Adviento...
Levantemos la cabeza
Para nuestra vista no siempre la luz es agradable. El sol nos molesta, su esplendor es demasiado fuerte para nuestros ojos y los cerramos pero parece como si ese esplendor continuara como si aún tuviéramos la mirada fija en el foco de luz.
Tampoco nos convienen las tinieblas, cuando la oscuridad esconde cuanto nos rodea nos convertimos en torpes y desvalidos y nos resulta difícil distinguir entre las sombras aun aquello que nos es más conocido.
Amamos la luz, a lo largo de las horas vamos contemplando con los cambios de su intensidad la hermosura distinta del paisaje, los rostros, las cosas. También la luz nos permite ver los fallos, las deficiencias, aquello que se debe corregir.
Ver es como paralelo a corregir. Nunca nos gusta completamente todo lo que vemos. Poder cambiar aquello que quizás con nuestro mal obrar hemos estropeado sería un buen regalo del cielo. Pero como no somos perfectos, nunca podríamos dar por terminada nuestra obra, siempre quedaría algo para modificar.
Ver en todos los sentidos que tiene esa palabra es una responsabilidad de la que no podemos escapar si queremos poder vivir con la conciencia tranquila porque hemos intentado llevar adelante las buenas obras que el Señor preparó de antemano para que realizásemos en beneficio de los demás. Texto: Hna. Carmen Solé.
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