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Levantemos la cabeza
El salmo 65 es un salmo de acción de gracias en el cual el autor del mismo invita a toda la asamblea y también invita a toda la creación a entonar cantos a Dios: “Aclamad al Señor, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: Qué temibles son tus obras, por tu inmenso poder tus enemigos te adulan” (v 2-3). Esto de adular no va con el Señor que conoce nuestros más profundos pensamientos.
Seguidamente pasa a pedir que se postre en honor del Señor toda la tierra, que toquen para él, e invita a los asistentes a ponderar las obras de Dios y los grandes favores que ha hecho a favor de los hombres: “Que se postre ante ti la tierra entera” (v 4).
El salmista alaba a Yahvé dueño de la vida y la muerte, Él ha devuelto la vida a su pueblo y no ha permitido que sucumbieran sus pies en el camino: “No permitió que tropezaran nuestros pies” (v 9).
Los crueles enemigos los empujaban a caer en la trampa, los consideraban animales de carga pero al fin de todas estas tragedias el Señor los libró. “Sobre nuestro cuello cabalgaban, pasamos por fuego y por agua, pero nos has dado respiro” (v 12).
La parte final del salmo encierra una acción de gracias por la ayuda recibida: “Entraré en tu casa con victimas para cumplimentar mis votos; los que pronunciaron mis labios y prometió mi boca en el peligro” (v 14). Y termina con una alabanza al Señor: “Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi súplica, ni me retiró su favor” (v 20). Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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