"Lo de ilegalizar a Bildu parece reflejar más una sed de venganza que un hambre de justicia" Carta a Santiago Abascal: "Reaccionar mal ante el mal es ponernos a su altura y perder la razón que teníamos"

Abascal, la pasada semana, en el CEU
Abascal, la pasada semana, en el CEU

"Desde la mayor cercanía humana y fraterna, y desde la mayor distancia política"

"Hay que sentarse a hablar de los problemas objetivos que acosan a los ciudadanos y no de los sentimientos subjetivos que tienen los políticos"

"Yo tampoco quiero ilegalizarle a usted (como piden otros) aunque sea de extrema derecha"

Hermano Santiago:

Quisiera escribirle con el máximo respeto porque, según tengo entendido, su padre fue víctima de la barbarie etarra. Quisiera también saber juntar ese profundo respeto con una disidencia clara. Perdóneme si en algún momento no lo consigo. Pero sepamos ambos que si estamos muy distantes es una oportunidad para tener los brazos más largos: con lo cual será posible abrazar a muchos más.

El motivo de mi disensión es la propuesta suya y de Vox de ilegalizar a Bildu. Escribí otra vez que me parece de poca altura moral el que Bildu no haya sido capaz de pedir un perdón público por tantos crímenes etarras injustificables. Un mero lamento por lo que “no debió haber sucedido”, ya fue algo pero no es suficiente. Ni aunque, por otro lado, haya que agradecer a Bildu el papel jugado para convencer a ETA que dejara el terrorismo para pasar a la política.

Vox sobre los menas
Vox sobre los menas

Mientras escribo esta carta me llega la noticia de que los 7 exetarras con delito de sangre que estaban en sus listas electorales, renuncian a ser concejales. Es un gesto plausible, pero vamos a prescindir ahora de él. Por otro lado, dentro de esos movimientos suele haber muchas divisiones secretas (como las había ya en ETA cuando Pertur reclamaba pasar de la guerra a la política y ETA asesinaba a su exmilitante Yoyes de la manera más increíble y más inhumana). Pero lo que en esta carta quisiera comentar no es eso ni la supuesta falta de altura moral de Bildu, sino la reacción de Vox ante ella. ¿Vamos a ello?

1. Reaccionar mal ante el mal es ponernos a su altura y perder la razón que teníamos: si miras nuestra historia pasada, la inquisición española tiene hoy (con razón) mucha peor fama que los condenados por ella, aunque algunos eran de una calaña moral bastante lamentable. Quisiera que este sea nuestro primer principio.

Y bien: la decisión de Bildu de incluir 43 exetarras en sus listas es perfectamente legal: todos han pagado sus culpas, están libres de cargos en estos momentos y tienen pleno derecho a presentarse a unas elecciones. Eso es lo que antaño les pedíamos con insistencia: dejad las metralletas y pasad a los escaños. Echarles ahora de ahí es como invitarles a volver a tomar las parabellum. Aquellos a quienes su presencia en el Parlamento pueda molestar, deben pensar que la democracia consiste precisamente en soportar ese tipo de molestias: porque la democracia no es un club de amigos sino una convivencia igualitaria entre adversarios.

Tampoco veo que esa decisión de Bildu sea un argumento para atacar a Sánchez como “cómplice” a ver si así le echamos del gobierno. No es eso lo que ahora está en juego y no me consta que haya ningún pacto secreto entre el presidente del gobierno y Bildu, porque esos pactos solo pueden hacerse cuando ya conocemos el resultado de las elecciones y sabemos cuántos votos nos faltan. Y además, porque estas elecciones no son generales sino locales. Pero si existe ese pacto y Vox puede demostrarlo, estáis obligados a presentarlo públicamente: pues los ciudadanos tenemos derecho a una información de ese calibre.

Otegui

El hecho de que, durante esta legislatura Bildu haya votado muchas veces como el gobierno, no se explica por ningún pacto secreto sino porque en cuestiones sociales tienen una sensibilidad más cercana a la izquierda que a las derechas. Pude entender mejor esa protesta de Vox cuando la ley de “memoria histórica” porque, aunque no la conozco, algunas declaraciones me inspiraban el temor de que fuera una ley no de memoria sino “de victoria” histórica. Pero ahora ya no estamos ante esa ley, sino ante elecciones para ayuntamientos y comunidades, el próximo día 28.

2. El segundo principio es que nadie debe acusar de aquello de lo que también él podría ser acusado. Eso no va directamente contra usted sino contra esa actitud típica de las derechas hispanas de que algo es bueno cuando lo hacemos nosotros y malo cuando lo hacen los otros. Estos días los medios de comunicación están recordando muchas conductas del PP referentes a ETA, cuando le tocó gobernar. Aznar habló tranquilamente de “haber autorizado contactos con el movimiento vasco de liberación”; acercó más de 400 presos de ETA a Euskadi (y otros tantos Rajoy) para facilitar las visitas de sus familiares, y eso en momentos en que la banda no había desaparecido como hoy, sino que salía a casi un asesinato por mes. También negoció con ETA (en Zúrich en 1999) y anunció que siempre tendría “una mano tendida y un espíritu abierto para consolidar las posibilidades de paz”. Todo esto me pareció entonces muy bien. Y lo que no puede ser es que una cosa sea buena cuando la hacen las derechas y malvada cuando la hacen las izquierdas.

3. El tercer principio al que quisiera apelar brota de mi fe cristiana que no sé bien si usted comparte. Los cristianos no somos los que tienen más derechos sino los que tienen más deberes; porque hemos recibido más y se nos exigirá más. Y un irrenunciable cristiano (diría que casi exclusivamente cristiano) es eso del perdón y el amor a los enemigos. Aunque yo no he sido tan maltratado como usted, entiendo la pregunta de cómo es posible eso a nuestra pobre pasta humana. Mi respuesta ha sido siempre que, si no es posible conseguirlo, al menos es posible intentarlo y orientarse en esa dirección. Si usted no ha visto la película Maixabel, véala por favor; y si ya la vio, vuelva a verla y medítela reposadamente.

Maixabel
Maixabel

Me preguntará usted entonces cómo se hace en política todo eso del perdón y el amor a los enemigos. ¡Buena pregunta! La respuesta creo que va por esta línea: buscando siempre el bien común por delante de todos los sentimientos personales. Y si a lo de cristiano le añadimos el adjetivo católico, que viene a significar “universal”, entonces lo del bien común pasa totalmente por delante de los sentimientos personales por respetables que sean.

Desde esta óptica del bien común quizá no sea posible que, por ejemplo, Vox y Bildu se sienten a hablar de culpas pasadas y de bondades personales. Pero sí debería ser posible que se pongan a hablar de qué hacemos con el agua y la sequía, qué hacemos con la España vaciada, con la falta de vivienda y con la escasez de mano de obra, etc., etc. Sobre este último punto permítame recordarle que ustedes han sido siempre muy contrarios a las migraciones, no sé si por aquello de ser (como el Peribáñez de Lope de Vega) de casta “limpia de sangre y jamás de hebrea o mora manchada”, o por alguna otra razón. Pero Sánchez ha tenido que ofrecerle a Biden aceptar un millar de pobres migrantes centroamericanos y no creo que haya sido por generosidad sino por nuestra falta de mano de obra.

Y si habría que sentarse a hablar de los problemas objetivos que acosan a los ciudadanos y no de los sentimientos subjetivos que tienen los políticos, entonces, mi querido señor Abascal, lo de ilegalizar a Bildu parece reflejar más una sed de venganza que un hambre de justicia. Y aquí sí que pediría yo muy intensamente, no solo a usted sino a todos los que están metidos en “la cosa pública” que mediten bien sobre esa distinción entre hambre de justicia y sed de venganza, que no es mía y sobre la que otras figuras eminentes han advertido ya muy seriamente.

Hora es de despedirnos. Solo decirle, para terminar, que yo tampoco quiero ilegalizarle a usted, como piden otros, por ser de extrema derecha. Quiero que usted y todos los humanos saquemos lo mejor de nosotros mismos y que la política no nos haga sacar lo peor.

Un saludo y un abrazo bien fraternos.

El discurso del odio de VOX
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