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Red de Mujeres en sinodalidad analiza encíclica de León XIV: ¿Qué voces necesitan ser restituidas?

"Ahora debemos preguntarnos si lo que produce la tecnología es bueno para la persona, contribuye al bien común, respeta la dignidad o favorece las relaciones justas”

"Es necesario superar la brecha entre el discurso y las prácticas habituales"

Red de Mujeres en sinodalidad | Archivo particular

La Red de Mujeres en Sinodalidad avanza en su proceso de análisis de la realidad con el conversatorio titulado “La humanidad que queremos construir”. Un espacio, efectuado con el fin de profundizar en la reflexión académica y pastoral sobre la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas.

Durante la jornada, teólogas, agentes de pastoral y líderesas comunitarias abordaron los ejes centrales del documento pontificio, poniendo al centro del debate, la preservación de la dignidad humana, la justicia social y el impacto de las tecnologías en la sociedad global.

El conversatorio se inició con un momento de oración que invocó la luz de Dios para “edificar una ciudad centrada en el bien común” y abogando por su ayuda para “aceptar los límites de la humanidad sin considerarlos un error por corregir”. Un espacio dedicado a la espiritualidad que planteó la necesidad de construir una sociedad inclusiva donde la persona no quede supeditada a la eficiencia tecnológica o el descarte social.

Cambios profundos

Así la reflexión central estuvo a cargo de Rocío Riveros, teóloga e investigadora argentina, quien describió la estructura y el trasfondo histórico del documento pontificio.

Riveros destacó el simbolismo de la fecha de promulgación de la encíclica, el 15 de mayo de 2026 y el aniversario de los 135 años de la Rerum Novarum de León XIII; resaltando que la Iglesia vuelve a intervenir ante al cambio profundo de las estructuras productivas y comunicacionales.

Para la especialista, Magnifica Humanitas no debe interpretarse como un tratado técnico sobre la inteligencia artificial, sino como una llamada de atención antropológica, por lo que subrayó que la inquietud del Papa radica en “cómo mantener nuestra humanidad en medio de esta era donde predomina la inteligencia artificial y los avances tecnológicos”. En ese sentido, la ponente advirtió sobre la ilusión de una autonomía absoluta impulsada por lo que insiste son paradigmas tecnocráticos o corrientes transhumanistas.

“La humanidad nunca se había encontrado con un poder tecnológico que simule de alguna manera a la humanidad. La pregunta ya no es si algo es técnicamente posible, ahora se trata de preguntarse si esto que se está produciendo es bueno para la persona, si contribuye al bien común, respeta la dignidad o favorece las relaciones más justas”.

Frente a la tentación de edificar una “nueva torre de Babel”, metáfora que utiliza el texto para hablar de la autosuficiencia humana y la fragmentación social, Riveros aseguró que el documento invita a reconstruir “los muros de Jerusalén”, un proceso comunitario fundado en la corresponsabilidad y el cuidado mutuo.

Mujeres en el sínodo de la sinodalidad | Archivo particular

La voz de las mujeres

Sobre este punto, la teóloga enfatizó en la valoración de la fragilidad y el carácter finito de la condición humana: "El límite no es un defecto que tenemos que eliminar. La fragilidad también puede ser un lugar de relación, de cuidado, de apertura al otro. El ser humano no florece a pesar de sus límites, sino que muchas veces florece a través de esos límites", indicó.

En un segundo momento del conversatorio, se analizaron las implicaciones prácticas que este contexto suponen para la vida de la Iglesia y la sociedad, profundizando en cuatro conceptos: dignidad, género, memoria y trabajo. Respecto a la igualdad y los derechos, Riveros recordó la advertencia de la encíclica al señalar que “no alcanza con decir que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos, es necesario que esa igualdad se traduzca en decisiones concretas”.

Una exigencia que interpela directamente a las instituciones para superar la brecha entre el discurso y las prácticas habituales, es decir, abrir espacios reales de escucha, liderazgo y toma de decisiones. Igualmente, la expositora resaltó que el documento asume el principio de la justicia social, incorporando la categoría de la reparación frente a las discriminaciones que suelen normalizarse en los grupos humanos.

Justicia reparadora

“La justicia no es solamente corregir esta injusticia presente, sino recomponer los vínculos, reintegrar a quienes han sido excluidos, sanar memorias colectivas, combatir las prácticas discriminatorias y restituir la dignidad y la voz de quienes han sido ignorados”, explicó. Al mismo tiempo cuestionó sobre las voces que deben ser reconocidas y restituidas en la actualidad.

Finalmente, Riveros abordó el impacto que puede tener la digitalización en el mundo del trabajo. Al respecto, dijo que, "en el mundo de la IA, nada es inmaterial o mágico, porque detrás de cada respuesta en apariencia inmediata, hay personas, recursos y energía”, como aparece en el numeral 173 de la encíclica.

Riveros concluyó su intervención haciendo visibles las precarias condiciones laborales que afectan a miles de jóvenes y mujeres, en lo que se denomina la “maquila de datos”, así como los riesgos de explotación e inseguridad que pueden presentarse en el entorno cibernético, por lo que reiteró su llamado a edificar una “civilización del amor” fundamentada en la solidaridad y la justicia. Una causa propia de la red de las mujeres en sinodalidad.

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