Jordi Bertomeu: "Un laico o una laica pueden dirigir la parroquia"

"La falta de sacerdotes no es excusa para la inacción pastoral o para el recurso a soluciones aparentemente más fáciles, como acumular responsabilidades pastorales en sacerdotes envejecidos o aquejados de burnout, sin descontar la importación de vocaciones de lugares donde quizás hacen más falta", sostiene el oficial del dicasterio de Doctrina de la Fe, autor de 'Parroquias dirigidas por laicos. Configurados bautismalmente con Cristo para el servicio' (PPC)

Jordi Bertomeu, en la Feria del Libro
Jordi Bertomeu, en la Feria del Libro

"Incorporar a no ordenados en el gobierno parroquial, en situación de excepcionalidad por falta de sacerdotes, es ya una necesidad en la mayor parte de parroquias de España, no una opción". Jordi Bertomeu, sacerdote de la diócesis de Tortosa, conocido por muchos por ser el hombre de confianza tanto de Francisco como de León XIV en temas tan peliagudos como la disolución del Sodalicio, ha publicado su último libro 'Parroquias dirigidas por laicos. Configurados bautismalmente con Cristo para el servicio' (PPC), una reflexión teológico-jurídica sobre el ejercicio potestativo de liderazgo o dirección pastoral parroquial por parte de fieles no ordenados, y que presentó hace un mes en la Feria del Libro de Madrid.

La propuesta, que nace antes de vivir la experiencia sinodal junto a Bergoglio, apunta a las oportunidades de compartir la responsabilidad en la gestión de las parroquias, excesivamente dependientes del párroco. Le preguntamos: "¿Por qué a algunos les incomoda tanto la idea de compartir con otros la dirección de la parroquia?". El oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe responde con una pregunta que suena a respuesta: "¿Quizás por el clericalismo y una concepción elitista del servicio ministerial que tanto denunció Francisco?". Y es que, tal y como apunta, existe "mucho fanatismo católico" que "cojea" de "ideologización".

Parroquias dirigidas por laicos
Parroquias dirigidas por laicos | ep

 

Pregunta. ¿Por qué ahora un libro sobre “parroquias dirigidas por laicos”?

Respuesta.  Todo tiene su momento. En 2012, cuando defendí esta misma tesis en la Universidad Gregoriana, vivía esta posibilidad que ofrece el derecho canónico como una mera cuestión especulativa. Hoy, en el 2026, es para mí un deber en conciencia de aquello que decía S. Tomás: “compartir con los demás lo que se ha contemplado”.

 

P. ¿La falta de sacerdotes es un problema o una oportunidad?

R.  Las dos cosas, según cual sea tu posicionamiento personal y eclesial. Según cuál sea tu elección de vida.

 

P. ¿Cuál es la suya?

R.  En este caso, partir del método sinodal aplicado al discernimiento, pues hay acciones mías y de la Iglesia que no están a la altura de nuestra identidad. Sin miedo al juicio, porque se hace a la luz de Aquel que dice la última palabra sobre la verdad de nuestros actos. Este discernimiento desde Cristo impide los prejuicios ideológicos y la polarización que tanto crispa y en la que algunos chapotean tan a gusto. 

 

P. ¿Una parroquia necesita un cura… o necesita una comunidad?

R. La parroquia es una comunidad jerárquica de aquellos que se han descubierto configurados por el bautismo con Cristo servidor. Todos se saben necesarios. Sea en la España vaciada o en una gran ciudad de aluvión, en todas acogen con gozo al sacerdote, al pastor que representa sacramentalmente la mediación de Cristo y de la Iglesia.

Bertomeu, en la Feria del Libro de Madrid
Bertomeu, en la Feria del Libro de Madrid

 

P. ¿Qué aporta un sacerdote a esta comunidad?

R.  La provocación de llamar a sus hermanos a leer el nombre de Dios en su vida, a caminar con Jesús sobre las aguas de la vida. Ha sido configurado sacramentalmente para un servicio ministerial muy particular. Sin embargo, no olvidemos que en la Biblia solo aparece una vocación, la de ser como Jesús. Todo lo demás son medios para alcanzar el único fin de seguir al único revolucionario de verdad. Personificando al Servidor en la consagración, todos los que se congregan en torno al altar pueden descubrir el sentido de su servicio.

 

P. Todos son servidores, pero ¿qué significa realmente “dirigir” una parroquia?

R.  Experimentar que el único poder de Dios es amar y entregarlo todo. La parroquia es un espacio privilegiado para aprender del único Todopoderoso que el poder es servir, porque has reconocido el límite del otro como una llamada a la relación. A la vez, desaprender que el poder sea solo dominar, imponer la propia voluntad, instrumentalizar, reivindicar privilegios que nadie te ha concedido. Quince años gestionando casos de abusos en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe son una escuela de lo que supone el ejercicio tóxico del poder en la Iglesia.

 

P. ¿Por qué a algunos les incomoda tanto la idea de compartir con otros la dirección de la parroquia?

R.  ¿Quizás por el clericalismo y una concepción elitista del servicio ministerial que tanto denunció Francisco? 

 

P. ¿Estamos ante una revolución o ante una vuelta a los orígenes?

R.  La Iglesia vive desde hace 2000 años la única revolución merecedora de tal nombre. En cada momento histórico ha descubierto con Jesúsque somos llamados a hacernos uno con Él. 

 

El laico y la laica son llamados a ordenar para Dios todas las realidades temporales, empezando por su familia y trabajo. Pero configurados por el bautismo con Cristo servidor, puede también, entre otros servicios eclesiales, organizar su caridad o enseñar, llevar la administración o animar la pastoral juvenil o misional

P. ¿Qué dice realmente el derecho canónico sobre este tema?

R.  Que la correcta aplicación del derecho te impide contentarte con una aplicación formalista de las mismas fórmulas de siempre. En particular, ante situaciones excepcionales.Hoy, la escasez de sacerdotes en la mayor parte de diócesis impide nombrar un párroco en cada parroquia. Es un hecho que hay que discernir si, de manera supletoria, se puede aplicar lo que San Juan Pablo II nos regaló en 1983 con el can. 517, 2.

 

P. ¿Qué puede hacer un laico que muchos creen reservado a un sacerdote?

R.  Por ejemplo, participar potestativamente en el ejercicio de la cura pastoral. El laico y la laica son llamados a ordenar para Dios todas las realidades temporales, empezando por su familia y trabajo. Pero configurados por el bautismo con Cristo servidor, puede también, entre otros servicios eclesiales, organizar su caridad o enseñar, llevar la administración o animar la pastoral juvenil o misional. Puede dirigir la parroquia junto a un sacerdote-moderador.

 

P. ¿Pero dónde queda el párroco?

R.  Cuando se aplica el canon 517,2 en una parroquia o grupo de parroquias, no hay “párroco” como tal. Los otros que participan de la cura pastoral son coordinados por un sacerdote “moderador”, pero responden directamente ante el Obispo. 

 

Es la falta de espiritualidad que conlleva la ideologización de la vida eclesial, su polarización y la cerrazón. La experiencia profunda de fe cristiana es siempre un encuentro con Aquél que te salva. Desde Él, la imaginación pastoral es solo puro discernimiento con el Resucitado. Sin Él, solo hay autosalvación y una verdad “poseída”ante la verdad auténtica, la eclesialmente recibida

P. Parece razonable, pero ¿el gran problema es la falta de sacerdotes… o la falta de imaginación pastoral?

R.  Es la falta de espiritualidad que conlleva la ideologización de la vida eclesial, su polarización y la cerrazón. La experiencia profunda de fe cristiana es siempre un encuentro con Aquél que te salva. Desde Él, la imaginación pastoral es solo puro discernimiento con el Resucitado. Sin Él, solo hay autosalvación y una verdad “poseída”ante la verdad auténtica, la eclesialmente recibida. Mucho fanatismo católico cojea de ello.

 

P. ¿Hay obispos que todavía tienen miedo de dar responsabilidades a los laicos?

R.  Seguramente. Aunque cada vez menos. Normalmente, ocurre por falta de formación. La experiencia conciliar lleva ya sesenta años de vida, pero en muchos aún está por ser descubierta o, al menos, profundizada. En mi libro reivindico la necesidad de sintonizar la teología bautismal del capítulo cuarto de Lumen Gentium, con la teología eucarística del capítulo segundo.

 

P. ¿Qué cualidades debería tener ese laico que dirige una parroquia?

R.  Las mismas que las del sacerdote, si exceptuamos la configuración ontológica de éste para representar sacramentalmente la mediación de Cristo y de la Iglesia. 

 

Jordi Bertomeu
Jordi Bertomeu | RD/Captura

P. ¿Una parroquia dirigida por laicos puede ser incluso más evangelizadora?

R.  No necesariamente. 

 

P. ¿Qué experiencias le han convencido de que este modelo funciona?

R.  Girar toda Latinoamérica, en regiones donde el celibato no es ampliamente acogido por una cuestión cultural. Descubrir que allí el cristianismo también está enraizado, como vemos en nuestros hermanos que han venido a Europa buscando mejorar sus condiciones de vida

 

P. ¿Por qué algunos identifican este modelo con una “Iglesia sin sacerdotes”?

R.  ¿Cómo puede haber una Iglesia sin sacerdotes? No lo entiendo.

R.  

P. ¿Quizás se trata de un sacerdote menos gestor y más pastor?

R.  Seguramente. Este mismo año, el arzobispo de Praga, ha nombrado en varias parroquias sacerdotes moderadores responsables “de lo espiritual” junto a no ordenados responsables de “lo material”, entendiéndose la gestión económica y administrativa de las parroquias. 

 

P. ¿Qué le diría a un obispo que ve estos cambios como una amenaza?

R.  Que la falta de sacerdotes no es excusa para la inacción pastoral o para el recurso a soluciones aparentemente más fáciles, como acumular responsabilidades pastorales en sacerdotes envejecidos o aquejados de burnout, sin descontar la importación de vocaciones de lugares donde quizás hacen más falta. 

 El pontificado de León XIV, misionero agustino y hombre de gobierno, políglota amante de la escucha atenta, matemático y humanista, será decisivo en asentar muchas de las intuiciones de su Predecesor

P. ¿Y a un laico que piensa que no está preparado?

R.  Que tiene toda la razón del mundo. Nunca lo estamos. Nadie. Pero no somos “oklós” o multitud informe. Por la palabra de Jesús, acogida e interiorizada, somos “ekklesía”, comunidad que puede anunciar el evangelio.

 

P. ¿Qué le gustaría que cambiara en las parroquias dentro de diez años?

R.  Sobre todo, la respuesta al reto de la socialización digital de nuestros jóvenes y la normalización de la parroquia como comunidad de comunidades asociativas y carismáticas. El pontificado de León XIV, misionero agustino y hombre de gobierno, políglota amante de la escucha atenta, matemático y humanista, será decisivo en asentar muchas de las intuiciones de su Predecesor. 

 

P. Si pudiera resumir el mensaje de su libro en una frase, ¿cuál sería?

R.  Incorporar a no ordenados en el gobierno parroquial, en situación de excepcionalidad por falta de sacerdotes, es ya una necesidad en la mayor parte de parroquias de España, no una opción. 

 

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