Adviento...
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Con que amor no debió envolver María el cuerpo frágil de su hijo Jesús al nacer. Mi abuela no soportaba que presentaran al Niño Jesús semidesnudo, decía que la Virgen era una mujer cuidadosa y prevenida. Y seguro que al partir de Nazaret preparó todo lo necesario por si acontecía el nacimiento durante el empadronamiento en Belén.
Pero al estar Jesús condenado a muerte nada pudo hacer para cubrir el cuerpo desnudo de su Hijo condenado a morir en cruz. Seguro que fue un dolor añadido a tanto dolor. Sólo cuando lo descendieron de la cruz, un hombre piadoso, José de Arimatea, después de haber conseguido el cuerpo de Jesús lo envolvió en un lienzo de lino y lo colocó con la ayuda de Nicodemo en una tumba, propiedad suya, en la que no había sido enterrado nadie.
Estos dos hombres discípulos de Jesús, pero en secreto, son los que se atreven a dar la cara cuando los apóstoles, excepto Juan, muertos de miedo han desaparecido de la escena. María, su madre, de gran sensibilidad debió agradecer profundamente el gesto de estos dos discípulos, los únicos que rinden homenaje al cuerpo inerte del Maestro. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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