Eric García: “La Iglesia latinoamericana necesita músicos que sean puentes entre el altar y la calle”
El curso “Artesanos de Fraternidad” busca fortalecer la dimensión humana, espiritual y eclesial de los artistas para que descubran su vocación de servicio y sentido de pertenencia a la Iglesia
“Queremos ayudarles a entender que son parte de, que no son unas estrellas, sino que son hermanos y están llamados a servir”
En oración, así se inició el curso “Artesanos de Fraternidad”, una propuesta formativa del Celam que reúne a más de 60 músicos del 22 al 27 de junio en Bogotá.
El padre Eric García, secretario general adjunto del Celam, presidió la celebración Eucarística que inauguró las actividades académicas. Espacio que sirvió para destacar la misión evangelizadora de la música y el papel de los artistas católicos como constructores de comunión, esperanza y encuentro con Cristo.
Don y tarea
En la homilía, el sacerdote puertorriqueño recordó que el ministerio musical es mucho más que una expresión artística. “No estamos aquí simplemente como artistas o intérpretes; estamos aquí como evangelizadores, como ministros que han recibido el don y la responsabilidad de ayudar al Pueblo de Dios a encontrarse con Cristo”, afirmó.
A partir de la Palabra, advirtió sobre el riesgo de perder de vista el verdadero sentido del servicio musical. “Siempre existe el riesgo de que el músico católico olvide que el centro de su servicio no es la música en sí, sino Jesucristo”, por eso, recordó que cuando la música solo busca el reconocimiento personal, “deja de ser un instrumento de evangelización para convertirse en un espectáculo”.
En este sentido recordó que la finalidad de la música sagrada es “la gloria de Dios y la santificación de los fieles”, por eso los invitó a vivir su vocación desde una profunda experiencia de fe.
Cinco actitudes
Para García la vocación del músico católico es ante todo espiritual, frente a lo que propuso cinco actitudes fundamentales para quienes ejercen este ministerio: oración, humildad, comunión, formación permanente y espíritu misionero. “La primera responsabilidad del músico católico no es cantar bien, sino vivir el Evangelio. No es tocar mejor un instrumento, sino convertirse cada día en un discípulo de Cristo”, indicó.
Igualmente, profundizó en la necesidad de trabajar por una preparación integral que incluya formación bíblica, teológica, litúrgica y pastoral porque en su opinión “no basta con saber cantar; es necesario comprender lo que se canta y por qué se canta”.
Sin apartarse del contexto actual y sus dificultades, dijo que los músicos están llamados a generar relaciones armónicas. “El músico es constructor de unidad. No divide, no compite, no crea protagonismos. Es un artesano de fraternidad”, sostuvo.
Los desafíos de la cultura digital
Al referirse a los desafíos propios de la evangelización en el mundo contemporáneo y la cultura influenciada por las redes sociales y plataformas digitales, dijo que la música católica tiene una oportunidad privilegiada para anunciar el Evangelio.
“La música católica no es simplemente un género musical; es un camino de evangelización del presente”, afirmó. En este sentido, invitó a los artistas a llevar el mensaje cristiano a los espacios donde muchas personas buscan respuestas y sentido para su propia vida.
“No podemos conformarnos con ocupar espacios dentro de la Iglesia. Estamos llamados a evangelizar la sociedad, entrar en las plazas digitales, universidades, medios de comunicación y aquellos lugares donde muchas personas nunca escucharán una homilía, pero sí disfrutarán una canción”, señaló. Igualmente insistió en que la calidad artística debe ir acompañada de la coherencia de vida. “El músico católico debe ser reconocido por la calidad de su arte, la profundidad de su fe y la coherencia de su vida”.
El encuentro con Cristo
Para García solo así se obtendrán verdaderos frutos del ministerio musical. “La mayor responsabilidad del músico no es emocionar, sino conducir al encuentro con Cristo”, porque su éxito no puede medirse únicamente en el reconocimiento. “Un músico católico tiene éxito cuando las personas no salen diciendo: qué bien canta, sino que han encontrado a Dios’”.
Una reflexión que concluyó destacando el poder transformador de la alabanza y la necesidad de que los músicos sean puentes entre la liturgia y la misión, entre la tradición de la Iglesia y los nuevos lenguajes culturales. “La Iglesia latinoamericana necesita músicos que sean puentes entre el altar y la calle”, dijo animándolos a reconocerse como “misioneros de la belleza de Dios, sembradores de esperanza y auténticos artesanos de fraternidad”.
Finalmente, encomendó el ministerio de los participantes a “la mujer del Magníficat”, pidiendo que sus voces, instrumentos y composiciones sean siempre un camino para la gloria de Dios y el fortalecimiento de la fe de los pueblos del continente.