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Raúl Mir: "La historia de la mujer samaritana refleja cómo el encuentro con Cristo puede tocar a cualquier corazón”

Entrevista con Raúl Mir, autor de 'El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar'

Raúl M. Mir

Pregunta.El pozo de la promesa” pone el foco en la mujer samaritana, un personaje bíblico complejo. ¿Qué te motivó a contar la historia desde su perspectiva?

Respuesta. Siempre me ha fascinado la mujer samaritana porque representa a quienes han sido juzgados, ignorados o marginados. A través de su encuentro con Jesús, se convierte en un símbolo de transformación y esperanza. Quise explorar su humanidad, sus dudas, sus heridas y sus deseos más profundos, para que los lectores pudieran verla como alguien cercano, haciendo propias sus debilidades, fragilidades y esperanzas.

P.La novela está escrita en formato de cartas dirigidas a su hijo. ¿Qué pretendías transmitir con esta estructura narrativa?

R. Las cartas permiten una intimidad única: el lector entra directamente en la conciencia de la protagonista. A través de sus palabras a su hijo, se revelan sus historias personales, sus reflexiones sobre la vida, el amor, el perdón, la fe y la esperanza. Sobre todo, muestran su proceso de transformación tras conocer a Jesús.

P.El perdón y la redención atraviesan toda tu novela. ¿Por qué consideras que estos valores siguen siendo esenciales en la vida diaria y en la comunidad de fe hoy en día?

R. El perdón es un acto radical que libera tanto a quien lo da como a quien lo recibe. Nos recuerda que nadie está definido por sus errores o por los juicios de otros. La mujer samaritana cargó culpas y estigmas, pero su encuentro con Jesús le mostró que la redención es posible. Hoy necesitamos historias que nos recuerden que siempre podemos reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás, y que la compasión y el amor pueden transformar nuestro corazón.

El Pozo de la promesa | 5

P.La novela muestra a la mujer samaritana como un personaje con fuerza y voz propia. ¿Qué reflexiones esperas generar sobre el rol de la mujer en la Iglesia y en la sociedad actual?

R. Me gustaría que los lectores reflexionen sobre la fuerza, dignidad y protagonismo de la mujer. Su papel es crucial. La mujer samaritana, la primera discípula que lleva un mensaje de esperanza al haberse encontrado con Cristo, muestra que una vida aparentemente ordinaria puede ser un canal de verdad, transformación y testimonio. Ella tiene sed de Dios, se encuentra con Dios y sale al encuentro del prójimo para dar a conocer a Dios. Y ese papel crucial de la mujer es parte de la esencia de la Iglesia. Espero que se vea que cada mujer, con sus virtudes y heridas, tiene un papel insustituible en la construcción de una Iglesia abierta al amor al prójimo.

P.Hoy, en medio de nuestras rutinas y relaciones cotidianas, ¿cómo podemos interpretar la frase de Jesús “Dame de beber” en la historia de la mujer samaritana?

R. Hoy, esa frase nos invita a reconocer los encuentros simples pero significativos de nuestra vida diaria. No se trata solo de una necesidad física, sino de abrirnos a la conexión auténtica con los demás y con nosotros mismos. Así como Jesús rompe barreras y genera un diálogo transformador con la mujer samaritana, en nuestra vida actual nos recuerda que un gesto sencillo —escuchar, acompañar, tender la mano— puede ser el inicio de un cambio profundo y de un encuentro que nos renueva por dentro. Nos invita a estar atentos a esos momentos cotidianos donde surge la verdadera transformación.

P.El viaje espiritual de la protagonista es muy íntimo y profundo. ¿Piensas que la búsqueda de sentido y conexión con algo más grande es algo que todos experimentamos, independientemente de la religión que practiquemos?

R. La historia de la mujer samaritana refleja cómo el encuentro con Cristo puede tocar a cualquier corazón, más allá de su origen, su historia o sus prejuicios. Al principio, ella se sorprende de que Jesús le hable, porque no encaja en los moldes sociales ni religiosos de su tiempo; nunca imaginó ser escuchada con tanta atención y respeto. Esa sorpresa inicial subraya algo muy profundo: la experiencia de Cristo no está limitada por condiciones externas, sino que tiene la capacidad de llegar a todo corazón humano dispuesto a abrirse. Lo esencial de su encuentro es el despertar interno que genera: mirar la propia vida con honestidad, aceptar las heridas y descubrir un camino hacia la esperanza y la transformación. Esa experiencia de conexión profunda y personal es universal, y es algo que todos podemos reconocer en nuestras búsquedas y momentos de reflexión.

P.El libro está escrito desde la mirada de una mujer, ¿cómo ha influido tu experiencia personal y los encuentros con quienes te “han dado de beber” en la escritura de esta novela?

R. La novela nace en parte de la gratitud. A lo largo de los últimos años he padecido una enfermedad, la enfermedad grave de un hijo y problemas empresariales. Muchas gente ha estado a mi lado, en oración y en acompañamiento. Esta novela la dedicada a todos aquellos que, en mis días más secos, me ofrecieron un sorbo de consuelo, una palabra, un abrazo o simplemente su presencia sin juzgarme. Esos gestos, tan simples y a la vez tan profundos, me recordaron que la vida se transforma cuando alguien se acerca con su cántaro lleno de humanidad. Es la historia de Cristo con la samaritana. Escribir desde la experiencia de la mujer samaritana me permitió reflejar esa misma apertura y generosidad: como ella, todos podemos ser portadores de agua viva, capaces de sostener, acompañar y sanar. La historia es un homenaje a quienes me mostraron que dar y recibir consuelo es también un encuentro con lo divino.

P.Al cerrar las páginas de ‘El pozo de la promesa’, ¿qué emociones o reflexiones te gustaría que los lectores se llevaran consigo?

R. Que los lectores sientan esperanza. Que comprendan que todos tenemos heridas y que, a pesar de los juicios, caídas o fracasos —y del tiempo que a veces cuesta sanar—, siempre existe un camino hacia la reconciliación y el amor. Que la novela sea un recordatorio de que la fe, el perdón y la búsqueda de sentido son profundamente humanos, y que cada uno puede encontrar su propio “pozo de la promesa” si se atreve a mirar dentro de sí mismo y hacia los demás. Así como Cristo le pide a la mujer samaritana “Dame de beber”, Él nos invita a cada uno a abrir nuestro corazón, llenar nuestro cántaro y permitir que ese encuentro transforme nuestra vida y nuestra forma de relacionarnos con los demás.

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