Adviento...
Levantemos la cabeza
Jesús viene al mundo en la más profunda humildad. ¡Sin más calefacción que la del buey y la mula! En un portal abierto en el que es fácil entrar y salir, no hay que llamar a la puerta para entrar. Allí no había puertas que se cerraban al pedir alojamiento.
Seguro que San José adecentó lo mejor posible la estancia para dar acogida al hijo de María. Y en medio del silencio de la noche vino Dios al mundo hecho un niño que llora, que tiene frío. María como mujer previsora y hacendosa tenía preparado todo lo necesario para el recién nacido. Los pastores acuden a ver lo que les ha contado el ángel: “Encontrareis al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre” (Lu 2,12).
¿Y este niño es un rey? Los reyes nacen en palacios no en un establo. Los sencillos y los humildes saben reconocer lo que han oído y visto. Ante la cercanía de Navidad, ¿Cómo preparo yo mi estancia interior para recibir al Dios encarnado? Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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