Adviento...
Levantemos la cabeza
Mateo, llamado también Levi en los Evangelios, es invitado por Jesús a seguirle y él responde con prontitud a su invitación, una invitación que transforma completamente su vida (Lc 5,27-31).
Seguidamente este cobrador de impuestos quiere celebrar la elección de Jesús con un gran banquete en el cual invita a todos sus amigos. Es curiosa la actitud de este hombre que quiere festejar la llamada del Señor sin tener en cuenta si sus amigos van a comulgar o no con la idea de abandonar la mesa de impuestos y seguir a aquel que se rodea de un grupo de hombres sin instrucción.
Hablar de mis experiencias espirituales con los que comulgan con mis ideas es fácil pero compartirlas con los que no tienen la misma experiencia, ni que sean amigos, es más peliagudo. Sin embargo este es el propósito de Mateo que quiere presentar a sus compañeros al que lo acaba de elegir y hacerles partícipes de su cambio radical de vida y de la inmensa alegría que le invade. El evangelio no nos narra como salieron de aquel convite los invitados. ¿Al ver y escuchar a Jesús, se les revolvió algo en su interior, pensaron que su amigo había perdido la cabeza? En todo caso pienso que tendríamos que ser todos un poco como este apóstol y ser capaces de comunicar nuestra experiencia de Dios con a nuestras amistades. ¿Quién sabe si ello sería la puerta por la cual podría entrar el Señor? Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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