Carta a Rocío Monasterio José I. González Faus: "Yo intento ser cristiano con toda mi alma. Pero debo decirle que nunca votaré a Vox"

Rocío Monasterio
Rocío Monasterio

"Y, aunque suelo votar en blanco (salvo en algún caso concreto en que me pareció que había un 'mal menor necesario'), lo que está más cerca de mis principios cristianos podría ser el programa de Podemos"

"Ese modo de sortear la respuesta ¿no lleva a sospechar que no está usted de acuerdo con el actual obispo de Roma? ¿Por qué razones?"

"La vida me ha enseñado que cuando en la historia aparece algo que me resulta negativo o amenazador (caso de Vox para mí), más que criticarlo, es mejor preguntarse por qué ha nacido"

"Ojalá que desde 'Eso' que nos une y que es mucho más que lo que nos separa, consigamos los dos dar un testimonio de fraternidad y de escucha mutua"

Buenos días hermana: He leído una entrevista con Ud. en la sección “Culturas” de la revista católica Vida Nueva (15-21 de junio pasado). Aplaudo la amplitud de miras de la revista que ha entrevistado en esa sección a bastantes personas no creyentes y no rehúye hacerlo a alguien del denostado Vox. Una actitud así sería muy difícil encontrarla hoy en un medio de comunicación no cristiano. Pero, como allí se profesa Usted creyente, y yo también me considero cristiano, he pensado que podría ser ocasión para un encuentro entre nosotros. Precisamente porque creo que estamos muy lejos.

Yo intento ser cristiano con toda mi alma. Pero debo decirle que nunca votaré a Vox. Y, aunque suelo votar en blanco (salvo en algún caso concreto en que me pareció que había un “mal menor necesario”), lo que está más cerca de mis principios cristianos podría ser el programa de Podemos. Más cerca no quiere decir que me identifique del todo; quizá hubiera sido mejor decir “menos lejos”. Y añadir que luego, conductas y actitudes personales me han decepcionado tanto como me atraían programas de partido. Pero medidas como la derogación de la anticristiana ley de reforma laboral y de la llamada “ley mordaza”, o la prohibición legal del “robo” de los alquileres, me parecen del todo conformes con la voluntad de Dios. Mucho más que otras sobre las que también podemos dialogar.

Tras esta presentación es momento de comenzar a hablar.

1.- Francisco.

El porqué de la distancia entre nosotros creo verlo escondido en la extraña respuesta que Ud. da cuando le preguntan por el papa actual. Es una pregunta que, en esa sección de la revista citada, se hace a todos los entrevistados. Muchos, que se profesan no creyentes, han manifestado allí un respeto grande o aplausos por su modo de actuar. Ud. rehúye claramente pronunciarse sobre él, limitándose a decir: “en lo que verdaderamente creo es en la Iglesia que formamos todos los católicos”. De Francisco “ni mu”.

¿Por qué, Rocío? Ese modo de sortear la respuesta ¿no lleva a sospechar que no está usted de acuerdo con el actual obispo de Roma? ¿Por qué razones?

En esa iglesia que” formamos todos los católicos” no están solo los católicos que haya en Vox: están también los que votan a partidos de izquierda y militan en ellos (incluso siendo a veces mal tratados en ellos, solo por ser cristianos). Eso plantea un problema interesante sobre la identidad cristiana. Y en esta carta quisiera aportar algunos elementos de respuesta, que ojalá sirvan para un estudio y un diálogo más amplio.

2.- Identidad cristiana

Que todos los creyentes somos Iglesia es una gran verdad. Pero hay otra verdad anterior, aún más importante. Y es que todos los seres humanos somos hijos de Dios y estamos hermanados en Jesucristo nuestro primogénito.

Hijos de Dios y hermanos nuestros son, por tanto, todos los inmigrantes que llaman a nuestras puertas y a los que queremos echar de nuestro lado; también lo son todos aquellos a quienes pagamos un salario radicalmente injusto; como lo son las 800.000 muchachas engañadas con la promesa de un trabajo y convertidas luego en esclavas sexuales y prostitutas, sin documentación ni posibilidad de huida, con unos niveles de desesperación y de sufrimiento que hielan el alma y sin que a ningún partido se le ocurra preocuparse por ellas.

Hijos de Dios y hermanos nuestros eran el niño Ayland y el salvadoreño Oscar Martínez con Valeria su hijita, cuyas fotos deberían quedar colgadas en todas nuestras iglesias y en todos nuestros parlamentos y ayuntamientos, para que luego de verlas no las olvidemos y pasemos a mirar otra fotos “más bonitas” de alta costura o de trajes de boda.

Recuerda, hermana Rocío, que cuando en el evangelio se habla de la suerte definitiva del ser humano, lo único que cuenta es: “tuve hambre y me disteis de comer, sed y me disteis de beber, frio y me vestisteis, estuve enfermo y me ayudasteis a sanar…” (Mt 25, 31ss). Todo cosas bien materiales por cierto. Pero ya dijo un gran cristiano ruso que si el pan para mí es un problema material, el pan para mi hermano es un problema espiritual. Porque resulta que, al obrar así, “a Mí me lo hicisteis” tanto si lo sabíais como si no. Y resulta también que quienes esgrimen otros méritos (“predicaste en nuestras plazas” etc.) reciben como respuesta: “apartaos de mí los que practicabais la iniquidad” (Lc 13, 26-27).

Jesús añade: “trata a los demás como te gustaría ser tratado por ellos” (Mt 7,12) superando así, en positivo, la máxima del rabino de su época Hillel: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Esto nos obliga a preguntarnos cada día: si yo fuera el emigrante que llama a mi puerta, el trabajador que va de precario en precario, ¿cómo me gustaría que me trataran? Pues eso es exactamente lo que yo debo hacer con ellos.

Y bien: esto es lo que está tratando de inculcarnos el papa Francisco y por eso no podemos rehuir la respuesta a la pregunta por él. Y este es un primer punto en el que todos deberíamos coincidir. Si no, algo serio falla en nuestro pretendido cristianismo. Luego habrá otros puntos donde seguir dialogando.

3.- Feminismo

Yo también “critico el feminismo radical y supremacista”. Y soy (como dices ser tú) admirador de Concepción Arenal. Pero quedan otras preguntas: ¿son así todos los feminismos actuales? ¿Basta con alabar a la Concepción Arenal del pasado, sin preguntarse qué es lo que haría hoy? ¿No hay nada que decir sobre las diferencias de sueldos entre ellos y ellas?  ¿Estás de acuerdo con lo que (ya en 1963) dijo Juan XXIII sobre la mujer, en la Pacem in terris? (su promoción es un signo de los tiempos, más igualdad de derechos y entrada en la vida pública: nºs 15.41).

Personalmente, cuando leo en el Nuevo Testamento que “en Cristo Jesús no hay varón y mujer ni señor y esclavo” (Gal 3, 28), siento que nuestra sociedad necesita ser profundamente cambiada: porque sigue habiendo en ella mucho varón y mujer y mucho señor y esclavo.

Comparto también que el asunto de la violencia sexual (mal llamada “de género” en mi opinión) requiere “atajar desde la educación cualquier rastro de trato discriminatorio hacia la mujer” y que a nadie “por el hecho de ser varón podemos tildarlo ya de machista o de violento”. De acuerdo; y gracias por la parte que me toca. Pero ¿significa eso que el que cada semana (como mínimo) muera una mujer a manos de un varón, debe ser equiparado totalmente y tratado en paridad con el otro dato de que alguna vez una mujer asesina a un hombre? Cuando en un país se declara una epidemia ¿crees sinceramente que debe ser tratada igual que todas las demás enfermedades? Yo creo que no,

4.- Y más…

También me parece digna de atención tu frase “no podemos permitir que seamos desiguales según la comunidad autónoma en que hayamos nacido”. De acuerdo: lo ocurrido hace poco con la “selectividad”, obliga a pensar en eso. Y estoy dispuesto a preguntarme si algo serio ha fallado en la España de las autonomías: algo que podría ser el que, en lugar de construir la unidad desde abajo y entre ellas (en vez de una unidad impuesta desde arriba), cada comunidad se ha dedicado solo a ella misma: unas por sentimiento de superioridad y otras por sentirse maltratadas. Y no sé si estamos más cerca de unos “reinos de taifas” que de una España de las autonomías.

Pero debo terminar: la vida me ha enseñado que cuando en la historia aparece algo que me resulta negativo o amenazador (caso de Vox para mí), más que criticarlo, es mejor preguntarse por qué ha nacido. El obispo Helder Camara me ensenó aquello de que, si en vez de anatematizar tanto al comunismo, nos hubiéramos preguntado por qué había nacido el comunismo, nos habría ido mucho mejor.

Pues bien: cuando me pregunto eso respecto de Vox, encuentro alguna culpa de su aparición en nuestras izquierdas. En esta sociedad que Z. Bauman calificó con acierto como sociedad “líquida”, las izquierdas han sido también “izquierdas líquidas”. Otro día, si tengo tiempo, intentaré poner un ejemplo de eso. En un contexto así, la presencia de Vox puede significar algo así como la aparición de algo “sólido”. Pero ojo: ¡No confundamos solidez con intolerancia! Una de las cosas más admirables de ese Jesús de Nazaret a quien ambos intentamos seguir es la maravillosa conjunción de su clara solidez personal, con una elasticidad capaz de hacerse todo a todos.

Ojalá sepamos imitarle aquí. Sería la única manera de hacer eso que el pueblo parece haber mandado y los políticos se niegan a hacer: dialogar, dialogar, dialogar. Pero dialogar para ver no qué rédito saco yo de ese diálogo, sino qué servicio necesita el país.

Nada más hermana: ojalá que desde “Eso” que nos une y que es mucho más que lo que nos separa, consigamos los dos dar un testimonio de fraternidad y de escucha mutua. Un abrazo.

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