Rafael Narbona: "Necesitamos sacerdotes que remen a favor del camino sinodal y que se acerquen a las periferias. Sacerdotes que acojan y no condenen"
El filósofo y escritor publica 'El talento del padre Bosco' (PPC), y cuestiona el actual modelo vocacional: "Los jóvenes seminaristas han recuperado el alzacuello y a veces la sotana. Me parece una involución lamentable. La Iglesia católica corre el riesgo de convertirse en un fundamentalismo antidemocrático"
"Necesitamos sacerdotes que remen a favor del camino sinodal y que se acerquen a las periferias. Sacerdotes que acojan y no condenen. Sacerdotes que no excluyan y que nunca olviden el “todos, todos, todos” de Francisco, una expresión que manifiesta el compromiso de abrir a las puertas a los grupos tradicionalmente excluidos de la Iglesia: personas LGTBI, transexuales, divorciados, inmigrantes, fieles de otras tradiciones religiosas, mujeres". Alto y claro, Rafael Narbona opina sobre la Iglesia y sus demonios. Y lo hace desde la mirada de quien conoce la institución desde dentro, y la novela desde fuera.
El filósofo y escritor publica 'El talento del padre Bosco' (PPC), y cuestiona el actual modelo vocacional: "Los jóvenes seminaristas han recuperado el alzacuello y a veces la sotana. Me parece una involución lamentable. La Iglesia católica corre el riesgo de convertirse en un fundamentalismo antidemocrático". Hablamos con él. Toda una experiencia.
Pregunta. -¿Qué nos cuentas en El talento del padre Bosco?
Respuesta. -El padre Bosco se parece a esa generación de sacerdotes que yo conocí en mi adolescencia, cuando el espíritu del Vaticano II impregnaba los seminarios y no se concebía la vocación religiosa al margen del compromiso social. Es un personaje imaginario, pero sus rasgos se basan en figuras reales. Nació en 1958 en Carabanchel y fue un joven conflictivo. Después de un incidente trágico, decidió ingresar en el seminario y, durante su formación, sufrió un conflicto de identidad, pues se enamoró y pensó en dejar el sacerdocio. Mi libro está compuesto por veinticuatro relatos que se conectan entre sí. Casi puede leerse como una novela. En la obra abordó los temas como la soledad, la marginación, el drama de la inmigración, el contraste entre los pequeños pueblos y las grandes ciudades, el problema del mal, la esperanza, la muerte, el concepto de Dios. Al escribir El talento del padre Bosco, he tenido muy presente las características de nuestro tiempo, con sus dosis de malestar y escepticismo. El cristianismo no debe incurrir en un optimismo banal, pero debe ser un bálsamo para las heridas. El padre Bosco se mueve en esta línea. Al igual que San Francisco de Asís, quiere poner alegría, amor, luz y esperanza allí donde hay tristeza, odio, oscuridad y desesperación.
P. -Es tu primera incursión en la novela, después de una obra ingente, y exitosa de ensayos. ¿Por qué la ficción?
R. -En 2015 publiqué un libro de relatos, El sueño de Ares, pero pasó desapercibido. Se trataba de un conjunto de relatos ambientados en escenarios particularmente trágicos, como la caída de Berlín, la batalla de Stalingrado o la Guerra Civil española. Publicado por Minobitia, uno de los relatos recreaba el asesinato de García Lorca. Santos Sanz Villanueva elogió el libro, pero al publicar en una editorial pequeña y con una distribución limitada, se vendió poco. En mi primer libro, Miedo de ser dos, también en Minobitia, y en el Retrato del reportero adolescente, una fantasía sobre Tintín publicada en PPC, también adopto un registro narrativo. Incluso en ensayos como Maestros de la felicidad y Elogio del amor, ambos en Roca Editorial, incluyo largos pasajes narrativos. Me parece absurdo encasillar a un autor en un género. De hecho, la editorial Almuzara ya me ha dado el visto bueno a una novela policíaca que escribí hace un par de años. Me ha costado mucho trabajo que los editores aceptaran mi faceta como narrador. Sinceramente, me gusta más el cuento y la novela que el ensayo. Espero que poco a poco se reconozca ese aspecto de mi obra.
P. -El padre Bosco es uno de los curas que parece que no quedan, de los de ‘la vieja escuela’, menos preocupado por la liturgia o las formas, y más por la gente, y con ‘vida pasada’ antes del Seminario. ¿Es un modelo de cura válido también hoy, teniendo en cuenta el tipo de seminaristas que pueblan nuestros seminarios hoy?
R. -Desgraciadamente, después del invierno eclesial propiciado por Wojtyla y Ratzinger, dos papas muy conservadores, ya quedan muy pocos curas de la “vieja escuela”. Por lo que sé, los jóvenes seminaristas han recuperado el alzacuello y a veces la sotana. Me parece una involución lamentable. La Iglesia católica corre el riesgo de convertirse en un fundamentalismo antidemocrático. El Papa Francisco ha intentado corregir ese rumbo, pero creo que con escaso éxito. Su fracaso está provocando que los nuevos seminaristas se alineen con posturas preconciliares. Ahí está la tertulia contrarrevolucionaria de La Sacristía de la Vendée, donde un grupo de sacerdotes relativamente jóvenes llegaron a bromear con la muerte de Francisco, pidiendo que Dios lo llamara pronto a su presencia. Esa forma de actuar es tremendamente cruel e irresponsable. Necesitamos sacerdotes que remen a favor del camino sinodal y que se acerquen a las periferias. Sacerdotes que acojan y no condenen. Sacerdotes que no excluyan y que nunca olviden el “todos, todos, todos” de Francisco, una expresión que manifiesta el compromiso de abrir a las puertas a los grupos tradicionalmente excluidos de la Iglesia: personas LGTBI, transexuales, divorciados, inmigrantes, fieles de otras tradiciones religiosas, mujeres. Es muy descorazonador que las mujeres sigan excluidas del sacerdocio y el diaconado, pese a que Jesús se rodeó de mujeres y rompió tabúes, hablando en público con una samaritana y una cananea.
Es muy descorazonador que las mujeres sigan excluidas del sacerdocio y el diaconado, pese a que Jesús se rodeó de mujeres y rompió tabúes, hablando en público con una samaritana y una cananea
P. -El cura que dibujas está metido en la vida de la gente. A veces se acusa al clero de estar fuera del mundo. ¿Está perdiendo la Iglesia su sitio? ¿Cuál debería ser en mitad de un mundo secularizado?
R. -El padre Bosco entiende que el mensaje cristiano no puede ser un discurso vacío, una abstracción. Piensa que su obligación es estar cerca del que sufre y carece de esperanza. No tiene ninguna duda sobre cuál es su sitio: en el cabecero del enfermo convaleciente, al lado de los inmigrantes que buscan una vida mejor, pegado a los que todos rechazan ydesprecian. En un mundo secularizado, un sacerdote que se limita a la liturgia, los retiros y las confesiones, es un personaje anacrónico que desarrolla una labor estéril. Jesús se mezcló con la gente. Se sentó a la mesa con la gente sencilla, acompañó a los enfermos, se solidarizó con el sufrimiento de los pueblos oprimidos por Roma. No es cierto que invitara a pagar impuestos. Cuando dice “Dad al César lo que es del César”, está cuestionando el derecho del emperador a proclamarse divino y exigir un diezmo. Jesús no era un colaboracionista del invasor romano, sino un espíritu crítico. No abogaba por la violencia, pero tampoco era conformista. El papel de la Iglesia, como ha demostrado León XIV, es alzar la voz contra la guerra y las políticas injustas, como la deportación masiva de inmigrantes en Estados Unidos o las grandes desigualdades. La meta última del cristiano es el Reino de Dios y ese Reino no es una lugar remoto e impreciso, sino un camino que empieza aquí y ahora. Como intento transmitir con el personaje del padre Bosco, la patria del cristiano no es una entelequia, sino la fraternidad que se materializa en la historia y que revela la huella de Dios en el mundo.
P. - Un cura con ‘olor a oveja’, muy al estilo del Papa Francisco. ¿Tiene vigencia con este nuevo pontificado?
R. -Espero que sí. No me han gustado algunos gestos de León XIV, como autorizar una misa en latín en la Basílica de San Pedro, recuperar la muceta roja y la estola bordada en oro o instalarse en el Palacio Apostólico, pero he agradecido mucho su coraje al enfrentarse con Trump. Prevost fue misionero en Chiclayo, Perú, y sabe muy bien que los curas con “olor a oveja” son los que están más cerca del Evangelio. ¿Cuál es la alternativa a esa postura? ¿Exaltar la solemnidad y cultivar el boato? Prefieroun cura con olor a oveja a un obispo con olor a colonia. Jesús vivió a la intemperie y nació en unestablo. No creo que desprendiera olor a perfume, sino a humanidad, a sinceridad, a sencillez. Espero que León XIV siga el camino abierto por Francisco. Si toma otro rumbo, volveremos a la época de los curas como Fermín de Pas, el Magistral de la imaginaria Catedral de Vetusta, un intrigante más preocupado por pisar alfombras en palacios que barro en las calles más humildes.
P. -¿Qué opinas de las nuevas ‘canteras’ de vocaciones, que pueden surgir de experiencias emotivistas, como Hakuna, Emaús y demás?
R. -Pienso que esas experiencias “emotivistas” no son cristianas. En el mejor de los casos, son un espectáculo vacío, una especie de reality-show. Apenas se diferencian de los sermones de los telepredicadores que finalizan sus palabras pidiendo donativos con un datáfono. En el peor de los casos, son una variante del “cristofascismo” del que habló la teóloga y feminista Dorothee Sölle. Su espiritualidad es una burda manipulación del Evangelio, una simplificación que infantiliza la fe. La derecha siempre ha buscado el voto católico, pero cuando Francisco criticó la actitud de Europa y Estados Unidos frente a la inmigración, comenzó a llamarlo despectivamente “ciudadano Bergoglio”, y ahora que León XIV ha pedido el fin de la guerra en Irán y el respeto a los derechos humanos de los migrantes, de nuevo ha manifestado su malestar, abogando por medidas más restrictivas en las fronteras.
R. Hakuna, Emaús y las HAM me recuerdan a Elmer Gantry, el predicador interpretado por Burt Lancaster en El fuego y la palabra, la magnífica película de 1960 de Richard Brooks. La explotación del Evangelio para suscitar reacciones emocionales y justificar prejuicios es una vieja estrategia para desactivar el potencial transformador del cristianismo. Ojalá las nuevas vocaciones se gestaran leyendo a Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ernesto Cardenal, Hans Küng o Andrés Torres Queiruga. El cristianismo tiene grandes pensadores y es una pena que su legado cada vez sea menos conocido. Pienso que también sería mucho más fructífero escuchar a Bach en vez de las canciones de Hakuna, bastante bobas y pueriles.
Esas experiencias “emotivistas” no son cristianas. En el mejor de los casos, son un espectáculo vacío, una especie de reality-show. Apenas se diferencian de los sermones de los telepredicadores que finalizan sus palabras pidiendo donativos con un datáfono. En el peor de los casos, son una variante del “cristofascismo”
P. -En breve, tendremos aquí al Papa León. Tú has enfocado en un artículo publicado en RD cuáles deberían ser los temas. Cuéntanos algunas de las prioridades. ¿Está la sociedad española preparada para escuchar al Papa? ¿Crees que el Papa está bien informado de lo que pasa en este país?
R. -Imagino que el León XIV no viajará a España sin informarse a fondo. Es un intelectual y ha demostrado ser un líder responsable y riguroso. Su conocimiento de nuestro idioma le facilitará las cosas. No sé si la sociedad española está preparada para escuchar al Papa. La izquierda no ha sido capaz de superar un anticlericalismo agresivo y lleno de tópicos. Hay un gran desconocimiento de la historia de la Iglesia Católica y del pensamiento cristiano. Algunos todavía asocian el catolicismo al franquismo, olvidando que la dictadura encarceló a 120 sacerdotes en la cárcel de Zamora por su oposición al régimen. Las parroquias de los barrios obreros desempeñaron un papel esencial en la resistencia contra Franco y en la lucha por el cambio político, si bien es cierto que se pensaba más en un socialismo autogestionario que en una democracia liberal. Es una pena que los más jóvenes ignoren quiénes fueron el padre Llanos, Mariano Gamo, Alberto Iniesta, Diamantino García Acosta, Enrique de Castro, Gaspar García Laviana, Ignacio Ellacuríay otros curas comprometidos con la libertad y los derechos humanos.
R. Pienso que la prioridades del Papa en España deberían ser hablar de la inmigración, la pobreza, laviolencia machista, los jóvenes y la pederastia. León XIV ya manifestó su malestar por la instrumentalización del mensaje cristiano por parte de la ultraderecha. No debe permitir que nadie manipule su visita. La derecha está adoptando posturas abiertamente anticristianas, como la xenofobia y el belicismo, y la izquierda solo suele hablar de la iglesia católica para comentar los casos de pederastia. Espero que la visita de León XIV abra nuevas perspectivas.
P. -Hace poco publicaste Elogio del amor, en la línea de Maestros de la Felicidad. Son palabras muy utilizadas, pero no sé si muy practicadas en un mundo marcado por la prisa, las urgencias y los agobios. ¿Hay recetas para aprender a ser felices, para dar la importancia que merece al amor en el día a día?
R. -Se ha abusado tanto de los conceptos de amor y felicidad que ya no dicen casi nada. Los tópicos y los lugares comunes han eclipsado su riqueza y profundidad. La búsqueda de la felicidad es uno de los grandes temas de la filosofía. Desde mi punto de vista, Kant fue el que ofreció una alternativa más inteligente. La filosofía no es un derecho, sino algo que nos tenemos que ganar. La verdadera felicidad no consiste en acumular bienes y éxitos, sino en alcanzar una conciencia satisfecha. Saber que has hecho lo más justo y ético es lo que nos da derecho a ser felices. Pienso que Janusz Korczak, pediatra y pedagogo del orfanato del Gueto de Varsovia, fue más feliz que Hitler, pese a que murió en Treblinka acompañando a los huérfanos a los que cuidaba. Su conciencia satisfecha sobrepasa la euforia de Hitler tras invadir Francia. Hitler era un hombre atormentado y desequilibrado. En cambio, los que resistieron a su violencia o sucumbieron bajo, nos han dejado un testimonio de dignidad o equilibrio, como Anne Frank, Edith Stein, Viktor Frankl o Etty Hillesum. Nelson Mandela, que pasó 27 años en la cárcel, siempre pareció más feliz que los arquitectos del apartheid, atrapados por el odio y el miedo.
P. ¿Cuál es el secreto de la felicidad?
R. No hay una fórmula magistral, pero creo que invertir en afectos, crear lazos, es la forma más inteligente de habitar el mundo. Un abrazo aporta más que cualquier lujo. El abrazo es duradero y sincero. Deja una huella en la memoria. En cambio, el lujo produce hastío y sensación de banalidad. En cuanto al amor, ¿qué puedo decir? Dios es amor y nos pidió que nos amáramos los unos a los otros. El amor enriquece, cura, reconforta, consuela, regocija, acompaña. Es lo que da sentido a la vida. El verdadero amor no es una pasión efímera, sino un compromiso con vocación de permanencia. Amar no es solo recibir. Ante todo, es dar. Mi mujer y yo cuidamos a mi madre y a mi hermana durante cinco años. Las dos se convirtieron en personas dependientes y cuidarlas no constituyó una carga, sino una fuente de satisfacción. Personalmente, la experiencia del cuidado me ayudó a salir de una depresión que llevaba arrastrando años. Después, mi mujer enfermó de cáncer y yo no me separé de su lado, tal como cuento en Elogio del amor. Afortunadamente, superó la enfermedad, pero a los pocos meses me descubrieron que yo sufría una grave cardiopatíaisquémica y los papeles se invirtieron. Amar nos dignifica, nos hace crecer, nos ayuda a comprender que es lo verdaderamente importante.
R. Y el amor no conoce fronteras. Su impulso natural es expandirse, como enseña el Evangelio. Amar a los que nos aman no tiene mérito. Amar a los otros, a los que están lejos, a los que se hallan separados de nosotros por un abismo de incomprensión y malentendidos, es el gran desafío al que nos invita la utopía del Reino. Desgraciadamente, nos cuesta mucho estar a la altura de ese reto. Uno de los cuentos de El talento del padre Bosco aborda el tema del perdón. Pienso que esa es la prueba de oro del cristianismo. Al ser humano le cuesta trabajo perdonar y esa es una de las causas principales de su infelicidad. Por último quiero señalar que el padre Bosco es la clase de sacerdote que me planteé ser cuando era joven, pues estudié en un colegio religioso y pensé seriamente en entrar en un seminario.
