La crisis de C's y otras hierbas Ciudadanos: sin identidad

Ciudadanos: sin identidad
Ciudadanos: sin identidad

Ciudadanos ha sido un partido sin identidad política. Lo único que unía a sus militantes era la oposición a los independentistas catalanes. Pero eso solo no basta para dar una identidad política.

Algo muy similar les ocurre a los independentistas catalanes aunque ahí se note menos porque ellos están ya en el poder

La pregunta ya no es qué creemos que es lo mejor para este país, sino qué es lo que nos puede dar más votos...

Y mi pregunta es: ¿nadie pensará que Dios los ama a todos incondicionalmente, y está esperando que saquen todos lo mejor de sí mismos, porque eso es lo más sano para la sociedad y para cada uno?

Aunque las encuestas no sean de fiar, el pronóstico de que el 4 de mayo en Madrid, Ciudadanos no llegará al 5% y quedará fuera del parlamento, es otro dato que invita a una reflexión sobre ese partido que, hace aún poco tiempo, parecía tener cada vez más futuro.

1.- Las identidades desfiguradas.- No creo que haya que buscar la causa de esta debacle en personas concretas. Rivera lo hizo mal en mi opinión. Arrimadas lo ha hecho mejor pero no parece que vaya a evitar el naufragio. Y es que ese naufragio tiene una causa más honda: simplemente, Ciudadanos ha sido un partido sin identidad política. Lo único que unía a sus militantes era la oposición a los independentistas catalanes. Pero eso solo no basta para dar una identidad política. Y, de hecho, había entre esos ciudadanos gente socialdemócrata, liberales, muy de derechas… El mismo partido cambió su definición hasta el punto de que una vez ya les apliqué el viejo lema de Groucho Marx: “estos son mis principios; si no le gustan tengo otros”. [NB. en El Ciervo, septiembre 2019, con respuesta de José Mª Albert]

Rivera y Arrimadas

Quiero decir que el mero sentimiento patrio (grande o pequeño) no es suficiente para construir una identidad política: la vida social tiene otros mil campos mucho más urgentes e importantes que la bandera.

De hecho, algo muy similar les ocurre a los independentistas catalanes aunque ahí se note menos porque ellos están ya en el poder. Pero, por muy independentistas que sean la CUP y Junts, vale de ellos la inversión de un antiguo dicho: “es más lo que nos separa que lo que nos une”… Y la prueba estamos viéndola estos días tanto en la casi imposibilidad de formar gobierno como en la defenestración de Cuevillas (¡hombre de confianza de Puigdemont!), por cuestionar no el independentismo sino un camino ilegal hacia él, apelando al “seny” catalán. Junts va más allá de aquel pseudoizquierdismo de Alfonso Guerra: ya no es "el que se mueva" sino: el que abra la boca "no sale en la foto". Y se le castiga así en unos momentos históricos en que la libertad de expresión es casi lo más sagrado e intocable que tenemos.

(NB. Personalmente creo que, al final, los independentistas acabarán pactando el último día, aunque no porque se hayan puesto de acuerdo sino solo para no perder el poder. Queda por ver si, para ello, ERC tendrá que quitarse la E, y qué gobierno -o qué no-gobierno- tendremos después en esta Cataluña, políticamente paralítica desde hace unos años y donde la pobreza amenaza ya al 20% de la población).

Borras y Aragoneses

Antes a los paralíticos los llevaban a Lourdes. Hoy ese Lourdes podría ser aquel viejo chiste de Forges, en el que un señor llega a urgencias con grandes males de cabeza y le dicen: esto no se lo podemos tratar aquí; “para curarse del patriotismo acuda a una biblioteca”…

2.- Sus consecuencias.- Generalizando ahora, esta desfiguración de identidades hace que luego muchos políticos no actúen y hablen de acuerdo con unos principios e ideales, sino solo buscando ganar votos de otros. La pregunta entonces ya no es qué creemos que necesita este país (porque se parte del principio egótico de que lo bueno para este país es que gobierne yo…). La pregunta pasa a ser qué creemos que nos puede dar más votos.

Esto hace, por ejemplo, que un partido claramente de derechas (y de una derecha furibunda) se autodesigne como de centro-derecha, aunque tenga de centro tanto como yo de marciano. Pero parece que eso de llamarse “de centro” da votos. Y sin embargo, esa definición no define nada: porque hay un centro parcial que es “ni carne ni pescado”, y otro centro total (al que no sé si un día llegaremos) que es “mar y montaña”: un plato por cierto bien sabroso.

La derecha en Colón

En ese sentido cabría preguntar, para concluir, si una parte de los primeros sorprendentes votos a Vox no se debió, precisamente, a que no trata de enmascarar su identidad engañando al personal para ganar votos y luego dar gato por liebre diciendo que era una liebre de primera clase. Vox dice lo que piensa (aunque piense cosas bastante extrañas) y propone lo que cree que necesita el país. Paradójicamente, esto pudo darle votos de gentes que (aunque quizá no entiendan mucho de esas propuestas), al menos ven coherencia y votan por la coherencia en este carnaval de incoherencias que es una parte de la política de este país.

El problema es entonces que, cuando sus ideas van siendo mejor conocidas, Vox comienza a perder votos. Pero para remediar eso siempre habrá algunos imbéciles en Vallecas o en algún otro sitio que los agredan violentamente y, al convertirlos en víctimas, igual les ayudan a superar el 5% de votos el 4 de mayo.

Y mi pregunta es: ¿nadie pensará que Dios los ama a todos incondicionalmente, y está esperando que saquen todos lo mejor de sí mismos, porque eso es lo más sano para la sociedad y para cada uno? ¡Purtroppo magari!

Vox en Vallecas

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