiales del cristianismo y el judaísmo, Antonio Piñero (Chipiona, Cádiz, 1941) vuelve con un nuevo libro sobre los orígenes de cristianismo, escrito a cuatro manos con Javier Alonso. Y confiesa, en conversación con Religión Digital, que zambullirse en esa historia no deja de sorprenderle. Por ejemplo, "cómo la notable pluralidad, ideológica sobre todo, del cristianismo primitivo se sigue conservando" hoy día, de tal manera que afirma que "hay unas quinientas confesiones cristianas".
Y de aquel cristianismo de los orígenes "queda prácticamente todo, pero entendido de una manera muy diversa". También la poca simpatía de Jesús por la hipocresía. Hoy, añade, el de Nazaret "me parece que fustigaría sobre todo al clero y al sistema clerical en su conjunto, que en realidad hace de la religión un modus vivendi más que un modo existencial de prepararse para 'entrar en el Reino de Dios'”.
Pregunta. Junto con Javier Alonso, publica “Cómo nació el cristianismo”. Es usted un especialista de renombre en el estudio de los orígenes de esta religión, con una dilatada obra a sus espaldas. ¿Hay algo que le siga sorprendiendo sobre esta historia cuando se pone a contar sus entresijos?
Respuesta. Me sigue sorprendiendo cómo la notable pluralidad, ideológica sobre todo, del cristianismo primitivo se sigue conservando. A “ojo de buen cubero” el número de confesiones cristianas con diferencias sustanciales de pensamiento se sigue conservando. Hay unas quinientas confesiones cristianas.
R. Como ejemplo de diversidad en un tema central “¿Cómo se entiende la divinidad de Jesús?”. Esta cuestión se sigue respondiendo entre los cristianos de manera diversa. La razón es clara: el cristianismo primitivo, hasta los concilios de Nicea (325) y Calcedonia (451) fue pluriforme en la manera de entender esa divinidad.
P. Ustedes se centran en los orígenes del cristianismo. ¿Cuánto queda de aquello en la Iglesia de este segundo cuarto del siglo XXI?
R. Queda prácticamente todo, pero entendido de una manera muy diversa. La mayoría de los dogmas cristianos se entiende hoy simbólicamente. Por ejemplo, la “Santísima Trinidad”. Esta queda como símbolo de la incomprensibilidad esencial de entender “lo esencialmente Otro”, es decir, la divinidad
P. Dos mil años después, ¿contra qué sacaría el látigo hoy Jesús?
R. Me parece que fustigaría sobre todo al clero y al sistema clerical en su conjunto, que en realidad hace de la religión un “modus vivendi” más que un modo existencial de prepararse para “entrar en el Reino de Dios”, que será una realidad inmediata en el tiempo presente. La venida del Reino de Dios se ha postergado hacia un futuro lejano e indefinido.
P. ¿Es utópico pensar en volver a aquel “mirad como se aman” y al “no así vosotros”?
R. Como deseo existencial de cómo ha de ser el cristianismo sigue siendo una utopía, pero alcanzable si en realidad el cristiano estuviera dispuesto a vivir como tal.
P. Asistimos a un renacer del “nacionalismo cristiano”. Pero, ¿realmente es cristiano?
R. El cristianismo por esencia no puede ser nacionalista.
P. En aquella comunidad primitiva, en los tiempos de Jesús, ¿quién o quiénes serían los instigadores de esta corriente?
R. Los maestros, los profetas y los evangelizadores. Son menesteres que podían darse en una misma persona.
P. En estos dos mil años hemos pasado del teocentrismo al antropocentrismo y se vislumbra un transhumanismo. ¿Tiene el cristianismo ‘los siglos contados’?
R. No lo creo. Los dogmas se entienden ya, y se entenderán generalmente, como símbolos de una realidad ultraterrena. Y, como tales símbolos, serán interpretados individualmente. Pervivirán los dogmas en la conciencia cristiana entendidos por los cristianos cada uno a su modo.
