Yo te envío
Aceptar esta misión, por nuestra parte, no es siempre fácil. Esto lo vemos en muchos personajes bíblicos:
Yahvé dice a Moisés en el Horeb: “Ve yo te envío a Faraón para sacar de Egipto a los hebreos”. Ante una tal hazaña Moisés encuentra una cantidad de excusas: “¿Quien soy yo para ir a Faraón y sacar a los israelitas de Egipto? No soy hombre de palabra fácil, soy torpe de lengua…”. Excusas para escudarse de lo que le parecía una difícil misión (Ex 3-4).
A Gedeón se le aparece el ángel del Señor para decirle que él salvará a su pueblo de la opresión. Este pobre no hace otra cosa que poner una serie de inconvenientes a lo le piden: “Mi clan es el más pobre de Manasés, yo soy el último en la casa de mi padre”(Jc 6).
Jeremías respondió: “¡Ah Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que no soy más que un muchacho" (Jr 1).
Ante nuestra cobardía como en la de los personajes citados, Dios insiste. Hace crecer un Pepito grillo en nuestro interior que no nos deja tranquilos, y que al fin, si tenemos un mínimo de buena fe, nos hace exclamar como al profeta Isaías: “Envíame Señor”.
Dios Padre se sirve de nosotros para hacer el bien. Si nos negamos a su petición, los que tenían que beneficiarse de nuestro envío se verán privados de lo que él quería hacer en su favor. ¿Hemos pensado alguna vez que habría sido de los israelitas si Moisés se hubiera echado atrás en la misión que le pedía Yahvé, si María de Nazaret no hubiese dicho: “hágase”, si Jesús no hubiera exclamado: “Padre que se haga tu voluntad y no la mía”?
No digamos tampoco que a nosotros Dios no nos ha pedido nada. Nuestra misión puede parecernos insignificante pero para el Señor nada es pequeño o grande lo importante es cumplir lo que nos pide. Texto: Hna. María Nuria Gaza.