Adviento...
Levantemos la cabeza
Todos tenemos presente la historia de los dos hijos de Isaac: Esaú y Jacob. Cuando Jacob recibió la bendición de su padre su hermano se puso furioso y Jacob tuvo miedo de que Esaú lo matara. Así que huyó hacía Harán, a casa de su tío Labán. Jacob se enamoró de Raquel, la hija menor de Labán y por ella trabajó siete años. Al término de lo establecido, Jacob reclamó a su tío que le diera a Raquel como esposa. Pero Labán en vez de Raquel le dio a Lía, la hija mayor. Al día siguiente Jacob se dio cuenta del engaño y dijo a su tío cómo le había hecho una tal cosa. A lo que el padre de las mujeres dijo que primero era costumbre dar la hija mayor en matrimonio. Que si quería la menor se la daría a condición de que trabajara otros siete años por ella. Jacob accedió a la propuesta por el gran amor que sentía por Raquel.
De tal modo que el mentiroso fue traicionado por uno más tramposo que él. Moraleja: ir siempre con la verdad. Ya dice el refrán que se pilla más rápido un mentiroso que un cojo. Texto: Hna. María Nuria Gaza
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