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Del trabajo de tus manos

Mi vocación: Sor Gemma Morató
05 may 2008 - 19:07

Desde los inicios de la creación, la Biblia nos habla del trabajo: “Henchid la tierra y sometedla” (Gen. 1,28) y en el capítulo siguiente de este libro leemos: “Dios colocó al hombre en el jardín de Edén para que lo labrase y lo cuidase” (Gen. 1, 15). Así que no podemos mirar el trabajo como un castigo ya que este precepto fue dado a Adán antes de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Después de haber comido del fruto prohibido lo que aconteció es que el cultivo de la tierra acarrearía al ser humano sinsabores. “Con el sudor de tu frente comerás el pan” (Gen. 3,19).

El trabajo no es una carga, al contrario es una contribución a la obra creadora de Dios. Una forma de reconocer los dones que ha dado al ser humano capaz de transformar las riquezas que encierra la “madre tierra”, como la llaman los indígenas americanos. ¡De cuantas cosas no es capaz el hombre gracias al esfuerzo de su trabajo!

Marie Poussepin, nuestra fundadora, nacida en el siglo XVII, de una familia de artesanos, en una pequeña ciudad francesa, creció entre tejedores de medias a mano y de los comerciantes que iban a negociar con su padre.

Vivió y creció en un ambiente de trabajo. Vio como los aprendices de su casa, después de unos años de trabajar en la industria familiar, podían establecerse por su cuenta y labrarse un futuro. Con su ingenio introdujo en Dourdan, su ciudad natal, los primeros telares importados de Inglaterra y se desarrolló la industria de medias tejidas a máquina. Todavía hoy en la región se reconoce a Marie Poussepin como la iniciadora del desarrollo de la ciudad. Y en el momento de su beatificación se la reconoció como una promotora social por el trabajo ya que estimulaba a los aprendices al amor al trabajo y les concedía primas por los pares de medias que producían de más.

Esta inclinación al amor al trabajo la plasmó más tarde al fundar su congregación; recomienda a sus hermanas el trabajo como un medio de ganarse la vida honradamente y es por un trabajo tenaz que ellas pueden contribuir a una cantidad de obras de misericordia y socorrer a los pobres. Dice en sus reglamentos:

“Si una hermana está falta de salud tiene una excusa suficiente para estar eximida del trabajo pero que teniendo buena salud deshonra por así decirlo su salud con su inutilidad. Los perezosos son odiosos a todo el mundo, puesto que violan la ley de Dios, arrebatan el alimento que no es debido sino a los que trabajan”.

Y cita la frase de San Pablo: "el que no trabaje que no coma”.

Cuando leo este pasaje de nuestras primeras Reglas, me viene en mente la bella frase del salmo 128: “Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien”. Sí, poder trabajar es un regalo que agradezco a Dios y me proporciona una gran satisfacción y claro está también esfuerzo. Con los años ya no puedo realizar muchos trabajos como antes pero todavía puedo realizar muchos pequeños servicios y con ellos pienso que soy útil a mis hermanas de comunidad y puedo también contribuir a socorrer a quienes necesitan de mi pequeña colaboración. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

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