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La pesca milagrosa, Juan 21,1-25
El evangelio de San Juan sitúa esta segunda pesca milagrosa después de la resurrección de Jesús. Lo enmarca en Galilea, allí donde Jesús dijo que lo verían. Parece que los apóstoles no estaban muy seguros de verlo pues Pedro se decide a ir a pescar. “Me voy a pescar” los otros contestaron: “Nosotros también vamos contigo”. Esto demuestra que no tenían muchas esperanzas de verlo porque de lo contrario estarían dispuestos a esperar su llegada. Fueron pues, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer se aparece Jesús en la orilla y les pregunta: “Muchachos, ¿habéis pescado algo?” Respondieron: “Nada”. Les dice Jesús: “Echad la red a la derecha de la barca y pescareis”. Y pescaron una gran cantidad de peces grandes, ¡ciento cincuenta y tres! Y es Pedro el que arrastra la red hasta la orilla. Y la red a pesar de la gran cantidad de peces no se rompe.
¿Por qué es Pedro que arrastra la red? ¿No será porque Pedro es el primero entre los apóstoles, el que tiene que dirigir la barca de la Iglesia?, y ¿por qué ciento cincuenta y tres peces? Pues sencillamente porque van a ser numerosos los que acojan la Buena Nueva de Jesús de toda raza, como nos narran las Actas de los Apóstoles. Y la red no se rompió. Pues porque los que nos acogemos bajo la luz del Evangelio, no corremos peligro de extraviarnos. Podemos vivir momentos difíciles, pero Él no nos abandona. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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