María es ascendida al cielo

Mi vocación: Sor Gemma Morató
13 ago 2015 - 18:16
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Por gracia, María no conoció el pecado por este motivo cuando llegó el momento de su paso de esta vida a la gloria celestial fue ascendida al cielo en cuerpo y alma. Está junto a su Hijo pero no para olvidarse de los que estamos en “este valle de lágrimas”, como rezamos en la oración que compuso San Bernardo. No, ella está siempre mirando a los hijos que su Hijo le legó al pie de la cruz: “Cuando Jesús vio a su madre y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Desde entonces, aquel discípulo la recibió en su casa” (Jn 19, 26-27). En esta casa a mí me gusta ver a todos los habitantes de la tierra.

Por esta razón me gusta mirar la imagen de María que tenemos en nuestra capilla: Ella desde arriba mira hacia abajo, mira a sus hijos que andamos por esta vida con momentos duros, como dice la misma oración de San Bernardo: “los desterrados hijos de Eva”. También en los momentos de gozo. Ella es feliz como cantó en el Magníficat: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” y quiere que nosotros seamos felices y cuando en la vida aparecen la amargura, el dolor, el sufrimiento, ella es medicina que suaviza las heridas que nos infligen las situaciones de dificultad porque es madre de misericordia.

María nos invita a imitarla, a interceder por la humanidad que sufre; ella que siempre estuvo atenta a las necesidades de los hombres y con qué elegancia supo interceder ante su Hijo por los novios que se encontraron en apuros: “No tienen vino” y empujó a Jesús a hacer el primer milagro en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11). Texto: Hna. María Nuria Gaza.

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