Entre los relatos evangélicos, sin duda el milagro de las bodas de Caná es uno de los más leídos, estudiados, meditados.
De repente me llamaron la atención los protagonistas de estas bodas. Metidos en su fiesta, protagonistas de su celebración, rodeados de invitados, familiares, amigos,
no consiguen ver cuanto ocurre a su alrededor. Se acaba el vino y este hecho en una fiesta es un descuido grave que puede marcar significativamente el presente y el porvenir de la familia. Pero alguien capta la situación, y halla el mejor medio para solucionar el percance. Este acontecimiento me llevó a analizar varias reacciones:
¿Qué hago para no perder de vista la realidad que me envuelve?, ¿dónde está mi oración para pedir que a nadie le falte el “vino” del banquete?
Cuando alguien cercano me ayuda, me brinda su apoyo, acudiendo en mi ayuda, ¿dónde está mi oración para que a esta persona el Señor le recompense siempre con su gracia?
Cuando puedo seguir en mi celebración porque otro ha hecho posible que a nadie le falte nada, ¿dónde está mi oración de acción de gracias?
Cuando otros son los protagonistas de la fiesta, ¿dónde está mi oración para que el Señor me de su luz para intentar evitarles los tropiezos?Cuando puedo ayudar a los demás, ¿dónde está mi oración para que esta ayuda sea eficaz y efectiva?. Texto: Hna. Carmen Solé.