Pedro J. Huerta: “La intemperie es habitable si se comparte"
El secretario general de Escuelas Católicas presenta “Vivir a la intemperie” en las Trinitarias Descalzas
El convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid acogió ayer la presentación de Vivir a la intemperie, el nuevo y primer libro del religioso trinitario Pedro J. Huerta, Secretario general de Escuelas Católicas.
La presentación estuvo conducida por Victoria Moya y contó con la participación del actor y director Luis Omar, Rafael Espino, director de editorial San Pablo y Carmen Guaita, escritora.
El encuentro tuvo lugar en el monasterio donde reposan los restos de Miguel de Cervantes, un escenario cargado de simbolismo para una obra que invita a contemplar la fragilidad, la fe y la búsqueda de sentido en el tiempo presente.
La presentación estuvo marcada por un tono cercano y profundamente humano, que reunió a más de 150 personas entre familiares, amigos, compañeros y lectores. Se definió el libro como una obra “desestabilizadora”, nacida desde la experiencia personal y compartida “entre amigos”, en torno a un concepto central: la intemperie. Una palabra que atraviesa toda la obra y que, según se destacó durante el acto, representa esos márgenes de la vida que desconciertan e incomodan, pero también el lugar donde el ser humano puede dejar de temer para descubrir la belleza, la libertad y el amor.
Luis Omar emocionó al público con la lectura de algunos relatos del libro, desplegando una oratoria que puso voz a la profundidad poética de los textos. El actor aseguró sentirse unido a Pedro J. Huerta “tras su vuelta a casa, tras su vuelta a la fe”, y destacó la capacidad del autor para dialogar con grandes autores y filósofos.
Por su parte, Rafael Espino subrayó que la gran aportación de esta obra es resignificar la palabra “intemperie” como “el lugar de la revelación”. El libro es una invitación a detenerse, a pensar y a releerse porque en el no se busca espectadores sino interlocutores. En un tiempo marcado por la superficialidad, afirmó, la obra sitúa al lector “en un lugar poco habitual: la hondura”. También agradeció al autor “abrir espacios para la reflexión” y ofrecer “una invitación para vivir la vida con más verdad y más esperanza”.
Carmen Guaita, autora del prólogo, confesó sentirse “honrada y feliz” de acompañar al autor en este momento. Recordó que la palabra “intemperie” forma parte del paisaje habitual de la tierra manchega y explicó cómo el autor la transforma en “un paradigma filosófico y teológico”. Guaita señaló que el libro nace de artículos y reflexiones previamente publicados por Pedro J. Huerta, ahora renovados y reunidos en una obra que definió como “un libro que se abraza” y “un alimento inagotable para los lectores”. En su intervención destacó que la intemperie es “el presente real donde estamos incardinados”, el lugar donde se ponen en juego las decisiones éticas, donde el ser humano descubre su fragilidad y donde “responde la fe”. “Es el tiempo y el espacio de la redención, donde nos mira Dios”, afirmó.
En el cierre del acto, Pedro J. Huerta agradeció la acogida de las monjas trinitarias, el cariño de su familia y el acompañamiento de amigos y compañeros. Reconoció haberse sentido expuesto a la intemperie con la publicación del libro, aunque aseguró que el apoyo de tantas personas ha sido el abrigo para vivir en la intemperie. “La intemperie es habitable si se comparte”, afirmó.
Pedro concluyó su intervención evocando a Miguel de Cervantes, a quien definió como “el mayor maestro de las derrotas luminosas”, recordando las palabras finales de Sancho Panza a don Quijote: “...recibe también a tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede”. Una cita que sirvió como broche final a una velada de contemplación, literatura y esperanza compartida.
